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Por Luis Repper Jaramillo: Despresurizar reclusorios trasladando reos peligrosos a una isla – *Capos, asesinos, violadores, traficantes, pedófilos, políticos corruptos a ínsulas

lrepperjaramillo@yahoo.com
¿Quién recuerda este nombre, Ingrid Escamilla? seguro todos o la mayoría de los
mexicanos. Ella era una chica de apenas 24 años de edad, que tuvo la mala decisión de vivir
con un sujeto alcohólico y drogadicto, que frecuentemente discutía, peleaba y golpeaba a la
indefensa (ante la fuerza física del hombre drogado o ebrio sucumbe) jovencita.
En uno de tantos desencuentros y en arranque de celos (según la FGJCDMX), Francisco
“N” empezó insultando, de ahí pasó a los golpes y para terminar su cobardía clavó en su
cuerpo un puñal, no conforme, cercenó en partes el cuerpo de Ingrid, los depositó en varias
bolsas de plástico, para después esparcirlas por las calles de la colonia; una de ellas en el
drenaje y se dio a la fuga.
Pese a que en 2019 la infortunada muchacha denunció penalmente a su pareja ante el MP
éste –como siempre- juzgó que sólo eran “pleitos de pareja” y no ordenó la detención de
Francisco. Meses después de la querella, la historia se las conté.
El infeliz fue detenido y purga pena por homicidio en un reclusorio de la Ciudad de
México.
Como este hay miles de hechos consumados en todo el país. Como aquel de la Colonia
Guerrero, en donde la pareja de una muchacha hizo lo mismo que Francisco, sólo que este
empaquetó las partes del cuerpo en el refrigerador y cotidianamente comía los restos
mortales de la chica.
El cobarde también fue detenido y purga su fechoría en una cárcel capitalina, mantenido
con los impuestos que la autoridad hacendaria nos retiene por trabajar, por comprar, por
consumir. Ambos tipos pasarán entre 70 años o cadena perpetua recluidos en prisión,
alimentándose tres veces al día, vestidos y calzados por la sociedad. Improductivos,
sangrando el erario público que usted, yo, sus familiares, amigos y conocidos aportamos vía
impuestos para mantener asesinos, rateros, secuestradores, violadores, pedófilos, corruptos,
defraudadores, malandrines, que aunque privados de la libertad, viven mejor que los
pobres, pobres extremos, marginados, ignorados por las autoridades federales, estatales y
municipales.
Le conté dos historias, pero usted, inteligente lector, cibernauta conoce más, muchas más
que ha escuchado, leído, le cuentan, ve en la televisión, etc.
Esta lacra social no recompone su vida. Hay quienes salen de su reclusión y de inmediato
delinquen, se amafian, sirven de brazo armado a capos en prisión, o después de pasar
algunos años en las “universidades del crimen” como se les conoce coloquialmente a los
reclusorios, encontraron su vocación como delincuentes. Reinciden y retornan a celdas a
saturarlas convirtiéndose en carga innecesaria y antisocial para la comunidad.
El sistema burocrático de justicia por incapacidad, complicidad, influyentismo, corrupción,
sumisión o parcialidad es uno de los causantes del retraso en los juicios penales y
acumulación de expedientes, que saturan los juzgados cuyos juicios se convierte en subasta
al mejor postor para declarar, sobreseer, dictaminar, procesar y sentenciar a un “presunto “
delincuente, de acuerdo a “según el sapo es la pedrada” y la habilidad de los “abogados”
para comprar conciencias e intereses del juzgador para desahogar “mi caso, Señor Juez”
O bien violando el debido proceso o derecho humano de un inculpado.

