Los días martes 13-viernes16 de enero, el periódico El Independiente publicó en cuatro partes una investigación sobre la crisis en el CIDE como parte del colapso burocrático del área científica y tecnológica del Gobierno federal durante la gestión de Rosaura Ruiz como secretaria de Ciencia, Tecnología, Humanidades, Tecnología e Innovación.
La decisión autoritaria, vertical y vengativa de la secretaria Ruiz para cesar de sus funciones al director José Antonio Romero Tellaeche y tomar el control de ese centro de estudios con pocos estudiantes pero que ha dejado rastro de una reflexión crítica frente a la realidad fue parte del modelo que afecta a los grupos políticos que provienen de la oposición y padecieron la burocracia priista y panista, pero que al asumir el poder totalizador se comportan igual –lo que quiere decir: peor– que sus antecesores.
El comportamiento de la secretaria Ruiz cae, de acuerdo con el análisis publicado, en el modelo de la amicuscracia o el Gobierno de los amigos, de los incondicionales, de los subordinados ciegos y de los escaladores de posiciones en niveles de especialización que habrían requerido una mayor calificación profesional.
“Lo que ocurre en el CIDE es la expresión concentrada de una estrategia de restauración institucional que combina protección política, normalización tecnocrática y desplazamiento gradual del pensamiento crítico”, señala el análisis publicado y que fue realizado por un grupo de especialistas en el tema que no difundieron sus nombres –pero cumplieron los requisitos de acreditarse ante la dirección del diario– para evitar la desviación hasta vengativa de las autoridades protegidas por la secretaria Ruiz.
El CIDE, mal que bien, había permanecido al margen de las disputas por el poder por parte del funcionariato de la 4T, pero no tardó mucho la secretaria Ruiz en colonizar a ese pequeño Centro de Estudios para entregarlo a la burocracia institucional. “La restauración no se presenta como ruptura, sino como regreso al orden». Los nuevos funcionarios de ningún modo están preocupados por aprovechar ciertos espacios que permitirían el debate de ideas y la búsqueda de caminos científicos y tecnológicos, sino por capturar un centro que tiene recursos, local y credibilidad y convertirlo en un centro burocrático de obediencias.
La secretaria Ruiz, que tuvo en sus manos la instrucción directa del segundo Gobierno de la 4T para de construir el marco científico y tecnológico que los gobiernos del PRI y del PAN habían burocratizado, no está defraudando a sus seguidores porque su prioridad no es meter a México en la modernidad de la especialización de ciertas líneas de investigación que tienen que ver con la ciencia y la tecnología, sino tener el control de todo el aparato burocrático de ese sector.
El presidente López Obrador había instruido al Conacyt –Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología– para buscar propuestas concretas sobre temas que obligaban a toda una reorganización del conocimiento educativo y que hasta Peña Nieto no había logrado siquiera explorar las necesidades científicas y tecnológicas de México dentro del Tratado de Comercio Libre: una vacuna contra el COVID, ventiladores necesarios que en su momento se tuvieron que importar y algunas otras tareas que solamente comprobaron que las áreas burocráticas de ciencia y tecnología eran completamente inútiles.
La secretaria Ruiz regresa a la época del funcionariato controlado por la burocracia política y sometido a la línea verticalista de esa vieja izquierda socialista, comunista y universitaria que se incrustó en el PRD y luego se transformó mágicamente en cuatroteísta. Antes de cesar al director Romero, la secretaria Ruiz quiso meter arbitrariamente las manos en el CIDE para cambiar el componente de los equilibrios internos encargados de las definiciones y buscó introducir con calzador al académico Sergio Aguayo –por cierto, ya sin la confianza de López Obrador– y bloqueó el nombramiento como consejero del académico e investigador Samuel Schmidt.
Al fracasar en su intentona de meter a la Secretaría de Ciencia y Tecnología como organismo controlador del CIDE, la secretaria de Ruiz regresó al autoritarismo desenvainado y sin cumplir con los requisitos administrativos internos cesó al director Romero. Y ahora la secretaria de Ruiz se echó encima a todo el procedimiento administrativo incumplido, pero formaría parte de la defensa del funcionario cesado para tratar de bloquear o revertir una decisión que dentro de la burocracia cuatroteísta que no se preocupa en cumplir con los requisitos legales.
Lo que queda en la gestión de la secretaria Ruiz es el modelo del Gobierno de los amigos incondicionales, pero lamentablemente la ciencia y tecnología como coartada burocrática cuando se acumulan las cifras de que el gran fracaso de la participación de México en el Tratado de Comercio Libre se ha dado en la incapacidad gubernamental para una gran revolución científica y tecnológica que pudiera dar el salto cualitativo de México como economía ensambladora o maquiladora a una economía con producción tecnológicamente competitiva.
El CIDE está pasando ya a la burocracia 4T del poder científico y tecnológico.
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Política para dummies: La política de los amigos no es política.
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