No hay analista o politólogo en el mundo que no intente hoy descifrar a Donald Trump. Yo entre ellos.
Todo sólo para encontrarlo sin máscaras y sin rebuscadas elucubraciones en sus dichos y sus hechos.
Desde un inicio él mismo ha sido claro en lo que quiere alcanzar. Y cómo lograrlo.
Que todo eso sea posible, y legal, eso es otra cosa.
Sin pasar nunca por ningún cargo público, sin mayor experiencia política, su formación de “tiburón” empresarial domina su decisiones y actos. Todo para él es con relación a pérdidas y ganancias. Y logros a través de la fuerza.
En eso basa la aplicación de aranceles a todo el mundo -para equilibrar a su favor vía impuestos lo que EU vende y compra en otro países-, y su proyecto de relanzar a la grandeza a EU con aquello de (MAGA) Make America Great Again.
En el año que apenas lleva en el poder, así a reconfigurado el orden internacional. Y ha intervenido fuera de los organismos y normas internacionales en la negociación de la paz en lo de palestinos e israelíes en Gaza; en guerras en África, en Ucrania, y ha planteado adherir a Groenlandia, o comprarla, o invadirla.
Así ha decidido -mediante un golpe militar quirúrgico- capturar al dictador venezolano Nicolás Maduro, llevarlo ante un juzgado en Nueva York, y al mismo tiempo, con la amenaza de realizar nuevos operativos militares y con un país cercado por el despliegue de la mayor fuerza militar, iniciar una nueva forma de colonialismo vía el tutelaje de lo que quedó del gobierno de Maduro.
PRIMERO CAPTURAR AL DICTADOR Y LUEGO EL CAMBIO DE RÉGIMEN
Con su mandatario preso en EU, el equipo de Nicolás Maduro se recompuso (con el visto bueno de Trump), y en las siguientes horas después del golpe designó como sustituta del dictador a la vicepresidenta Delcy Rodríguez y al hermano de esta, Jorge Rodríguez, como presidente de la Asamblea Nacional sin tocar a Diosdado Cabello, como Primer ministro ni a Vladimir Padrino López como jefe del Ejército.
Al seguir la ruta de no invadir militarmente a Venezuela, con solo circunscribirse a descabezar su dictadura, Trump dejó en claro que hizo caso a sus asesores y a la historia de fracasos del imperialismo norteamericano.
Quienes esperaban que a la captura militar de Maduro siguiera el inmediato cambio de régimen, se llevaron la sorpresa de que todo en Venezuela quedaba igual.
Trump lo podría haber hecho. Pero la historia de otras intervenciones de EU indica que estas inducciones de cambio de régimen casi siempre terminaron en violencia y fracasos.
Lo que ahora seguirá es un regreso a la Doctrina Monroe, de América para los americanos, pero mediante una tutela administrativa de Venezuela desde Washington, desde donde se comercializará y administrarán los millonarios ingresos del petróleo venezolano, y desde donde se impulsará el envió de toda clase de productos desde alimentos, médicos, industriales de servicio etc, para inducir bienestar y nuevo desarrollo en beneficio del pueblo de Venezuela y de su transición democrática.
Eso lo explicó ayer claramente el secretario de Estado Marco Rubio al indicar que desde Washington y bajo su conducción, se aplicarán tres etapas en Venezuela: primero la de estabilización, segunda la de recuperación y tercera, de transición.
Eso lo buscarán alcanzar Trump y Rubio con el mismo equipo descabezado de Maduro.
Delcy, su hermano Jorge, el primer ministro Cabello y el Jefe del Ejercito Padrino López estarán vigilados y cercados por la fuerza militar de EU para seguir al pie de la letra lo que se les diga hagan desde Washington so pena de ser objetos de otros golpes militares norteamericanos como el que se le dio a Maduro.
Y así llegar quizá a fines de este año o inicios del siguiente a nuevas elecciones presidenciales libres y vigiladas a nivel internacional para entonces si ir a la recuperación de la democracia y un nuevo régimen en Venezuela.
En ese tránsito Trump impulsará que Rusia, China, Irán y Cuba queden fuera de la vida de los venezolanos y que en cambio regresen sus empresas a áreas -petróleo, alimentos, acero, cemento y muchas más- en que otras fueron confiscadas entre 2007 y 2012 por Hugo Chávez para sumir en el desastre a Venezuela.
La reconstrucción de Venezuela requerirá además de otros países aliados de EU como lo son ahora, Chile, Perú, Panamá, Costa Rica, República Dominicana, El Salvador, Guatemala, Ecuador y Argentina. El México de Claudia Sheinbaum no está en esa lista.
El México de Sheinbaum por el contrario está bajo severa observación y certificación desde Washington por lo sus vínculos y dictados de cárteles, y por sus ayudas a Cuba. Y bajo la advertencia de que podría ser objeto de golpes como el dado a Nicolás Maduro.
Sheinbaum sigue sin abrirle investigación alguna a políticos y funcionarios de la 4T señalados por ser parte de el entramado de acuerdos con narcos y redes delincuenciales como el del Huachicol, o La Barredora con Adán Augusto López siempre frente a todo eso.
Feo caso el nuestro en todo este en tramado encabezado por Donald Trump.
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