Esto se ve en las cifras de los juicios en agenda, como lo señala un reporte del Órgano
Administrativo Descentralizado en Prevención y Readaptación Social, que de diciembre de
2018 a diciembre de 2019 en el país las audiencias contra delincuentes sujetos a proceso
pasaron de 60 mil 653 a 63 mil 847 por delitos del fuero común, en consecuencia los
inculpados deben habitar celdas en los 300 centros penitenciarios, mezclados con
sentenciados (asesinos, violadores, secuestradores, pedófilos, traficantes, etc.) mientras
esperan el desahogo de pruebas; sobresaturando cárceles y aprendiendo a delinquir, cuando
su caso es un robo de autopartes, un bolso, asalto en vía pública, en transporte público
(fuero común). Aprende o lo obligan a reclutarse a bandas y carteles.
Cifras alarmantes que ponen presión a las autoridades, pues los delincuentes del fuero
federal: traficantes de armas, de drogas, de blancas, secuestradores, corruptos, pederastas,
pedófilos, gatillaros, capos, etc. son quienes provocan el mayor número de motines, riñas,
fugas, extorsiones (vía telefónica, o por interpósita persona), y como la Transformación de
4ª no sabe gobernar, se va por la fácil, dejar encerrados a los delincuentes cargando, no sólo
el reclusorio sino las celdas, que tienen capacidad para 6 reos y le meten 16 o 20 en un
espacio de 4 por 6 metros cuadrados.
Cifras, a diciembre de 2019, del INEGI y del OADPRS coinciden que en los 300 edificios
de reclusión en todo México (19 operados por el Gobierno de México, T4a) cohabitan 201
mil 65 presos por delitos federales y 171 mil 702 del fuero común, a quienes debemos
alimentar, vestir, calzar, divertirlos, curarlos. Para ello en 2020, los “inteligentes” asesores
y planificadores de Andrés Manuel López Obrador, propusieron a la Cámara de Diputados
aprobar un presupuesto al Sistema Penitenciario Federal, superior a los 13 mil millones de
pesos ¿para qué? para mantener a delincuentes que atentaron y atentarán contra la sociedad.
Demasiado dinero bueno, digno, honesto para manutención de escoria, de asesinos como
Francisco “N”, que destazó a su novia, a pedófilos que violaron a niñas o niños, a políticos
que robaron y defraudaron dinero público, o capos que ordenaron asesinar a rivales y
“daños colaterales”… Una aberración y afrenta del Gobierno contra la sociedad que
mantiene al asesino de un esposo, hijo, padre, hermano, amigo.
¿Sabe cuánto le cuesta a usted, o, a usted, a mí, mantener diariamente a un preso de ambos
fueros?, se lo digo, 331 pesos, multiplicado por los 372 mil 767 encarcelados. 37 millones
de pesos cada 24 horas, incluidos sábado, domingo y días festivos.
Nuestras cárceles son costosas, violentas, sobrecargadas, no reinsertan socialmente a sus
inquilinos. Por el contrario. Los procesados aprenden a delinquir, asaltar, usar armas, a
drogarse. En tanto, los sentenciados, expanden sus dominios, cotos de poder, agrupan a
nuevos sicarios, gatilleros, operadores, burreros. Compran conciencias, extorsionan a
custodios, alcaides, policías, directores de penal, ministerios públicos, jueces, defensores de
oficio, coyotes. Explotan a esposas, hermanas, hijas, madres, novias de primo delincuentes
prostituyéndolas, como mensajeras, introductoras de drogas al penal, “correos” para
extorsión o advertencia y decenas de bajezas más.
Para despresurizar los penales expongo dos opciones sencillas. La primera, eficientar,
desburocratizar, limpiar, descorromper los juicios penales desahogando expedientes, sobre
todo los que están en proceso. Resolverlo para no encarcelar a potenciales inocentes. Llevar
audiencias virtuales (el procesado con un brazalete) en arraigado domiciliario.
Cuando sea imposible utilizar la tecnología y el presunto tenga que recluirse, no mezclarlo
con sentenciados para no exponerlo o empujarlo a amafiarse.

La segunda opción, tal vez para muchos descabellada, loca, irrealizable… para mí real,
necesaria, útil y socialmente saludable, que limpiaría de escoria los núcleos urbanos de
violadores, capos, asesinos, pedófilos, gatilleros, etc.(fuero federal), o ladronzuelos
reincidentes del fuero común, sería mudar, trasladar, transferir a éstos a una isla inhabitada.
No como las Marías, que se convirtió en hotel temporal, pues los reos encontraron las
mismas comodidades de un reclusorio federal, estatal o municipal, que no representó un
reto de sobrevivencia.
La idea es llevarlos a una ínsula virgen. Dentro de nuestras aguas nacionales, con datos del
INEGI, México cuenta con 3 mil islas e islotes, de las cuales sólo 144 están habitadas,
urbanizadas, muchas de ellas turísticas. Las restantes 2856 son desoladas, invadidas de
flora, fauna; algunas boscosas o rocosas.
Cuál sería la sugerencia para vaciar de malandrines incorregibles o sentenciados de por
vida (cadena perpetua o 70, 80 años de reclusión) a quienes mantenemos con dinero limpio,
no realizar obras de infraestructura, como celdas, patios, locutorios. No invertir ahí.
Sólo instalar una o dos plantas desaladoras que operen con energía solar, dotarlos de
madera, troncos de árbol, hachas, serruchos, clavos, tornillos, etc. Alguna tubería
galvanizada o de cobre, bombillas incandescentes o ahorradoras de energía. Su dotación de
uniformes, zapatos, ropa interior que deben hacer durar, por lo menos seis meses, hasta la
siguiente visita oficial de autoridades penitenciarias que renueven el ajuar. Semillas de
frutos, vegetales, granos.
No habrá custodios, ni policías. Las reglas de coexistencia serían dictadas o estipuladas por
ellos mismos. Con la vegetación de la isla deberán construir sus barracas, casuchas,
tapancos (no están de vacaciones están purgando penas severas). Construirían su propia
colonia.
La vigilancia oficial sería satelital, con drones, en tanto la Armada de México desde sus
bases navales se mantendría pendiente para ministrar –cada semestre- lo básico. La
sobrevivencia será responsabilidad de cada reo. Bajas, lesiones, agresiones, etc. será
sancionado, según el acuerdo a que llegue la población carcelaria, sin intervención de
autoridad oficial.
La primera Isla y la más grande de México deshabitada para este proyecto, es Tiburón, que
tiene 1200 kilómetros cuadrados, ubicada en el Golfo de California, entre los Estados de
Baja California y Sonora. Es rica en flora, fauna, árboles, y por ser territorio costero
abundante en pescados, mariscos, algas, vida marina.
Ahí está la propuesta. Se dejarían los reclusorios estatales para delitos del fuero común.
Basta ya de mantener delincuentes con dinero limpio. El presupuesto actual para el sistema
penitenciario debe tener un destino digno, humanitario: salud, educación, seguridad,
empleos, combate a la pobreza. Los mexicanos lo exigimos.

*Miembro de la Academia Nacional de Periodistas de Radio y Televisión (ANPERT) y de
Latitud Megalópolis (LM)

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