Don Benito Juárez y el Himno Nacional
La Tormentosa Vida de Leona Vicario
Romance del Presidente López Mateos
Es muy cierto que los viajes ilustran y la lectura nos cultiva.
De muchos acontecimientos llegamos a enterarnos
circunstancialmente. Sabemos de acciones que no nos impartieron
en la escuela. Desconocemos aspectos humanos de mujeres y
hombres que hicieron historia.
La inquietud de mujeres y hombres de la Tercera Edad, por
recordar conocimientos y descubrir sucesos, personajes y acciones,
trascendentales, encontró en el maestro, historiador y escritor
Oscar González Azuela, invaluable apoyo a través de cursos
impartidos vía zoom.
Historiadores, pintoras, cuentistas, ensayistas literarias, amantes de
la poesía y de vivir, teórica y prácticamente, en las múltiples zonas
arqueológicas mexicanas, así como de compartir con cronistas
mexicanos, españoles e italianos, es una tarea increíble. Abrevamos
conocimientos que nos da la Universidad de la Vida.
De lunes a viernes, por las mañanas, cinco diferentes grupos
integrados en Círculos de Estudio, abordan temas diferentes. Se
habla de los personajes históricos y de los de la época moderna. Se
intercambian opiniones. La discusión y el debate están
hermanados.
El maestro González Azuela propuso, desde 2021, que al final de los
cursos cuatrimestrales, los participantes en las clases aportaran por
escrito artículos, comentarios, cuentos, poesía, crónicas, para
editar un libro. Van cinco del Círculos de Estudio.
Del 2025 tomó tres de las colaboraciones, publicadas, para
comentarlas.
LA MARSELLESA, NO NUESTRO HIMNO
Gracias al cronista campechano y excelente maestro Tomás
Arnábar Gunam, me entero porque en las escuelas primarias
enseñaban La Marsellesa y no el Himno Nacional Mexicano.
Mi abuelita paterna entonaba el himno francés, en las ceremonias,
en su escuela del pueblo de Miraflores, Ayapango, Estado de
México.
La interrogante quedó despejada después de leer el artículo
“Nuestro Glorioso Himno Nacional Mexicano”. El ilustre escritor
campechano nos narra, con singular estilo y detalle, la historia de la
obra del potosino Francisco de Paula González Bocanegra y el
músico español Jaime Nunó Roca.
En 1853 Antonio López de Santa Anna estaba en su undécima y
última presidencia, la primera fue en 1833. Terminó en 1855,
durante la Revolución de Ayutla.
Decidió convocar a los poetas para escribir la letra del Himno
Nacional Mexicano. La composición de González Bocanegra fue
declarada triunfadora; Miguel Lerdo de Tejada, oficial mayor del
gobierno, firmó la invitación y recibió los trabajos.
Una primera precisión nos hace el maestro Arnábar Gunam: el
compositor escribió: “…y retiemble en sus antros la tierra”. Esa
palabra fue cambiada por centros. La primera palabra tiene doble
origen, latín y griego, significa, caverna, cueva o gruta. La
modificación, cuyo autor se desconoce, permanece hasta la fecha.
Resulta que, en plena etapa de la Reforma Liberal, el presidente
Benito Juárez prefería fuese La Marsellesa el himno oficial. Dos
argumentos se conocieron: que la obra era de un potosino y un
español y el conservador Santa Anna era el promotor del Himno
Nacional.
Inclusive la letra sufre variaciones en estrofas; se eliminan dos en
que se mencionaban los nombres de Agustín de Iturbide y del
mismo Santa Anna.
El Teatro Santa Anna, después Teatro Nacional, fue el escenario
donde, el 15 de septiembre de 1854, se estrenó oficialmente el
Himno Nacional Mexicano. A la caída del veracruzano, Nunó huyó a
La Habana, Cuba, y González Bocanegra se protegió en la casa de
un tío, porque persiguieron a todos los santannistas.
El Himno Nacional se escuchó cuando las tropas mexicanas fueron
derrotadas en 1863, por los franceses, en el Sitio de Puebla. Otra
ocasión, en junio de 1867, al declararse la República Restaurada;
ese día lo interpretaron soldados y pueblo en Querétaro.
Al morir Juárez, Sebastián Lerdo de Tejada asumió la presidencia y
ordenó fuese tocado nuestro Himno y no La Marsellesa. Porfirio
Díaz, a partir de 1884, promovió la divulgación de letra y música del
Himno, disponiendo fuese oficial en todos los planteles educativos.
La primera grabación de letra y música tuvo lugar el 28 de julio de
1922 y fue la mezzosoprano duranguense Fanny Anitúa la que
interpretó el Himno Nacional. La técnica era muy incipiente,
motivando se hicieran nuevos intentos.
QUÉ SABEMOS DE LEONA VICARIO
Al abrir la página 37 del libro Círculos de Estudio, correspondiente a
2025, encontré el título “Leona Vicario de Quintana Roo” y al iniciar
la lectura me introduje en la vida de quien el conservador Lucas
Alamán llamó “heroína romanesca” y afirmaba que era amante de
Andrés Quintana Roo, sin tener prueba de ello.
Leona Vicario, de familia acomodada en los días de la Nueva
España, apenas cumplía 19 años de edad y escribió en su diario:
“improvisé correos, alenté a los tímidos, remití recursos a los
independientes, hasta prometí morir antes que denunciar a los
conspiradores”.
Mi distinguida compañera académica, Silvia Arredondo Bayardi, es
la autora de una crónica, reseña e investigación histórica, que me
permitió saber mucho de María de la Soledad Leona Camila Vicario
Fernández de San Salvador y Montiel, originaria de la Ciudad de
México; nació el 10 de abril de 1789 y murió en 1842 en la Capital
Mexicana.
