La ley antiinjerencista en materia electoral que diseñó y está aprobando el doctor en derecho constitucional Ricardo Monreal Ávila no es sino una burda copia del modelo de Nicolás Maduro para imponer su fraude electoral gritando que la oposición González-Corina estaba manipulada de manera directa por la injerencia del presidente Donald Trump.
En ese juego interno de nacionalismos ventajosas, muchos fraudes electorales o represiones revolucionarias se han justificado con el argumento del injerencismo de Estados Unidos, ya sea indirecto o burdamente directo, y más cuando organizaciones como la CIA violan la soberanía política de las naciones para inclinar balanzas electorales en beneficio de la geopolítica de dominación estadounidense.
El problema de los nacionalismos electorales ha encontrado puntos culminantes en Venezuela: el presidente Hugo Chávez Frías y después su sucesor Nicolás Maduro realizaron reformas constitucionales para romper los equilibrios normales en las estructuras de equilibrios entre los tres poderes: Ejecutivo, Legislativo y Judicial. Chávez introdujo al sistema electoral y a los derechos humanos –que responden a intereses del Ejecutivo– como dos poderes complementarios a los tres tradicionales.
El martes, Monreal –cuya educación sistémica ha sido y sigue siendo típicamente priista– fue cuestionado en una conferencia de prensa para saber quién validaría de manera legal la argumentación de que hubo injerencia extranjera digital en procesos electorales mexicanos y cayó en su demagogia:
–El Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación –dijo para señalar quién determinaría el injerencismo que pudiera dictaminar anulación de elecciones, sobre todo las presidenciales de 2030.
–Pero el tribunal está controlado –le preguntó un reportero.
Y Monreal, que ha sido corresponsable de toda la tergiversación de la estructura electoral que antes beneficiaba al PRIAN y ahora a Morena, no supo responder con seriedad, aunque encontró salida demagógica:
–Bueno, pues si partimos de eso, entonces nadie puede. Es falta de seriedad todo eso. Entonces ya no se puede hacer nada –y se sacó de la manga el bulo de que el Tribunal Electoral es autónomo y democrático, cuando está demostrado que está al servicio del poder en turno.
La mayoría morenista tiene los votos suficientes para sacar la ley antiinjerencismo, pero desde ahora sus argumentaciones no logran convencer de que en México pudiera cambiarse el sentido del voto desde campañas en redes digitales sociales, aunque sigue vigente y de manera decreciente la argumentación de Andrés Manuel López Obrador de que “las benditas redes sociales” le habían ayudado en su camino a la toma del poder.
En las elecciones presidenciales de 2024, el candidato Maduro enarboló la bandera del intervencionismo estadounidense para regatearle las cifras electorales al candidato opositor Edmundo González y usó a su favor la evidente injerencia estadounidense que Trump retomó como argumento central para su teoría del fraude electoral y decidir el secuestro del presidente Maduro bajo cargos de narcotráfico pero en realidad con motivaciones electorales.
El presidente Trump en su diplomacia pública agresiva se ha metido en elecciones locales en Argentina, Chile, Bolivia, Ecuador, Guatemala y hasta Brasil con el apoyo al hijo de Bolsonaro como candidato frente al grupo político del presidente saliente Lula da Silva.
Para nadie es un secreto que la Casa Blanca de Trump y todo su aparato de geopolítica regional está metiéndose en el ambiente político mexicano para debilitar al gobierno de Morena. Y el temor de que la oposición maneje a su favor el factor Trump motivó que el legislador Monreal se haya sacado de la manga la ley antiinjerencismo, aunque en los hechos esa nueva ley también podría aplicarse a los aliados digitales y hasta a asesores en persona que provienen del populismo español de Unidas Podemos, de asesores venezolanos que se quedaron sin empleo con la caída de Maduro e inclusive con los indicios revelados por la periodista Dolia Estévez en torno a la injerencismo político y electoral de la alianza Rusia-Unidas podemos con Morena.
La ley blindaje del constitucionalista Monreal en realidad no servirá como instrumento legal, a pesar de contar con la complicidad subordinada del Tribunal Electoral y el INE ya colonizados por Morena, sino que quedará como una especie de argumento jurídico-electoral que tendrá más repercusiones políticas que legales.
El problema más grave no sería la argumentación del injerencismo estadounidense sino especular desde ahora si el Gobierno de Morena en el 2027 y en el 2030 tendría la fuerza suficiente para decretar la nulidad de elecciones y meter al pañis en un colapso político.
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Política para dummies: la política se desprestigia con la política, pero se restaura con la política.
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