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Columnistas

Por Carlos Ramírez – Seguridad y Defensa: Feminicidios… Los datos no analizados de inseguridad

La revisión mensual de las cifras de inseguridad en las estadísticas del Sistema Nacional de Seguridad Pública tiene otros datos quizá más importantes en su significado que la sola cifra de homicidios dolosos que está obsesionando a periodistas mexicanos y extranjeros.
Dos de ellos deben obligar a acciones concretas de las autoridades:
·      Las cifras de feminicidios.
·      Los datos de agresiones sexuales.
Ahora que el tema de paridad de género se presta para todo tipo de demagogias y que se exalta la mayor presencia de mueres en la actividad pública, las cifras que tienen que ver con la inseguridad de mujeres es, por decirlo en palabras certeras, espantosa.
En feminicidios –asesinato de mujeres en función de su condición de género– la cifra en enero-marzo de 2019 aumento 14 por ciento con respecto al mismo periodo de 2018. Y si los porcentajes deben alarmar, las cifras en sí son peores: 227 mujeres asesinadas en el primer trimestre de este año, una tasa de 2.5 por día. En todo el año de 2018 hubo 891 muertes.
Ahora que hay equilibrio en la presencia de mujeres en el legislativo y en gobiernos locales –menos en el gabinete federal–, los datos de feminicidios deberían obligar a acciones concretas en leyes y en exigencia a las autoridades para combatir las razones de los feminicidios. De hecho, son feminicidios porque registran agresiones machistas.
El otro dato es igual de llamativo: en los tres primeros meses de 2019 se registraron oficialmente –cientos de casos no llegan a estadísticas por miedo a denunciar– 3 mil 887 expedientes de violación simple y equiparable, una media de 43 por día. Las cifras del primer trimestre de este año son 22 por ciento mayores a las del mismo periodo del año pasado. Y en todo el año de 2018 hubo casi 15 mil denuncias.
La violación es un caso de violencia machista contra las mujeres. Y en este tema tampoco hay sensibilidad de las mujeres en cargos públicos con capacidad para modificar leyes y castigos.
Y en una sociedad que presume de mayor madurez en las relaciones entre géneros, los delitos contra la seguridad sexual son mayores a los supuestos: 11 mil 782 sólo en los primeros tres meses del año actual, una media de 131 al día, 31.5 por ciento más que en el mismo periodo del año pasado. Y en 2018 se registraron 42 mil delitos sexuales.
Los medios deberían ser menos estridentes con la sola cifra de homicidios dolosos mes a mes y ahondar en los delitos contra las mujeres, y más si en cifras estadísticas las mujeres son más que los hombres en la población total.
Y crece narcomenudeo
De igual forma, los medios centran su atención en los carteles más visibles, pero descuidan el impacto de los delitos provocados, por ejemplo, por el narcotráfico. En el primer trimestre de 2019 se registraron 16 mil 751 casos de narcomenudeo, a una media de 186 al día, 13.6 por ciento más que en el mismo ciclo de 2018. Son pocos con respecto a las cifras de consumo, pero se trata de casos denunciados y registrados.
El narcomenudeo es uno de los delitos principales a nivel de fuero común y es encargo de los alcaldes: la venta de droga para el consumo en pequeños locales disfrazados de tienditas o a veces sólo para venta abierta de droga. Los responsables directos de este delito son los policías municipales, quienes deben de vigilar el tráfico de drogas porque siempre deriva en violencia por lucha de plazas o en muertes por sobredosis. Por tanto, el narcomenudeo sólo es posible por la complicidad de policías municipales. No hay datos muy precisos, pero existen cálculos, en una plaza precisa, de que en Ciudad de México existen más de 20 mil narcotienditas con el aval o complicidad de los policías preventivos que dependen del gobierno de CDMX.
En datos aproximados en CDMX existen cuando menos once cárteles vinculados al narco, varios de ellos nacionales —Cártel Jalisco Nueva Generación, Cártel de Sinaloa y Los Zetas— y otros que responden a núcleos locales en Tepito, Tláhuac, Iztapalapa, Coyoacán-Ciudad Universitaria, entre otros.
En la línea de la relación del narcotráfico México-EE. UU., la demanda determina la oferta. Y las dos exhiben un círculo vicioso: hay cárteles que manejan la droga porque hay gente que la consume, y así una empuja a la otra.
Las policías estatales y municipales protegen el narcomenudeo. Por ello la cifra de casos denunciados o registradas –una mínima del total existente– es el indicio de por qué todas las estrategias contra la inseguridad se topan con el muro de las complicidades. Las narcotienditas en CDMX no existirían sin la complicidad oficial.
La estrategia federal de seguridad pública incluye, como todas las anteriores desde el 2006, atención a las policías estatales y municipales, pero dos sexenios después las cosas están peor.
Mientras haya demanda y consumo, cárteles chicos o grandes van a seguir operando.
Zona Zero
·      ¿No hubiera sido una buena señal que el presidente López Obrador hubiera tenido algunas palabras de reclamación al gobernador morenista veracruzano Cuitláhuac García y el alcalde morenista Nicolás Reyes por el descuido en materia de seguridad? Como tema de fuero común, la matanza de Minatitlán es de responsabilidad local.
·      El mensaje más negativo de la matanza en Minatitlán debe ser leído en el gabinete de seguridad: a los grupos criminales no les interesa la paz, sino el control de sus plazas y la conquista de otras. Y matan porque es lo único que saben hacer. Por ello, es ingenuo suponer que habrá paz con los cárteles que imponen su señorío por la violencia.
·      La inseguridad en Veracruz y la presencia de cárteles violentos viene desde 2010. Por tanto, el gobernador Cuitláhuac García debió dedicar los cuatro meses de espera desde la victoria a la toma de posesión para preparar un programa audaz de seguridad. Debió, pero no lo hizo.
El autor es director del Centro de Estudios Económicos, Políticos y de Seguridad.
@carlosramirezh
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