Ricardo Bernal
Cuauhtémoc Cárdenas murió la noche del miércoles 28 de octubre, a los 92 años, y en pocas horas lo despidieron la presidenta Claudia Sheinbaum, el expresidente Andrés Manuel López Obrador, el expresidente Vicente Fox y los dirigentes del PRI, el PAN y Morena. Sheinbaum escribió que en 1988 “debió haber sido reconocido como presidente”. López Obrador dijo que, sin él, “otra sería la realidad política del país”.
El partido que Cárdenas fundó en 1989 corrió otra suerte. El 19 de septiembre de 2024, el INE declaró la pérdida del registro nacional del PRD, que no alcanzó el 3% de la votación válida en las elecciones de junio. Entre el homenaje de esta semana y esa pérdida cabe una pregunta sobre qué sobrevive de un proyecto político cuando su partido se vacía y sus herederos son muchos. Mi lectura, que presento como tal, es que Cárdenas dejó el partido pero no sus causas, que el partido se vació, y que las causas se repartieron entre quienes hoy lo reclaman, cada uno con una parte distinta de su figura.
Dejó el partido, y las causas siguieron con él
Cárdenas militó 25 años en el PRI, del que fue senador y gobernador de Michoacán, y lo dejó en 1987 tras cofundar una corriente interna que pedía democratizarlo. Fue el primer presidente nacional del PRD, hasta 1993.
Su distancia del PRD fue gradual. En marzo de 2004 renunció a cargos internos, entre ellos el Consejo Nacional, aunque siguió como militante. En julio de 2005 declinó disputar la candidatura presidencial y adujo falta de discusión programática. En noviembre de 2014, dos meses después de la desaparición de los 43 normalistas de Ayotzinapa, presentó su renuncia irrevocable. Había pedido sin éxito la salida del presidente del partido, Carlos Navarrete. El alcalde de Iguala, José Luis Abarca, había sido postulado por el PRD en 2012 en alianza con otros partidos, y a principios de octubre Navarrete había reconocido el error de esa postulación.
La carta de renuncia no menciona Ayotzinapa. Critica un sistema de cuotas consolidado por reformas estatutarias, plantea la necesidad de recuperar la credibilidad del partido y de sus dirigentes, y explica que prefería recibir críticas antes que compartir la responsabilidad de decisiones tomadas por miopía, oportunismo o autocomplacencia, sin autocrítica. Cerró con la frase que da título a esta columna.
Después siguió interviniendo en el debate público. En 2021, en una entrevista en TeneBrozo, de Latinus, pidió a los ciudadanos exigir a los tres poderes un rumbo para el país. En 2022 publicó el libro Por una democracia progresista y habló en un acto en el Senado a favor de la autonomía de la autoridad electoral. En 2024 anunció que votaría por Sheinbaum. En 2026 aceptó la presidencia honoraria de la Comisión Consultiva del Petróleo de Pemex.
Abrió una puerta que otros cruzaron
En 1988 fue candidato del Frente Democrático Nacional. Esa noche se interrumpió el cómputo, la llamada caída del sistema, y el resultado oficial dio la victoria a Carlos Salinas de Gortari. Para muchos mexicanos, Cárdenas había ganado. El resultado legal nunca cambió.
René Torres-Ruiz escribe, en la Revista Mexicana de Estudios Electorales, que su presencia “ayudó a cambiarle el rostro a un régimen autoritario”. De aquella movilización nació el PRD.
En 1997 ganó la primera elección directa del gobierno de la capital. Pablo Yanes, en Nueva Sociedad, caracteriza esa administración por haber iniciado la democratización de la ciudad y la afirmación de los derechos políticos de sus habitantes, mientras que las siguientes pusieron el acento primero en los derechos sociales y después en los civiles. La política social universal llegó con López Obrador, que creó en la capital la pensión para adultos mayores, la convirtió en ley en 2003 y, ya como presidente, la elevó a la Constitución en 2020. La política social que hoy se asocia con la izquierda gobernante nació en un espacio que Cárdenas abrió, aunque no la diseñó él. En 2021, el propio Cárdenas reconoció esas políticas, el apoyo a adultos mayores y jóvenes y el aumento del salario mínimo, y señaló que faltaba una política de crecimiento y empleo.
