Mal que bien o bien que mal y a pesar de que faltan algunos ajustes, terminó la tercera revisión del Tratado de Comercio Libre 1990-1993 con EU y las principales conclusiones están a la vista:
1.- El espíritu del comercio libre (que no libre comercio) del acuerdo Salinas de Gortari-Bush Sr. pasó a mejor vida, ya no existe, no va a existir y Estados Unidos regresó al control la hegemonía producción-comercialización por encima de la globalización.
2.- El acuerdo tuvo tres definiciones fundamentales: el Tratado de Comercio Libre basado en disminución arancelaria en ambos sentidos, el Tratado-México/EU/Canadá (T-MEC) y el actual T-MEC 2 (Tratado-Marcelo Ebrard Casaubón, por la feliz coincidencia de siglas).
3.- El Tratado original centró su factor clave en los ajustes arancelarios (o impuestos al comercio exterior, en importaciones y exportaciones entre los tres países), como forma de abaratar el tránsito de mercancías. Pero México perdió su planta industrial que había sobrevivido la sustitución de importaciones, porque la apertura sin aranceles destruyó cadenas productivas nacionales completas por la sencilla razón a nadie se le ocurrió (ni a Salinas, ni a Serra, ni a Zedillo) cumplir el compromiso del programa de modernización industrial de 1990.
4.- El Tratado trilateral fue en realidad un acuerdo comercial bilateral: México llegó a la aprobación del acuerdo en 1993 con el 83% de sus exportaciones a Estados Unidos y hoy tiene el 83% de sus exportaciones a Estados Unidos, aunque en valor multiplicado por diez.
5.- El tratado tuvo dos objetivos: primero, el productivo para reorganizar totalmente la planta industrial, agropecuaria, de servicios, científica y tecnológica para competir con EU con fábricas que se modernizarían con la competencia, pero el primer fracaso fue que no se dio la reconversión industrial para aprovechar lo poco que se tenía y paulatinamente México perdió participación nacional en los productos de exportación; y segundo, el geopolítico: construir una base productiva que aprovechara parte de la de Estados Unidos que asumir autonomía geopolítica y fronteriza para no quedarse como el pariente pobre que recibiría las migajas del pariente rico.
6.- Estados Unidos firmó el Tratado en la lógica –y aquí se insiste hasta que se la aprendan de memoria– basada en el enfoque geopolítico y de seguridad nacional del Memorándum Negroponte, un documento que urgió al Departamento de Estado en 1991 la firma del Tratado con México porque cumpliría dos sueños anhelados por EU como imperio: la subordinación de la vieja y cada vez más deteriorada diplomacia nacionalista de las exportaciones mexicanas y las reformas económicas nacionales neoliberales salinistas en México para poder ampliar exportaciones y que –lo escribió muy clarito Negroponte– consolidarían la dependencia de México respecto de EU. Los dos objetivos se han cumplido con el Tratado en tiempos del PRI, del PAN, del PRIAN y de la 4T.
7.- Al Tratado se le atravesó a la estrategia de Donald Trump 2.0 de su segunda presidencia basada en la recuperación de la hegemonía económica, geopolítica y de seguridad nacional que había debilitado la globalización económica por la dispersión de fábricas americanas en México y otras partes del mundo. Trump no ocultó su estrategia: desde el principio utilizó los aranceles como instrumento de poder, de castigo, de coerción y de imposición de decisiones de política general –lo mismo de comercio que de asuntos nacionales– a México.
8.- Aunque desde el principio se estableció como una demagogia vulgar y de la peor ralea, el presidente Salinas de Gortari se comprometió a convertir el Tratado en el instrumento de modernización productiva que resolvería tres gravísimos problemas que los modelos de desarrollo de Cárdenas a López Portillo habían profundizado: la incapacidad productiva para una competencia internacional con otras empresas, el rezago laboral porque los trabajadores formaban parte del ejército electoral de reserva del régimen priista y la desigualdad que el neoliberalismo 1982-1994 había llevado a una pobreza 80% de los mexicanos. Hoy, 32 años después, los tres problemas no sólo siguen vigentes sino que se han agravado, en tanto que las utilidades de las exportaciones sólo han beneficiado a los exportadores privados y la estructura de la desigualdad hoy es igual –que es decir: peor– que la de 1993.
Estos puntos bastan para señalar el fracaso de la negociación de Ebrard Casaubon, pero con las evidencias de que el secretario de Economía encabezó la negociación con EU sin definir un proyecto de reorganización industrial interna para aprovechar lo poco que le pudiera quedar del Tratado. Pero poco podía hacer y en los hechos poco o nada hizo Ebrard Casaubon con el Plan México en modo de Mecsicou Planning de la consultoría extranjera de Mariana Mazzucato como la verdadera secretaria de Economía del Gobierno mexicano.
Trump tendrá diez años para deshacer el Tratado en modo de EUEXIT como el BREXIT de Gran Bretaña en 2020.
-0-
Política para dummies: La política falla cuando la economía no ayuda.
carlosramirezh@
@carlosramirezh
El contenido de esta columna es responsabilidad exclusiva del columnista y no del periódico que la publica.
