La designación de nuevos consejeros del INE fue la reconfirmación de la validez del régimen priista. En México no ha habido cambio del viejo orden político priista porque los cambios ocurridos de 1982 a 2026 nunca se plantearon la posibilidad de construir una alternativa democrática al PRI como sistema político/régimen de gobierno/Estado social/Constitución populista.
Lo que está ocurriendo con la reactivación actual de la estructura priista de poder no es más que la comprobación de que en México nunca hubo transición a la democracia en el 2000 y que José Woldenberg y Lorenzo Córdova Vianello le tomaron el pelo a la sociedad porque sólo fortalecieron con sus reformas el aparato de poder en manos del PRI-PAN-PRIAN-Morena.
Basado en articulación de un discurso indigenista previo al aparato de poder del PRI y sucesores, la 4ªT está reconstruyendo el modelo político priista. Pero todos los datos históricos sólo comprueban que el indigenismo mexicano fue el fermento que utilizó el ciclo político novohispano para crear una institución política alrededor el PRI y Morena.
El discurso de la presidenta Sheinbaum en la reunión de Barcelona sólo confirmó lo que ya está siendo consolidado en análisis políticos: el Tlatoani indígena como esencia del presidencialismo priista que denunció Octavio Paz en Posdata y se extendió a la 4ªT, la reconfiguración de un régimen de imperios indígenas con emperadores designados por el Consejo de Ancianos, con poderes absolutos para ejercer la política, la existencia de usos y costumbres por encima de cualquier voluntarismo presuntamente democrático y la piramidación del poder subordinando a la iglesia, a los comerciantes y a los mercaderes y a la sociedad no propietaria.
La propuesta sistémica de la 4ªT no podría ser diferente porque toda la élite política cardenista-lopezobradorista nunca se planteó el salto real a un régimen realmente democrático con equilibrio de poderes, sino que la disputa fue por acceder a la titularidad de la estructura presidencialista.
Como corresponsable de reacomodos económicos y de poder político, Carlos Salinas de Gortari se apropió del poder en 1988 para encontrar un camino de distensión política que volviera a reconstruir el presidencialismo absolutista. Manuel Camacho Solís y Luis Donaldo Colosio Murrieta tampoco definieron en la verdadera transición de México a un régimen de equilibrio de poderes, pero cuando menos pensaron en decisiones para despresurizar de autoritarismos represores a las instituciones de la Presidencia piramidal.
Salinas de Gortari creó la ilusión política de una supuesta transición a través de Woldenberg y la superestructura intelectual del Grupo (A)Nexos de sólo darle una revolcada a la Comisión Federal Electoral de Manuel Bartlett Díaz de 1988 y de la chistera del engaño masivo inventaron un Consejo Electoral presuntamente ciudadano pero con académicos e intelectuales funcionales al enfoque reformista del mismo PRI, un modelo de la misma gata pero revolcada.
En el 2000 no hubo alternancia de régimen sino solamente relevo de élite presidencial y el bloque ideológico dominante no pudo encontrar mejor cómplice que un Vicente Fox Quesada ignorante de la política y solo diletante del poder para su esposa Marta Sahagún.
Si se quiere encontrar una explicación teórica desde el análisis político del fracaso de la democratización se tiene que acudir a la tesis central de José Revueltas desde 1958 en su ensayo México: una democracia bárbara que se ha enriquecido en materia de interpretación de la realidad en los casi 70 años de darle revolcada tras revolcada al mismo régimen priista: el cambio de régimen mexicano no se dará en la política ni menos aún en los procesos electorales.
Al analizar las expectativas políticas en las elecciones presidenciales de 1958, Revueltas –desde la lógica marxista– precisó que la política era una estructura dependiente y ni siquiera llegaba a superestructura y estableció el criterio de que “la clase que ejerce el poder económico y político en México –en sus niveles de representación y gobierno– es la burguesía (en concepto marxista) integrada por industriales, terratenientes, capitalistas, financieros, negociantes del comercio exterior y agricultores beneficiarios de los sistemas de riego oficial”, es decir, la clase poseyente.
Por tanto, la verdadera lucha por la orientación del Estado, del gobierno, del régimen, del sistema, del poder y de la Constitución no se da en las elecciones porque el sistema representativo reproduce la estructura de dominación de clases productivas; Revueltas subrayó el principio obvio desde la reflexión socialista: “la única clase llamada a hacerle al gobierno revolucionario una concurrencia política, es aquella que también viene a ser la única que puede hacerle la concurrencia económica a las clases poseyente que el gobierno y su partido de Estado representan”.
En la argumentación de Revueltas está el fracaso del PRI y del ciclo PRI-PAN-PRIAN-Morena. Lo demás es el dinosaurio que sigue en la sala de Tito Monterroso.
-0-
Política para dummies: la política está en la lucha de clases productivas, así de simple.
carlosramirezh@
@carlosramirezh
El contenido de esta columna es responsabilidad exclusiva del columnista y no del periódico que la publica.










