Aunque el gran discurso del comandante Fidel Castro Ruz en 1953 para defender el arranque de la guerrilla fue bajo la argumentación de que buscaría un régimen democrático, desde el comienzo el Gobierno de los guerrilleros eludió cualquier intento de establecer reglas de competencia liberal e instauró una dictadura con el apoyo de la abrumadora mayoría de la sociedad.
Por eso es que los mensajes que están llegando desde La Habana en la actual crisis de disponibilidad de servicios para hacer funcionar de manera mínima las necesidades de la República insisten en echarle la responsabilidad de Cuba los países que tendrían que apoyar con recursos la existencia del régimen cubano, sin que el gobierno, su gerontocracia de la nomenclatura militar castrista y el funcionariato burocrático estén dispuestos a abrir el sistema comunista no a petición de Estados Unidos, sino en respuesta a las crecientes corrientes de ciudadanos que quieren optar por una opción ideológica de gobierno y pelean por espacios de libertad y democracia Indispensables para ser tomados en cuenta por sus necesidades y no por su sumisión al proyecto autoritario y militar del castrismo.
El modelo ideológico de gobierno de Fidel Castro no se ajustó a los requerimientos que el propio Marx señalaba como indispensables para desarrollar la instauración de un verdadero comunismo: el desarrollo de las clases productivas, un modelo industrializado y sobre todo una clase obrera militante como clase productiva en la disputa de los medios de creación privada de la riqueza.
El régimen de Castro se burocratizó en un populismo bonapartista criticado por el propio Marx en El 18 brumario de Luis Bonaparte: el Estado se convirtió en el eje de la producción y de la distribución, pero sin capacidad para generar un sistema económico industrial y agropecuario que generara la riqueza indispensable para las necesidades de los cubanos. Y el asunto se complicó cuando el propio Fidel Castro optó por el modelo autoritario sin ningún resquicio a otras ideas que nos fueran las oficiales, y el punto final llegó a la reforma constitucional que decretó irreversible el sistema comunista.
La Cuba de Castro dependió de un pacto militar con la Unión Soviética que estuvo a punto de derivar en una Tercera Guerra Mundial en octubre de 1962 con la instalación de misiles militares apuntando a posiciones territoriales de EU; pero luego del colapso soviético en 1989-1991, Cuba se dedicó a buscar padrinazgos económicos que le permitieran el dominio absoluto de la vida política interna y así cayó en manos de Hugo Chávez Frías, a quien convirtió en el heredero ideológico de la Revolución Cubana a cambio de petróleo.
La decisión del presidente Trump de organizar un bloqueo en modo terminal al régimen cubano responde a la lógica de la Doctrina Monroe y la dominación totalizadora de EU sobre todo el continente americano, pero un momento en que Cuba dejó de ser un símbolo político, no tiene guerras africanas que apoyar, finalmente se percató de la ineficacia del modelo cubano de revolución permanente, foquismo guerrillero o –como lo planteó el intelectual castrista y luego anticastrista Régis Debray– de “revolución en la Revolución”, sin pasar en ningún momento por el proceso lógico de todos los regímenes de Estado: la institucionalización basada en el desarrollo interno del propio modelo para arribar a una autosuficiencia o independencia mínima.
La Cuba de Fidel Castro hoy es inviable, y los pocos espacios de distensión que se plantearon como oportunidades de avance sistémico y que no cambiarán la esencia marxista-leninista –más que comunista– de su régimen fueron desdeñados por la pureza ideológica de la gerontocracia castrista que no ha querido reconocer que la viabilidad del modelo cubano necesita de reglas mínimamente democráticas que bien pudieran no desviarse del camino original, pero sí hacer concesiones para su propia sobrevivencia.
El problema de Cuba radica en un hecho inocultable: su ejemplo simbólico de lucha contra una dictadura ultra capitalista en nombre de las mayorías empobrecidas se ahogó en un régimen autoritario que ha preferido exiliar a quienes piden reglas de participación sin modificar estructura socialista. Y hoy Cuba es un ejemplo de una dictadura comunista similar algunas dictaduras latinoamericanas ultraderechistas.
La crisis de aislamiento petrolero es la última oportunidad para que la Cuba de Castro entienda las limitaciones de su proyecto y acepte una transición a espacios más democráticos. Rusia y China han profundizado sus dictaduras comunistas, pero a partir de una capacidad de autonomía productiva que requiere menos de la asistencia internacional.
La mejor ayuda que se le puede prestar a la Cuba comunista desde cualquier escenario de izquierda socialista y hasta populista sería obligar al general Raúl Castro a propiciar una transición mínima con una clase política menos dogmática. Si Cuba no atiende a democracia funcional en el corto plazo, la respuesta social podría arrasar con todo vestigio del modelo soñado por Fidel Castro Ruz.
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Política para dummies: la política es el camino de la sobrevivencia.
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