La inteligencia artificial ya genera ganancias de productividad dentro de las empresas, incluso en organizaciones que todavía no tienen una estrategia para administrarla, aseguró Enrique Camacho, pionero en el desarrollo de soluciones basadas en inteligencia artificial en América Latina. “La mayoría de las empresas sigue preguntándose cómo implementar inteligencia artificial, cuando la realidad es que entró por el lado de sus colaboradores”.
Camacho estima que hasta 90% de los empleados corporativos recurre a herramientas como ChatGPT, Gemini o Claude para redactar documentos, resumir información, analizar datos o resolver pendientes cotidianos. “Casi siempre se hace por cuenta propia, antes de que la empresa defina qué herramientas pueden usarse, qué información puede compartirse o cómo proteger el conocimiento y la propiedad intelectual del negocio”, dijo.
“Consideremos que ha habido un aumento de productividad de hasta 20% en muchas empresas, porque prácticamente todos los colaboradores utilizan un chatbot en paralelo, aunque la organización no se los haya proporcionado. Es algo que ya no puedes detener”, agregó el director general de eSource Capital, firma de transformación digital y servicios de nube que atiende a miles de organizaciones en toda América Latina.
Para Camacho, el fenómeno modifica el papel del liderazgo empresarial. La inteligencia artificial se volvió un asunto de Estado en países como Estados Unidos y China, donde las decisiones las encabezan los presidentes y no únicamente sus equipos técnicos. Dentro de las empresas, dice, esa responsabilidad debe escalar al mismo nivel.
“Es la primera revolución tecnológica que comenzó por el empleado y no por el área de sistemas. Por eso ya no basta con que la administre el director de tecnología; hoy el director general debe decidir cómo incorporarla a la estrategia del negocio, definir reglas para su uso y asegurar que genere valor sin poner en riesgo la información de la organización”, explicó.
El directivo considera que las empresas con mayores beneficios no serán las que usen más herramientas, sino las que la integren de forma transversal, establezcan un modelo de gobernanza y preparen a sus equipos para aprovecharla de manera responsable.
“La inteligencia artificial no debería tener una estrategia propia, del mismo modo que ninguna empresa tiene una estrategia para usar electricidad o internet. Son capacidades que terminan integrándose a toda la organización. Con la IA ocurrirá lo mismo, dejará de ser un proyecto aislado para volverse parte de la forma en que opera el negocio. La pregunta ya no es si las empresas la adoptarán, sino si sus directores generales están listos para liderarla”, concluyó.