La ruptura se repitió contra su propio partido
Cárdenas salió del PRI y construyó un rival que le disputó el poder. Su partido vivió después algo parecido. López Obrador, que se sumó al Frente en 1988, llegó a presidir el PRD en 1996 con el respaldo de Cárdenas, gobernó la capital de 2000 a 2005 y terminó fundando Morena. Cuando Cárdenas renunció en 2014, la prensa señalaba que Morena competiría por primera vez al año siguiente y disputaría al PRD el lugar de primera fuerza de la izquierda. En 2018, López Obrador ganó la Presidencia, que Cárdenas no pudo alcanzar en tres intentos, y Cárdenas lo felicitó.
Mi lectura es que cada ruptura desde dentro produce un rival que hereda parte de la legitimidad y de los cuadros de la organización que deja, y que esa herencia se diluye en el camino. Nada de esto permite saber qué habría pasado con el PRD si Cárdenas se hubiera quedado, solo que su salida no basta para explicar su caída.
¿Qué reclama cada heredero?
Los mensajes de estos días muestran qué parte de Cárdenas reclama cada quien. Sheinbaum recordó 1988 como el inicio de la transformación democrática y destacó su fidelidad a la soberanía y a las causas sociales. López Obrador lo llamó precursor y transformador. Fox y los dirigentes del PRI y del PAN subrayaron su aporte a la apertura democrática. Morena lo definió como referente histórico de la izquierda. Los mensajes de Sheinbaum y López Obrador, tal como se difundieron, no mencionan las críticas que Cárdenas hizo a su gobierno.
Esas críticas existieron. En 2019 dijo a El País que no veía una izquierda organizada ni a ningún político importante que pudiera ubicar en ella. En 2022, al presentar su libro, dijo no saber qué responder cuando le preguntaban qué es la Cuarta Transformación, y cuestionó la
refinería de Dos Bocas, la revocación de mandato y la política migratoria. En febrero de 2023, tras asociarse su nombre con la iniciativa Méxicolectivo, López Obrador dijo en su conferencia matutina que en política sí era su adversario si asumía una postura conservadora, aunque lo consideraba precursor de su movimiento. Semanas después, Cárdenas dijo a El País que nunca se había considerado adversario político suyo.
En enero de 2024, López Obrador agradeció públicamente un reconocimiento de Cárdenas a su administración. Cárdenas anunció después su voto por Sheinbaum y en 2026 presidió la comisión de Pemex de su gobierno. Su hijo, Lázaro Cárdenas Batel, es jefe de la Oficina de la Presidencia desde octubre de 2024. Su trayectoria frente al gobierno combinó críticas y colaboración, y quienes hoy lo reclaman recogen la parte compatible con su relato.
¿Qué queda, y dónde?
Queda, primero, lo que está escrito en reglas e instituciones. El INE reconoció la contribución del PRD a la consolidación democrática al informar la pérdida de su registro. El IPN le otorgó en enero el doctorado honoris causa, la octava vez que concede esa distinción, y la UNAM creó una cátedra con su nombre sobre democracia y elecciones.
También queda lo que se ejerce desde el poder. La izquierda gobierna la capital que él ganó por primera vez, hoy con Clara Brugada, después de López Obrador y de Sheinbaum, y gobierna el país que él no pudo gobernar. Hay, además, la legitimidad de su nombre, que hoy citan todos los partidos.
Lo que queda sin resolver es lo que él reclamó del partido en 2014: cuotas que sustituyen al debate, ausencia de autocrítica, credibilidad perdida. Ninguno de los mensajes citados lo aborda. Creo que esa omisión pesa más que cualquier homenaje, porque es la parte de su herencia que incomoda a quienes la reclaman.
Cárdenas escribió en 2014 que seguiría activo en las causas con las que tenía compromiso. Con el 2 de noviembre tan cerca, la frase suena a promesa de ofrenda: que desde donde esté siga en eso, y que allá le vaya mejor que a sus causas acá. Aquí las puertas que abrió se citan en los discursos y se ocupan poco, y el reclamo alcanza a todos los que se dicen de izquierda, a los izquierdistas de sobremesa.
Por eso me quedo con la pregunta: ¿quién del panorama actual verdaderamente está activo en las causas con las que tiene compromiso?














