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ABANICO/ Historias de seducción

También creemos en las teorías de conspiración. Su atractivo es que provocan emociones intensas y entretenidas.

Por Ivette Estrada

No sólo nos encantan. También creemos en las teorías de conspiración. Su atractivo es que provocan emociones intensas y entretenidas.

Las percibimos como interesantes, emocionantes y llamativas. Más aún: tales evaluaciones se asocian positivamente con la creencia en ellas. Las historias conspirativas provocan evaluaciones de entretenimiento más fuertes y emociones intensas respecto a textos no conspirativo.

Esto ocurre con todos los temas: las creencias de conspiración son más fuertes cuando un evento electoral se describe de una manera entretenida en lugar de convencional. Tendemos a la búsqueda de sensaciones, un rasgo caracterizado por la preferencia de experiencias emocionantes e intensas. Más aún: creemos en las teorías de conspiración porque las encontramos entretenidas.

Estos son algunos ejemplos: la CIA estuvo detrás del asesinato de JFK o el virus que causa el Covid-19 fue desarrollado por humanos en un laboratorio. ¿Descabellado? Si, pero también altamente “adictivo”.

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Una teoría de la conspiración se define como una creencia explicativa que involucra a múltiples actores que se confabulan en un acuerdo secreto para perseguir objetivos malévolos. ¡Tiene los mismos ingredientes que las buenas películas o series televisivas!

Sin embargo, las teorías de la conspiración no son inofensivas: pueden perjudicar el bienestar y el funcionamiento psicológico de las personas, pues están asociadas con la ansiedad, anomia como se le llama a la desorganización social o aislamiento del individuo por falta o la incongruencia de las normas sociales, e incluso sentimientos de impotencia.

Además, las creencias conspirativas pueden dañar la salud de las personas al propiciar, por ejemplo, rechazos a vacunas o disminución del distanciamiento social durante la pandemia de Covid-19.

Socialmente también pueden tener repercusiones como la negación al cambio climático, conflictos intergrupales, crimen o reducción del comportamiento prosocial y altruista.

Sin embargo, pese a lo perjudicial que pueden llegar a ser, tienen valor de entretenimiento y en las situaciones de crisis social aumentan las creencias de conspiración, cuando los sentimientos aversivos asociados con eventos angustiantes aumentan los sentidos que facilita el pensamiento conspirativo.

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Es decir, los sentimientos de ansiedad, incontrolabilidad o incertidumbre afectiva predicen un aumento de las creencias de conspiración y éstas, a su vez aumentan tales sentimientos. ¿Paradójico? Si, pero las cualidades entretenidas de las teorías de conspiración probablemente estén asociadas con experiencias emocionales intensas que pueden ser negativas, positivas o ambas, porque las teorías de conspiración están asociadas con experiencias emocionales intensas que no son exclusivamente negativas.

Por ejemplo, un perceptor puede creer que es el primero en descubrir un secreto importante con implicaciones de largo alcance y, por lo tanto, experimentar un sentido de significado y propósito. De acuerdo con esta línea de razonamiento, las creencias conspirativas se correlacionan con la susceptibilidad al aburrimiento, la necesidad de sentirse único y especial e incluso el narcisismo.

Vale recordar que es más fácil para las personas procesar mentalmente la información que es cautivadora y llamativa, e incluso aumenta la probabilidad de aceptar dicha información como verdadera. En sí, la seducción tiene dos caras. Cada uno decide creer o no hacerlo.

 

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