Mal que bien o bien que mal y a pesar de que faltan algunos ajustes, terminó la tercera revisión del Tratado de Comercio Libre 1990-1993 con EU y las principales conclusiones están a la vista:
1.- El espíritu del comercio libre (que no libre comercio) del acuerdo Salinas de Gortari-Bush Sr. pasó a mejor vida, ya no existe, no va a existir y Estados Unidos regresó al control la hegemonía producción-comercialización por encima de la globalización.
2.- El acuerdo tuvo tres definiciones fundamentales: el Tratado de Comercio Libre basado en disminución arancelaria en ambos sentidos, el Tratado-México/EU/Canadá (T-MEC) y el actual T-MEC 2 (Tratado-Marcelo Ebrard Casaubón, por la feliz coincidencia de siglas).
3.- El Tratado original centró su factor clave en los ajustes arancelarios (o impuestos al comercio exterior, en importaciones y exportaciones entre los tres países), como forma de abaratar el tránsito de mercancías. Pero México perdió su planta industrial que había sobrevivido la sustitución de importaciones, porque la apertura sin aranceles destruyó cadenas productivas nacionales completas por la sencilla razón a nadie se le ocurrió (ni a Salinas, ni a Serra, ni a Zedillo) cumplir el compromiso del programa de modernización industrial de 1990.
4.- El Tratado trilateral fue en realidad un acuerdo comercial bilateral: México llegó a la aprobación del acuerdo en 1993 con el 83% de sus exportaciones a Estados Unidos y hoy tiene el 83% de sus exportaciones a Estados Unidos, aunque en valor multiplicado por diez.
5.- El tratado tuvo dos objetivos: primero, el productivo para reorganizar totalmente la planta industrial, agropecuaria, de servicios, científica y tecnológica para competir con EU con fábricas que se modernizarían con la competencia, pero el primer fracaso fue que no se dio la reconversión industrial para aprovechar lo poco que se tenía y paulatinamente México perdió participación nacional en los productos de exportación; y segundo, el geopolítico: construir una base productiva que aprovechara parte de la de Estados Unidos que asumir autonomía geopolítica y fronteriza para no quedarse como el pariente pobre que recibiría las migajas del pariente rico.
6.- Estados Unidos firmó el Tratado en la lógica –y aquí se insiste hasta que se la aprendan de memoria– basada en el enfoque geopolítico y de seguridad nacional del Memorándum Negroponte, un documento que urgió al Departamento de Estado en 1991 la firma del Tratado con México porque cumpliría dos sueños anhelados por EU como imperio: la subordinación de la vieja y cada vez más deteriorada diplomacia nacionalista de las exportaciones mexicanas y las reformas económicas nacionales neoliberales salinistas en México para poder ampliar exportaciones y que –lo escribió muy clarito Negroponte– consolidarían la dependencia de México respecto de EU. Los dos objetivos se han cumplido con el Tratado en tiempos del PRI, del PAN, del PRIAN y de la 4T.
7.- Al Tratado se le atravesó a la estrategia de Donald Trump 2.0 de su segunda presidencia basada en la recuperación de la hegemonía económica, geopolítica y de seguridad nacional que había debilitado la globalización económica por la dispersión de fábricas americanas en México y otras partes del mundo. Trump no ocultó su estrategia: desde el principio utilizó los aranceles como instrumento de poder, de castigo, de coerción y de imposición de decisiones de política general –lo mismo de comercio que de asuntos nacionales– a México.
8.- Aunque desde el principio se estableció como una demagogia vulgar y de la peor ralea, el presidente Salinas de Gortari se comprometió a convertir el Tratado en el instrumento de modernización productiva que resolvería tres gravísimos problemas que los modelos de desarrollo de Cárdenas a López Portillo habían profundizado: la incapacidad productiva para una competencia internacional con otras empresas, el rezago laboral porque los trabajadores formaban parte del ejército electoral de reserva del régimen priista y la desigualdad que el neoliberalismo 1982-1994 había llevado a una pobreza 80% de los mexicanos. Hoy, 32 años después, los tres problemas no sólo siguen vigentes sino que se han agravado, en tanto que las utilidades de las exportaciones sólo han beneficiado a los exportadores privados y la estructura de la desigualdad hoy es igual –que es decir: peor– que la de 1993.
Estos puntos bastan para señalar el fracaso de la negociación de Ebrard Casaubon, pero con las evidencias de que el secretario de Economía encabezó la negociación con EU sin definir un proyecto de reorganización industrial interna para aprovechar lo poco que le pudiera quedar del Tratado. Pero poco podía hacer y en los hechos poco o nada hizo Ebrard Casaubon con el Plan México en modo de Mecsicou Planning de la consultoría extranjera de Mariana Mazzucato como la verdadera secretaria de Economía del Gobierno mexicano.
Trump tendrá diez años para deshacer el Tratado en modo de EUEXIT como el BREXIT de Gran Bretaña en 2020.
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Política para dummies: La política falla cuando la economía no ayuda.
carlosramirezh@
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El contenido de esta columna es responsabilidad exclusiva del columnista y no del periódico que la publica.










