La aparición el martes 3 de febrero de un manifiesto político que marcó el arranque del Frente Amplio Democrático opositor le arrebató la iniciativa electoral secreta a la alianza Morena-Verde-PT y le redujo el margen de maniobra a Palacio Nacional en la reforma en modo salinista del INE.
El dato más importante de esa nueva organización opositora apareció a ojos de todos: la coincidencia de todas las fuerzas opositoras al proyecto lopezobradorista en busca de un tercer sexenio de gobierno, entre ellas náufragos del PRI, del PAN, del PRD, del desaparecido Partido Comunista y hasta de Morena, con el agregado de figuras muy significativas de la sociedad civil.
Aunque el propósito del llamado Frente Amplio Democrático (FAD) –segunda o tercera oportunidad que busca la oposición bajo el simbólico concepto de “Frente Amplio” que proviene de la lucha política civil contra dictaduras militares latinoamericanas– fue el de llamar la atención a la arquitectura adelantada de manera oficial de lo que sería la reforma electoral diseñada por el presidente López Obrador antes de entregar el poder, armada por el exdirigente comunista Pablo Gómez Álvarez y amadrinada por la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo.
El otro dato importante que reveló el manifiesto del FAD fue la presencia activa de exfuncionarios del IFE y del INE y de académicos expertos en derecho electoral, aunque ahora de manera sorprendente del lado de las propuestas de una reforma electoral que ahora sí debe de ser democrática y no la que ellos apadrinaron como propuestas del modelo de organismos electorales de 1990-1994-1996-2014 como una revolcada Comisión Federal Electoral en modo Manuel Bartlett Díaz: oficinas electorales que respondían a los intereses del PRI como partido mayoritario y luego su alianza con el PAN.
Pero los de menos es el cargo de conciencia que deben tener esos funcionarios salinistas del IFE/INE hoy en la oposición porque el gran debate que se viene en los próximos días es la iniciativa de reforma electoral AMLO-CSP basados en una alianza exclusivamente de Morena-Verde-PT para imponer una estructura controlada por el oficialismo, igual a sus tres antecedentes: la CFE, el IFE y el INE.
El FAD tuvo la capacidad de poner en la centralidad del debate político la reforma electoral prefigurada con claridad por López Obrador y Sheinbaum Pardo, con el dato de la primera derrota de ese proyecto transexenal: para no perder el apoyo de sus aliados –el Partido Verde y el Partido del Trabajo–, Palacio Nacional ya filtró la información de que no se modificará la estructura de los 200 plurinominales y es casi seguro que tampoco se modifique el modelo de elección, cuando menos para las votaciones legislativas del 2027, porque Morena está en riesgo de perder la mayoría calificada si el Verde y el PT bajaban plurinominales.
El dato subyacente del FAD radica en la posibilidad que dejó entrever la larga y conocida lista de firmantes del manifiesto y el indicio como posibilidad hasta ahora remota pero no descartada de que pudiera haber alianzas electorales para ampliar los votos a favor de la oposición y dejar la pista de que la elección presidencial del 2030 pudiera conseguir un candidato único opositor que encare en las urnas al candidato oficial.
La confluencia en un manifiesto de las tres grandes corrientes opositoras que surgieron en la lucha a favor del INE, en contra de la reforma judicial y como preludio a nuevas organizaciones partidistas es también otro dato mayor que no se debe desdeñar, independientemente, inclusive, de que en las firmas aparezcan personajes impresentables, pero no menos cuestionados que la larga lista de políticos de Morena que se han visto involucrados en graves escándalos políticos.
La iniciativa de reforma electoral de AMLO-CSP a través de la troika Morena-Verde-PT tendrá que lidiar con la argumentación válida de los opositores del FAD, aunque en sentido real ninguna de las dos grandes formaciones político-partidistas-sociales tiene en mente la conformación de una estructura electoral realmente democrática y autónoma de los bloques dominantes de poder. Sin embargo, el FAD ya ganó un espacio político en el debate y no podrá ser marginado, desdeñado, ninguneado o apartado para que la única reforma válida sea la del 55% de votos que representa en la realidad la alianza oficial.
El manifiesto del FAD debe leerse también en el escenario de las decisiones trasnacionales del Gobierno de Estados Unidos para meterse en procesos electorales de su territorio monroísta latinoamericano y la posibilidad de que de manera oficial la Casa Blanca ejerza –en forma arbitraria e invasora, pero al estilo atrabancado del presidente Trump– la facultad de extraterritorial de validar o invalidar elecciones en su principal espacio territorial de su frontera política, ideológica, geopolítica al sur del Río Bravo.
El FAD ocupó ya un espacio político en el debate de la reforma electoral que será decisiva para la configuración de la próxima Cámara de Diputados.
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Política para dummies: la política, de nuevo Gramsci, es una guerra de posiciones.
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