Ahora se entiende la inopinada renuncia de Rogelio Ramírez de la O como secretario de Hacienda y Crédito Público hace casi un mes: no le permitieron intervenir en el ramalazo de los castigos arancelarios, la falta de negociadores de primer nivel con Estados Unidos y sobre todo la venta de expectativas positivas de los Precriterios de Política Económica 2026.
De un PIB oficial fijo de 2.5%, las expectativas de los analistas económicos ya habían advertido una caída a 0% antes de los aranceles y algunos economistas están aventurando la posibilidad de que el crecimiento económico este año sea en el mejor de los casos de -1% a -2%. Frente a la realidad de una economía mexicana en una montaña rusa a toda velocidad, es explicable ahora la renuncia Ramírez de la O: no podía avalar las instrucciones de Palacio de un marco macroeconómico irreal y tampoco le dieron espacio para cumplir con su tarea de coordinador de las finanzas públicas.
Pero al margen de todas las circunstancias coyunturales que están ofreciendo una desarticulación entre discurso, imagen, equipo y realidades, lo que queda en el escenario político nacional para el primer año Del Gobierno de la presidenta Sheinbaum Pardo es la ausencia de audacia, pero no para confrontar o torear o robalear las presiones de Trump, sino porque se percibe en el ambiente nacional la falta de un proyecto alternativo que entreteja decisiones que ayuden a desdramatizar el castigo arancelario, que acepten ya la imposibilidad cuando menos cuatro años de que el Tratado comercial firmado en 1993 y revalidado en 2018 pueda funcionar como un mercado globalizado y que sea la hora en que no se está trabajando en el diseño de un proyecto alternativo de desarrollo nacional industrial y agropecuario.
Hay indicios entre los economistas oficiales optimistas de que el golpazo arancelario causaría estragos en la economía mexicana y llevaría al PIB de 2025 y 2026 a niveles abajo del 0% –es decir, negativos–, pero que la dinámica de la coyuntura ayudaría a ir aprovechando el poco espacio que dejan los aranceles y enfatizar las áreas productivas del Tratado que van a sobrevivir el año Trump.
Todos los economistas de la 4-T se educaron en la dinámica antisalinista, antineoliberalista y antimercados globales, pero en los discursos gubernamentales solo priva la orden directa de salvar lo que se pueda del Tratado de Comercio Libre que diseñó el presidente Carlos Salinas de Gortari para colocar a la economía mexicana en el furgón de cola del comercio estadounidense.
El problema de mediano plazo –los próximos cinco años– se moverá al ritmo de la estrategia muy bien definida por el presidente Trump de terminar con el ciclo de la globalización económica y regresar a los tiempos del nacionalismo productivo que construyeron la economía americana como la sociedad del confort, aunque a costa y costo de la exacción de riquezas de otras naciones.
Aún si México cediera en todas las exigencias estadounidenses de política de inseguridad para destruir las infraestructuras físicas, humanas y políticas de los cárteles del narcotráfico, los aranceles de castigo seguirían funcionando para obligar a las empresas estadounidenses que se dispersaron por el mundo en el ciclo de la globalización 1989-2024 a regresar al territorio americano y desensamblarse de las cadenas productivas extraterritoriales.
Estos datos indican que los aranceles no son decisiones de coyuntura o de circunstancias o locuras, sino que están mandando mensajes muy claros de que el regreso de Trump a la grandeza económica y productiva estadounidense pasa por reconstruir la planta productiva dentro del territorio americano. Este objetivo de nacionalismo estadounidense es el que va a prevalecer los cuatro años de Trump y el que tratará de extender cuatro años más buscando una tercera reelección o imponiendo un candidato que le dé continuidad a su proyecto. Y si por algún milagro político regresaran los demócratas a la Casa Blanca la posibilidad de nuevamente globalizar la economía sería tardada, costosa e ineficaz.
En este contexto, los aranceles comerciales y lo narcoaranceles son la punta del iceberg o, en términos de agresividad, la aleta del tiburón que se quiere comer a todos los charales y sardinas que se atraviesen. La opción mexicana parece ser la no-opción: un nuevo modelo de desarrollo ni populista ni neoliberal sino de reconstrucción nacional, pero es la que hasta ahora nadie quiere siquiera considerar.
-0-
Política para dummies: la política es, sencillamente, la fuerza en acto del poder
Tik Tok y Pregúntale a Carlos Ramírez en http://elindependidente.mx
El contenido de esta columna es responsabilidad exclusiva del columnista y no del periódico que la publica.
carlosramirezh@
@carlosramirezh