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Columnistas

Roberto Vizcaíno – TRAS LA PUERTA DEL PODER: Maduro, en vías de extinción

Al fin tiempos estos de medios digitales, que hacen parecer todo cercano e inmediato, el mundo entero es testigo minuto a minuto del rápido ocaso de Nicolás Maduro.

Como nunca antes –quizá un caso más o menos similar fue la caída de Sadam Husein-, habíamos sido espectadores privilegiados de la caída de un mal aspirante a dictador.

Y digo mal aspirante a dictador, porque Maduro no tiene nada que ver con verdaderos tiranos como lo fueron Somoza, Franco, Mousolini o el aterrador dominicano Leónidas Trujillo. Ni siquiera en eso cumplió. Si hubiera un tiranometro lo más que alcanzaría Maduro sería el nivel de bufón.

Sin dinero -porque EU le cortó ya la llave del acceso a los recursos del petróleo-; con una población mayoritariamente en contra, que además ya le perdió el miedo; con un ejército cada vez más dudoso de irse con él a la inmolación; repudiado por la mayoría de las naciones del orbe, al heredero de Hugo Chávez le queda cada vez más claro que se le acabó el futuro.

Invadido por la soberbia y la estupidez, Maduro no vio venir la avalancha ciudadana y de desconocimiento internacional que en los hechos ya lo echó del poder.

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Creo que hoy el chavista ya sabe que el joven diputado Juan Guaidó es quien despacha como presidente de Venezuela. Que es quien ya habla y a quien le llaman los otros presidentes del mundo. Ayer lo hizo ya con Trump. Antes con Pedro Sánchez de España y con Macrón de Francia.

Es a Guaidó a quien pronto le comenzarán a llegar los recursos del petróleo venezolano retenidos por EU, y que será él quien repartirá los alimentos y medicinas que le enviarán los presidentes y Jefes de Estado de EU, Canadá, la mayoría de los presidentes de Latinoamérica, Europa y otros como Israel y Australia.

Y esto, lo sabemos todos, es lo que lo legitimará ante los millones de venezolanos hambrientos y ansiosos no sólo de comida y libertad, sino de seguridad y de recuperar su dignidad.

Conforme pasan las horas y Maduro aparece rodeado de militares o haciendo declaraciones desesperadas, histéricas, disminuyen las posibilidades de la violencia aún cuando todos también sabemos que el acorralado y moribundo suele dar coletazos.

En 3 o 4 días, quizá el domingo, se vence el plazo de no pocas naciones para que convoque a elecciones libres, y se vaya en paz. Si no lo hace, todos esos jefes de Estado que ya la dieron la espalda, reconocerán masiva y oficialmente a Guaidó como Presidente de Venezuela.

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Hoy Maduro seguramente sabe que ya no está para perder el tiempo. Todavía puede alcanzar una salida negociada, un exilio cómodo y seguro.

Si se aferra, terminará mal, quizá como Gadafi y otros que no quisieron escuchar la avalancha de la repulsa.

Con su extinción termina el experimento de un socialismo populista salvaje, atropellado, en el sur del continente, iniciado por el comandante Hugo Chávez oficialmente en febrero de 1999 y que logró influencia en mandatarios de varias naciones en la región.

Hoy mismo ese experimento por terminar tiene fuertes adeptos en el régimen de Andrés Manuel López Obrador en México, entre otros en el matrimonio formado por René Bejarano y Dolores Padierna, Gerardo Fernández Noroña, John Ackerman y evidentemente en el mismo jefe de esa tribu, ya usted sabe quién, circunstancia que arrastra a personajes como Ricardo Monreal y Mario Delgado, líderes de los morenistas en el Congreso, lo que le da al chavismo una formalidad alarmante en los primeros niveles del poder público mexicano.

Ayer Monreal todavía salió a defender al indefendible Maduro arguyendo un complot golpista de Trump que podría estar fraguando una invasión armada de EU contra el chavista.

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“Sería un recurso deleznable contra la soberanía de ese país, y desencadenaría una confrontación mundial”, alertó el zacatecano cuando es evidente que otros muchos presidentes del mundo desarrollado y democrático apoyan el cambio en Venezuela. Cuando ciudadanos de todas esas naciones abominan a Maduro. Cuando en México una gran parte de la población reprueba el apoyo de AMLO a Maduro.

