Ni en sus respuestas más contundentes al gobierno de Donald Trump en cuanto a no
aceptar la intervención de tropas estadunidenses en territorio nacional para combatir a
los carteles, la presidenta Claudia Sheinbaum, había mostrado tanta indignación y enojo
como cuando le preguntaron si era verdad o no que a su mentor y antecesor, Andrés
Manuel López Obrador, lo habían internado el fin de semana pasado en el Hospital Militar
debido a una afección cardiaca.
Ahí sí se le descompuso el rostro, como cuando regañó a los diputados de Baja California
en aquella gira en la que éstos últimos le pedían la “selfie”. Ahora, la jefa del Ejecutivo se
puso en modo “no me toquen a AMLO” y se lanzó a la defensa de su guía moral; como si
estuviera defendiendo la tan llevada traída y llevada soberanía del país, bueno, peor.
“Primero la irresponsabilidad de algunos comunicadores…” y acto seguido, dio el nombre
del periodista que habría filtrado por las redes tal información. “¿Qué fuente tenía?, pues
ninguna porque era falso”, espetó visiblemente enojada; ni así se pone cuando Trump se
burla de ella y hasta la imita diciendo que tiene una “linda voz”.
Si de por sí, desde los tiempos de López Obrador, el tabasqueño un día sí y al otro
también, se lanzaba a la yugular de los medios que le resultaban muy incómodos, pues
ahora, la lógica de esta errada y llamada cuarta transformación, ahora en su segundo piso,
le dicta a la presidenta que tiene que arremeter en contra de los medios que difieren con
ella, cosa que por cierto, ya ha hecho en ocasiones anteriores.
Vale señalar que Sheinbaum, a diferencia de su querido antecesor, no ha sido tan radical.
Cuestión de recordar cómo el de Macuspana calificaba de inmundos pasquines a aquellos
medios que cuestionaban, sobre todo, las actividades de sus hijos que en cuestión de unos
cuántos años se convirtieron en ricos hombres de negocios.
Están también los pleitos casados con aquellos que pusieron a la familia López en
entredicho y afortunadamente, no pudo escalar más. Ahora la pregunta es si Sheinbaum
Pardo podría llegar a esos niveles de radicalización, con tal de defender a quien la llevó a
la presidencia de la República, con eso de que “amor con amor se paga”.
FUNERAL DE LA REFORMA ELECTORAL
Como se había consignado ya, la semana que inició será clave para la controvertida
reforma electoral con la que dice la jefa del Ejecutivo que ya le cumplió al “pueblo sabio y
bueno” y a la vez, pudo comprobar que su poder de convocatoria con las rémoras de
Morena, PVEM y PT, pues de plano no le alcanzó y por eso, cada vez son más lo que
anuncian los funerales de una reforma que nació muerta.
Hasta el momento, las Comisiones Unidas de Puntos Constitucionales y de Reforma
Político-Electoral de la Cámara de Diputados, que presiden los morenistas Leonel Godoy y
Víctor Hugo Lobo, respectivamente fueron convocadas a una reunión justo el día de hoy a
las seis de la tarde para discutir y votar el dictamen de la controvertida reforma.
Hay que recordar que en comisiones, Morena no tiene mayor problema, esto es, con
mayoría simple les basta para aprobar el dictamen porque cuentan con algo así como 40
votos, con lo que es posible adelantar que de ahí, la iniciativa llegará al pleno de la Cámara
de Diputados.
El problema mayúsculo se dará entones en el pleno porque la reticencia tanto del PT
como del Verde continuaba.
Ya desde la semana pasada, el presidente de la Junta de Coordinación Política de la
Cámara de Diputados, Ricardo Monreal, decía que él, era negociador político, no mago,
en referencia a la encomienda que le dio ni más ni menos que Sheinbaum.
Pues ayer, en entrevista el diputado zacatecano, por enésima ocasión declaró que ya no
hay prácticamente ninguna esperanza de convencer a las rémoras morenistas para que
voten a favor de la jaloneada reforma.
Reiteró que lo único seguro es el voto guinda.
Todo indicaría pues, que al no ser aprobada en Cámara de Diputados, no pasaría al
Senado y entraría en acción el Plan “B” que tiene que ver con reformas legales como a la
Ley General de Elecciones, a la Ley de Partidos porque Sheinbaum cuenta con el voto leal
y ciego de su bancada.
Sin embargo, la insistencia de los de Morena es la cuestión de modificar al INE, lo que se
puede tocar en la ley, dejando aparte los cambios constitucionales. Lo que no pueden
hacer los guindas, en contrasentido, es reducir el financiamiento a los partidos políticos ni
eliminar la representación proporcional.
De no pasar la reforma como la plantea Sheinbaum, en lo general no habría cambios, No
obstante, el dilema reside en que lo único que cambiaría es la capacidad del INE, porque si
se le recortan recursos podría no alcanzar la eficiencia porque de plano, lo estarían
maniatando.
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