Son muchos los pasajes escritos por quien en su momento fue
declarada Benemérita y Dulcísima Madre de la Patria, revelando:
“sufrí resignada una prisión de la cual logré evadirme para ir en pos
de la guerra, llevando conmigo una imprenta que reprodujo los
pensamientos y aspiraciones de los patriotas insurgentes”.
“A Josefa Ortiz de Domínguez y a mí nos persiguieron por 10 años.
Desde 1811 fuimos enemigas del reino español y me acusaron ante
la inquisición como “traidora al rey de España”.
Hoy su nombre y el de Josefa están inscritos en letras de oro en el
muro de honor del Congreso de la Unión.
Refirió que “en ese entonces muchas mujeres eran enjuiciadas,
condenadas y ejecutadas”. Se les acusaba de “seductoras de la
tropa realista”.
La esposa de Quinta Roo y madre de Genoveva, María y Dolores, en
su diario dejó una cadena de interrogaciones, todas reveladoras del
trato y sufrimientos que tenían las participantes en el Movimiento
de Independencia que culminaría, exitosamente, en 1821.
Transcribo tres de esas preguntas:
¿Piensan que las señoras virreinas se inquietaron por los
levantamientos que se empezaron?… ¡Obvio no!
¿Pensarían que serían expulsadas de la Nueva España?…Tampoco.
¿Qué nadie oyó del apoyo que recibieron los Insurgentes de las
mujeres?… Seguro lo desconocían.
El matrimonio Quintana Vicario soportó los abusos cometidos por
el virrey Félix María Calleja y el michoacano conservador Anastasio
Bustamante. En 1816 el español confiscó bienes inmuebles, joyas,
ropa y muebles; el asesino de Vicente Guerrero, Bustamante, allanó
el domicilio y lo saqueó con toda libertad, en 1830.
Joaquín Fernández de Lizardi, amigo de Andrés y Leona, escribió:
“Leona Vicario comenzó a preparar el espíritu público a favor de la
Independencia desde la escabrosa prisión de Iturrigaray y tan luego
como resonó por el Anáhuac el plausible Grito de Dolores, ella soltó
las velas de su patriotismo”.
LÓPEZ MATEOS Y ANGELINA GUTIÉRREZ
El más popular de los Presidentes de México, carismático, atractivo
y de ojo alegre, lo fue, a quien inicialmente se le conoció como “El
Toluco”, por ser nativo del Estado de México: Adolfo López
Mateos.
Me llamó mucho la atención lo que Lupita Cobos, compañera
académica, escribió en torno al romance que el apuesto político, de
largo historial en el Instituto Científico y Literario del Estado de
México, hoy Universidad Autónoma del Estado de México, con una
joven educadora, a quien conoció jovencita y de quien se prendió
amorosamente.
En su artículo titulado “Como el Canto del Cisne”, Lupita cuenta que
la familia del licenciado Jorge Gutiérrez y Angelina Sadurni vivían
por el rumbo de San Jerónimo, al Sur de la Ciudad de México.
Las hermanitas Angelina, María de la Paz y Beatriz invitaban a su
casa, a niños de Punta Sierra, que pertenecían a familias de escasos
recursos y grandes necesidades para subsistir. El trío de jóvenes
daba clases de doctrina y leían la Biblia. Al término, jugaban,
consumían bocadillos y galletas que preparaba la señora Gutiérrez.
Una mañana Angelina y sus hermanas se enteraron que el
Presidente López Mateos pasaría por la Av. San Jerónimo; iba a
inaugurar la Escuela Superior de Guerra. Se pusieron a escribir en
unos cartoncillos para llamar la atención del personaje y hacerle
una petición: ayude, por favor, a la gente de Punta Sierra.
Fue el 5 de febrero de 1959 cuando Angelina salió de su casa, con
un ramo de flores, escribiendo en un papel su nombre completo,
dirección particular y número telefónico. No había celulares, por
supuesto.
¿Cómo acercarse al automóvil?
¿Podría entregar las flores y su papelito?
Angelina no lo pensó mucho. Se aproximó a donde un tope hacía
que el auto disminuyera velocidad.
Corrió al coche y gritó: “…pare Señor Presidente”
Un motociclista pretendió alejarla. El vidrio de la portezuela del
auto, bajó lentamente, y López Mateos le preguntó, a Angelina, que
en qué podía servirle. Pidió que ayudará a la gente de Punta Sierra
que carecía de agua potable en su domicilio y electricidad.
El presidente le guiñó el ojo; la ventanilla se cerró y no pasó mucho
tiempo en que sonara el teléfono en el domicilio de la familia
Gutiérrez. Llamaba personalmente López Mateos e invitaba a
Angelina y a su mamá para recibirlas en su despacho.
Después de esa primera entrevista, Angelina y sus hermanas
departieron con el Señor Presidente, quien aceptaba comer con
ellas; comida preparada por la mamá. Siguieron las llamadas
telefónicas y las reuniones familiares con los Gutiérrez Sadurni.
La petición inicial, en la improvisada detención del vehículo
presidencial, dio como resultado la felicidad para muchas familias
de Punta Sierra. Surgió lo que conocemos como Unidad
Habitacional Independencia.
Don Adolfo tenía 56 años y Angelina, ¡23!, el 5 de abril de 1965
contrajeron matrimonio religioso. Nacieron Elena y Adolfo. El murió
en un accidente automovilístico. Elena se casó y vive en París.
Angelina que ronda en los 80 años de edad, recordando que, en su
última despedida, ella le dijo: Te Amo Como El Canto Del Cisne.
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