Omar García Harfuch, titular de Seguridad, confirmó ayer la versión inicial del colectivo “Guerreras buscadoras de Jalisco” de que en el narcorrancho Izaguirren en Teuchitlán, Jalisco se entrenaba y capacitaba a sicarios y se ejecutaba e incineraba a enemigos, a personas “por encargo de terceros” y a reclutas indecisos o arrepentidos.
Lo confirmó el secretario de Seguridad al dar a conocer las revelaciones de José Gregorio Lastra Hermida, «El Lastra«, aprehendido hace unos días y principal reclutador del Cartel Jalisco Nueva Generación, “el cartel de las 4 letras (CJNG)”.
En su intervención en la mañanera de la presidenta Claudia Sheinbaum ratificó que:
«De acuerdo con el testimonio del detenido llegaron a privar de la vida a personas que se resistían a recibir el adiestramiento o bien intentaban escapar del lugar, así como golpearlos y someterlos a algún tipo de tortura», explicó el jefe policiaco.
Mientras García Harfuch y la presidenta Sheinbaum insistieron en negar que el narcorrancho fuese además un campo de exterminio, los miembros del colectivo que lo dio a conocer a todo México y el mundo, afirmó que las madres buscadoras que llegaron ahí a escarbar inicialmente encontraron pozos donde se incineraban cuerpos y donde encontraron restos óseos.
Para estas madres es obvio que ahí hubo exterminio.
Lo declarado por “El Lastra” a García Harfuch confirma el relato de una sobreviviente que habló con Indira Navarro lideresa del colectivo de madres buscadoras, a quien le dijo:
”… me ofrecieron un trabajo para cortar durazno y fresa con una buena paga”, pero cuando llegó a ese lugar, supo que había caído en una trampa. Cuando se dio cuenta que eso era un campo de entrenamiento y de ejecuciones se fue adaptando, haciendo lo que se le decía, para poder sobrevivir. No hacerlo, supo de inmediato, la llevaría a la muerte… hasta que pudo escapar.
Ahora, desde el anonimato, revela que (como ahora lo confirma “El Lastra”) no todos los reclutados eran contra su voluntad. Buena parte eran -fundamentalmente jóvenes de entre 15 y 30 años- reclutados bajo la promesa de una vida plena, emocionante y con ingresos sin igual.
Ya ahí, lo primero que hacían era armar y desarmar, manejar toda clase de armas de alto poder para luego pasar a otros campos donde los enviaban a pelear en otros estados. Esa era la primera fase.
Quienes eran retenidos contra su voluntad, vivían en el miedo a las represalias de la tortura, de no comer, de estar encerrados o tenerlos amarrados al sol, sin comer, sin tomar agua.
Muchos quedaron registrados en algunas libretas por su nombre o apodo, así aparece el de Roxana, Angélica o Verónica, o como El Cojo, el Manco…
“… yo conocí a tres que no eran originarios del estado; uno era de Lázaro Cárdenas, Michoacán, otro de Tecomán, y otro de Morelia, Michoacán…
“Las personas que estuvieron a su voluntad en ese supuesto campo de entrenamiento, eran más jóvenes que adultos, mucho más jóvenes que no pasaban ni la prepa todavía… la mayoría estaban por su voluntad, ahí los entrenaban en una primera etapa y luego los llevaban a otro sitio…”
¿Cuantos pudieron haber muerto?, se le pregunta.
“Unas mil quinientas (dice)… diario llegaban dos o tres personas que (los narcos) decían eran carne para los leones, cuando decían: ‘vamos a echar esta gente a los leones’, los leones son esos hornos que ustedes descubrieron”.
Relata que, con el tiempo, los hoyos donde vertían las cenizas y los restos de los ejecutados quedaban saturados y entonces los narcos llevaron una licuadora de barco, enorme, de aluminio donde comenzaron a deshacer los cuerpos.
“… una licuadora grandota de aluminio que era una licuadora que usan los barcos en alta mar, y los vertían con cloro en los sanitarios, y les bajaban el agua y se iban al drenaje”.
Otros, los calcinados, iban a las fosas.
Indica que el Cartel Jalisco Nueva Generación -al que “El Lastra” señala como el de las 4 letras ‘CJNG’- llevaba ahí también para su exterminio a personas que se hacían pasar como miembros del cartel; extorsionadores, secuestradores, violadores, personas que vendían estupefacientes por fuera del cartel, personas que robaban en cargos del gobierno, o personas que eran señalados por otros de ‘me está jode y jode en tal parte y por favor quiero me lo quites de encima’…
“En sábados y domingos llegaban hasta siete y ocho personas para ser ejecutadas… los (llevaban los) mismos policías municipales, al final supimos que eran ellos, porque no entraban más que ellos… los aventaban desde la camioneta en movimiento, en cobijas… y decían ‘tú les quitas una mano, les quitas un pie, les quitas la cabeza y lo metes allá’… ellos no se manchaban las manos para nada…
“Esa era ropa que dejaban ellos… llegaban diez personas, dejaban su ropa, eso era como para darle consistencia al fuego… todo eso era como la materia prima así como iban con carteras con teléfonos, así los metían…”, explicó la sobreviviente.
Todo eso, de acuerdo a lo explicado ayer por Omar García Harfuch según lo declarado por “El Lastra”, es básicamente lo mismo.
Los atraía con ofrecimientos vía redes sociales y los citaba en centrales de autobuses de dónde los llevaba al rancho Izaguirre para mantenerlos ahí en adiestramiento durante un mes… quienes no aceptaban ser parte de ese grupo y cartel, se les ejecutaba.
HOY SE DEFINE EL FUTURO DEL CUAU
Con la perspectiva de que una mayoría de diputadas de todas las fracciones voten por su desafuero y entrega a un juez para ser procesado por violación, el exjugador del América y exgobernador de Morelos, hoy diputado federal por Morena Cuauhtémoc Blanco, enfrentará hoy un en San Lázaro su último lance por ser exonerado.
Junto con las diputadas votarían hoy por su desafuero todos quienes integran la oposición en las fracciones de PAN, PRI y MC lo que garantizaría una mayoría suficiente para ser enjuiciado penalmente.
Sin embargo hay todavía dudas de que se le pueda procesar si Ricardo Monreal, coordinador de los diputados de Morena, decide apoyarlo para evitar el desafuero.
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