En el curso de la tarde de hoy martes 8 de septiembre la Presidencia de la
República entregará el Congreso la paquetería sobre la política económica para 2027, año
vital por las elecciones de diputados federales, 17 gobernadores y muchas alcaldías y
legislaturas estatales.
Los adelantos que se conocen no hacen prever ninguna sorpresa: la estrategia
seguirá siendo el cumplimiento de los compromisos de estabilidad macroeconómica
firmados con el Fondo Monetario Internacional desde 1976 y vigentes como los
mandamientos obligatorios de la economía: la prioridad seguirá siendo la inflación, el PIB
será otra vez sacrificado y los subsidios sociales al bienestar se reducirán, se
reacomodarán o se acreditarán al déficit presupuestal y a la deuda pública.
No está por demás exponer el marco referencial del desarrollo económico y social:
el populismo 1934-1982 logró una tasa de crecimiento promedio anual del PIB de 6%, con
una muy aceptable política social aunque decreciente por la inflación; el periodo
neoliberal salinista 1983-2018 subió las exportaciones pero el promedio anual de PIB bajó
a 2%; y el ciclo 2018-2030 definido como de asistencialismo neoliberal tiene ante sí el
escenario de un PIB promedio anual de 1.8%, con asistencialismo de dinero regalado para
aproximadamente 40 millones de personas.
La propuesta del proyecto de López Obrador fue muy concreta: PIB promedio
anual de 2% en 2019-2020, 4%en 2021-2022 y 6% en 2023-2024, de tal manera que
pudiera alcanzarse un PIB promedio anual de 4% en todo su sexenio y desde luego en los
siguientes períodos morenistas. Pero la cifra real del sexenio lopezobradorista fue de 0.8%
promedio sexenal y la expectativa del sexenio sheinbaumista sería con un techo de 1.8%
por año. Sólo como referencia reconocida por organismos internacionales, México
necesitaría un PIB promedio anual de 6% para proporcionar beneficio laboral y social en el
sector formal al millón de mexicanos que cada año se incorpora por primera vez a la
población económicamente activa.
El debate sobre resultados económicos del Gobierno es parcial cuando se atiende
solo a una cifra alta del PIB con desequilibrios macroeconómicos o cuando se prioriza la
exportación con el deseo ardiente de que mayores ventas al extranjero en automático y
de manera mágica se conviertan el nivel de vida para la mayoría de los mexicanos o
cuando sólo se regala dinero a los sectores marginados que son asumidos como ejército
electoral de reserva.
La economía debe crecer, distribuir de manera social, aumentar niveles de
competencia internacional, fortalecer la planta productiva nacional y generar bienestar
como producto de la economía y no como dinero regalado que a la larga y a la corta es
improductivo.
En su primer documento de Criterios Generales de Política Económica para 2025,
la presidenta Sheinbaum Pardo se comprometió a una tasa promedio anual sexenal de
2.5% mínimo, pero las expectativas de agentes productivos recogidas por el Banco de
México están echándole agua fría a las promesas de bienestar: el PIB promedio anual para
los próximos diez años (2027-2036) es de 1.8%, muy lejano del nivel intermedio de 4% de
López obradorismo y desde luego que menos de un tercio del 6% del idílico y mítico ciclo
de populismo mexicano 1934-1982.
Los Precriterios Generales de Política Económica que el gobierno actual presentó a
principio de este año sobre las expectativas del 2027 declararon un PIB promedio para
este año de 2.3%, aunque en la realidad será menor a 1.8 porciento; y para 2027 fijaron
una meta de 2.4%, cuando todas las expectativas de agentes financieros y productivos
mantienen la meta de 1.8%.
La distribución de becas del bienestar no puede ser considerada una meta de
política económica sino que se asume más bien como un objetivo político que en realidad
nada tiene que ver de social: ese dinero no genera multiplicación de demanda efectiva y
por lo tanto es un presupuesto que tampoco impulsa el crecimiento económico general.
Algunas organizaciones conservadoras que han sido consultadas por el gobierno
actual insisten en que la economía se debe medir por la capacidad de producir bienes y
servicios que multipliquen la actividad económica y no por el billón de pesos que va a
becas bienestar.
La estrategia del Gobierno actual se resume en el Plan México y sus objetivos de
desarrollo económico generalizado, pero de igual manera las evaluaciones externas
subrayan el hecho de que no tienen mecanismos de impulso a la economía productiva y
que la capacidad de la economía seguirá con un mediocre PIB abajo del 2%.
Lo malo es que sin PIB no hay país.
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Política para dummies: La política se mide por el bienestar productivo de la
sociedad no por las masas tranquilizadas con subsidios improductivos.
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