UNA EXTINCIÓN FULMINANTE

Bien decía mi primo Jorge Frías, las cosas se terminan… cuando se terminan. No antes ni después.

Así Maduro cae justo cuando ya no tenía ninguna posibilidad de quedarse. El rechazo de los venezolanos y del resto del mundo en su contra lo acompañó desde que murió su protector Hugo Chávez el 5 de marzo de 2013 y, ya muerto, lo impuso en el cargo.

En todos estos años el heredero enfrentó manifestaciones e intentos desordenados de la oposición por quitarlo. A todos esos esfuerzos ciudadanos se sobrepuso Maduro. Y eso lo empoderó en su soberbia. Se sintió invulnerable.

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La obviedad nos dice que Maduro simplemente despreció a Guaidó, un ingeniero de apenas 35 años y sin mayor connotación ni histórica o política, quien el 5 de este enero, asumía el liderazgo de una Asamblea Nacional opositora muy disminuida, dispersa, sin mayores personajes.

Seguramente que el aspirante a dictador sonrió cuando se enteró que Guaidó, anunció que recurriría al Artículo 233 de la Constitución venezolana para desconocer al régimen y convocar a nuevas elecciones libres y democráticas.

Nunca pensó quizá que tantos venezolanos pudieran salir a las calles como lo hicieron el miércoles 23 alrededor de nuevo líder, quien ese día se proclamó Presidente “encargado” para convocar a elecciones.

Y no quiso creer que casi inmediatamente lo reconocieran no sólo Trump, sino el gobierno de Justin Trudeau en Canadá, y casi en cascada unas 18 naciones del continente, menos el de AMLO en México y los de Cuba, Uruguay, Bolivia y Nicaragua.

Se puso histérico cuando horas después Pedro Sánchez, presidente de España se unió a la ola de apoyos a Guaidó, seguido por Ángela Merkel de Alemania, Theresa May en Gran Bretaña y Emmanuel Macron en Francia dieron el mismo paso para luego ser seguidos por los otros 24 jefes de la Unión Europea.

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La suma de Israel y Australia es ya el colmo de una caída sin red para Maduro.

Lo que ya determinó el hundimiento final, fue que Trump ordenó retener los recursos petroleros de Venezuela y reorientarlos a Guaidó. Eso ya convirtió la presidencia testimonial de Guaidó en una presidencia real, quien en una serie de acciones contundentes designó nuevos embajadores en las principales capitales del mundo con el encargo de establecer contacto directo con gobiernos y otros sectores que asegurarán el tránsito rápido a la democracia de Venezuela.

Acorralado, en caída libre, a Maduro no le ha quedado otra que jugar a los soldaditos con su ejército. Rodeado de asesores cubanos, Maduro puede todavía inmolarse y sumir a Venezuela en la violencia fratricida. Haga lo que haga su fin no tiene regreso. Y el plazo para alguna de esas alternativas se dará en los siguientes 4 días. No más.

DENUNCIA Y DESCONTÓN

Tanto le han preguntado al presidente Andrés Manuel López Obrador en sus conferencias madrugadoras sobre cuándo iba a proceder penalmente contra el líder petrolero Carlos Romero Deschamps que ayer finalmente soltó la sopa y confesó que sí hay una denuncia en su contra, pero que no es de él o alguien de su gobierno, sino de un tercero que no la ha ratificado.

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“Estamos esperando (a que la ratifique)”, indicó lacónico.

La respuesta deja en claro que AMLO no va a proceder contra Romero Deschamps y que si alguien más lo hace no significa que el dirigente petrolero vaya a ir a dar a la cárcel.

Menos tolerante, AMLO respondió con enojo a la degradación hecha a la situación financiera de Pemex por la calificadora Fitch. Dijo que quienes integran esa calificadora son unos hipócritas, que prácticamente actuaron como cómplices sin decir ni pío ante el enorme endeudamiento de la paraestatal. Y, a contrapelo de lo señalado por Fitch López Obrador afirmó que Pemex está hoy mejor que durante los últimos 30 años.

El asunto es que a los de Fitch les importa un pepino los preceptos morales del mandatario mexicano, sus condenas y sus propias calificaciones, y van a cobrarle super caro a Pemex y al Gobierno de AMLO el no haberles convencido de que en realidad tienen planes viables de desarrollo. De eso no hay duda.

 

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