Cada vez más y conforme se acercan las elecciones del 2027, donde de manera más
constante se dice que el partido Morena perderá su artificial mayoría en el Congreso de la
Unión y en buena parte de los Congresos locales y puede que varias gubernaturas, los
ataques y obstáculos que le ponen al presidente nacional del PRI, Alejandro Moreno
Cárdenas, cada vez son mayores y constantes sin conseguir ni un ápice doblar al líder
priísta que va señalando los detalles que conforman, como en un rompecabezas, la
corrupción guinda.
En Ensenada, Baja California, el oficialismo enderezó sus baterías en contra del también
senador tricolor y a su salida de una visita que le hizo a Ernesto Ruffo Appel, fue
increpado por una persona que dijo ser un “ciudadano honesto”, que pretendía armar un
pleito.
“¡A ti te mandó Morena!”, le espetó Alito Moreno y ni con vulgaridades, este “ciudadano
honesto” pudo conseguir sus fines.
Y en realidad, lo que ve con enorme preocupación Morena, es que la oposición, PRI y PAN,
están consiguiendo consolidar alianzas para los comicios del 2027 y hasta sudan cuando
ven todos los “trapitos sucios” que a los morenistas les salen a la luz y que son como las
escaleras que barría Andrés Manuel López Obrador, de arriba para abajo.
Tan arriba como la mismísima dirigente de Morena, Ariadna Montiel. El senador Moreno
Cárdenas hizo eco de la investigación periodística que consigna que la exsecretaria del
Bienestar se habría reunido ni más ni menos que con el hermano de Joaquín “el Chapo”
Guzmán, conocido como el Guano Guzmán y se pregunta: “cuántas elecciones pudieron
haber sido contaminadas por el dinero y las amenazas del narcotráfico?
La señora Montiel, hace lo que tanto ha venido condenando desde que asumió el
liderazgo morenista. Ya hasta se parece a la exalcaldesa de Chilpancingo, la también
guinda Norma Otilia Hernández Martínez, quien en el 2023 se reunió con Celso Ortega
Jiménez, líder de Los Ardillos.
PERFILES AUTONOMOS PARA EL INE
Tan luego como Guadalupe Taddei hizo llegar su renuncia anunciada un día antes, a la
Cámara de Diputados, el presidente de la Junta de Coordinación Política, (JUCOPO), de esa
instancia legislativa, Ricardo Monreal se puso en el tema y por sus redes, difundió que
“para garantizar un proceso electoral impecable, es necesario renovar los cuadros
nombrados por la expresidenta del INE. Las nuevas designaciones deben recaer en perfiles
idóneos, imparciales y de probada autonomía”.
Lo recomendable es hacer una pequeña pausa para que las circunstancias se empiecen a
acomodar, porque es evidente que el INE entró en una muy difícil crisis, lo que resulta
sumamente riesgoso en especial, porque ya vienen las elecciones del 2027 y la situación
de un INE acéfalo, es inédita.
Un punto que no se puede soslayar es que ahora Morena, especialmente el solitario
inquilino de Palenque, en una nueva y sórdida trama, se rehúsa a perder el control del
INE, si ya tiene en control del Congreso y del Poder Judicial, Andrés Manuel López
Obrador no puede soltar al INE, más aún, porque mucho se habla de que el o la nueva
consejera-presidenta del Instituto, debe retornar a sus orígenes ciudadanos y el INE, a las
decisiones colegiadas.
Por lo pronto, se postergó la decisión de quién será el consejero-presidente del Instituto
porque ha trascendido que se quiere poner a Arturo Manuel Chávez López,
recientemente nombrado consejero del INE que tiene fama de ser “más papista que el
Papa”, o mejor dicho, más 4T que la mismísima 4T.
Ahora, para elegir al muevo consejero, o consejera presidente del INE, -en un proceso que
durará alrededor de cinco semanas-, hay que tomar em cuenta que no habrá voto de
calidad por lo que en el INE entonces tendrá que haber un apoyo unánime. Lo ideal sería
nombrar una presidencia por unanimidad y la Cámara de Diputados tendrá que nombrar
bajo esos mismos lineamientos a la sustituta o sustituto que quedará al frente del
Instituto, pero con la mayoría que tiene Morena en la Cámara Baja, lo más probable es
que harán todo para imponer a un perfil idóneo, pero para el oficialismo.
Diversos analistas coinciden en cambio en que se tendría que elegir un perfil con la
capacidad de conducir un Instituto tan complejo como el INE y sobre todo, tener la
confianza de la ciudadanía.
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