Connect with us

Hi, what are you looking for?

Columnistas

Por Carlos Ramírez – Seguridad y Defensa: Razones del aumento de la inseguridad en México

La cifra oficial de registro de homicidios dolosos diarios llegó a 85 al día a mediados de junio. El dato debe preocupar porque implica una parálisis en la estrategia de seguridad, pero al mismo tiempo estaría indicando retrasos en la implementación del autodenominado “nuevo paradigma” de seguridad, anunciado en el Plan Nacional de Desarrollo 2019-2024 que aprobaría esta semana el Senado de la República.
El nuevo paradigma establece dos enfoques propositivos:
1.- Terminar con el prohibicionismo en materia de consumo de drogas.
2.- Amnistiar a delincuentes y cárteles a condición de entregar armas y prometer no reincidencia.
El primer punto tiene el objetivo de dejar de perseguir traficantes e incidir en el consumo para bajar la demanda y de ahí impactar a la oferta. El primer paso sería el control de adicciones para autorizaciones especiales. Y parte del criterio de que la persecución de la droga como delito suele afectar a los consumidores como criminales, cuando su papel es sólo el consumo individual.
Asimismo, existe la posibilidad de la legalización de las drogas, aunque México como país de tránsito y consumo no tendría el control de esa decisión. Eso sí, oficialmente se han dado pasos para legalizar la marihuana como consumo lúdico –disfrute, no medicinal– vía permisos de la Suprema Corte, pero con intenciones de abrirlo a quien lo desee como consumo personal.
El segundo objetivo es más complejo. Pero parte de una confesión del Estado: “la imposibilidad de derrotar las diferentes expresiones delictivas por medios exclusiva o preponderantemente policiales y militares”. Esta sinceridad es parcial: el Estado no ha derrotado a los cárteles no por carecer de fuerza, sino por usar estrategias ineficaces, tangenciales y distractoras. En los sexenios de Calderón y Peña Nieto el Estado descabezó al 90 por ciento de los cárteles, pero careció de una estrategia de desarticulación de las bandas.
El gobierno federal debe explicar el sentido de “imposibilidad de derrotar” a las bandas criminales, porque se trata de un Estado con capacidad de fuerza, legalidad y mandato social para recuperar los espacios territoriales, de soberanía y hegemonía política que tienen el Estado sobre todo milímetro del territorio. Porque puede interpretarse como la aceptación de la derrota y la propuesta de co-gobernar con los delincuentes.
¿Y EL CONSEJO PARA LA PAZ?
Dentro del nuevo paradigma estaba la creación del Consejo para la Construcción de la Paz, una especie de mesa de negociación con organismos sociales y civiles, nacionales y extranjeros. Pero este Consejo debía esperar a la parte fundamental del nuevo trato a las organizaciones delincuenciales: la amnistía y el punto sensible de que estos grupos criminales deban aceptar cambiar de giro, entregar sus armas, comprometer a no reincidir y el perdón de las víctimas.
El Consejo tendría la función de asegurar el retiro de labores criminales de los miembros de las organizaciones delincuenciales. En su configuración estaban las invitaciones a representantes de organizaciones internacionales de paz y sobre todo a instancias pacificadoras como el Vaticano y la iglesia católica. Sin embargo, nada se ha hecho a este respecto o lo avanzado no va a difundirse hasta que se termina el comienzo formal de la nueva estructura de seguridad en todo el país.
Pero el compromiso del nuevo paradigma, las dificultades para hacer operativas las nuevas formas de seguridad y sobre todo los siete meses de aprobación y puesta en marcha de la Guardia Nacional dejaron un vacío de seguridad que fue llenado por la inercia de las actividades delincuenciales y criminales. Hacia mediados de junio, según las cuentas oficiales, el promedio diario de homicidios llegó a 85, contra el piso de 74 logrado a mediados de mayo. El 7 de junio se llegó al pico de 113 asesinados en un día, la cifra más alta en los siete meses de la nueva administración.
En este contexto, el aumento en la actividad delincuencial estuvo ajustada a los problemas en las definiciones de los nuevos programas de seguridad, pero con la preocupación social en el sentido de que las políticas de seguridad no serán coercitivas sino de vigilancia y poco avanzarán en la destrucción de las estructuras criminales donde se originan las instrucciones para conquistas plazas a sangre y fuego.
De todos los indicios, uno debe analizarse a fondo: la Guardia Nacional no será suficiente, pero no se conocen otras operaciones para combatir a los delincuentes.
Zona Zero
·      La presencia de la Guardia Nacional en Ciudad de México no va a resolver la crisis de seguridad en la capital de la república, porque la ola de inseguridad refiere reacomodos delincuenciales que necesitan de un enfoque policiaco y no militar de la GN. La Guardia realiza patrullajes, arrestos en curso y desplaza a bandas, pero no destruye organizaciones. Por la multiplicidad de delitos, la Guardia no alcanzará a incidir en las cifras.
·      En círculos de expertos se preguntan por qué las nuevas autoridades de seguridad en CDMX no aprovecharon los avances en reorganización policiaca del secretario en 2018, Raymundo Collins, y los nuevos llegaron con fórmulas mágicas que tuvieron que destruir avances de sus antecesores. ¿mezquindad, castigo político o ineptitud?, tres de los vicios de la burocracia que siempre causan daños a la sociedad que espera solución de problemas.
·      Una vez que Donald Trump probó que su amenaza arancelaria dobló a los mexicanos para revertir su política humanista de asilo, el twitter de la Casa Blanca afina puntería para presionar por soluciones de seguridad por el tráfico de drogas y de cárteles en los EE. UU., como lo adelantó Trump en su tuit sobre aranceles y migración. Washington ya encontró en el Tratado y sus aranceles el lado flaco del nacionalismo mexicano.
El autor es director del Centro de Estudios Económicos, Políticos y de Seguridad.
@carlosramirezh
Advertisement

© 2020 Endirecto