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Columnistas

Miguel Ángel Sánchez de Armas – Juego de ojos: 20 de Noviembre

www.sanchezdearmas.mx – @juegodeojos

Me confieso anticuado. Soy de quienes el 15 de septiembre cantan a todo
pulmón el Himno Nacional, se emocionan con las películas de Pedro Infante y
jamás critican a su país en el extranjero.
A la manera de mis viejos maestros, respeto la puntualidad, doy clases con
saco y corbata, me pongo de pie cuando una dama o un superior se presentan y
cedo el paso a los ancianos en la acera y el elevador.
En sexto año de primaria fui el orador en la ceremonia de fin de cursos que
nos puso, chavales nerviosos, camino a la secundaria. Frente a mis padres
lacrimosos y mis compañeros que contenían la risa, comparé los pobres salones
de nuestra escuela pública con el Gran México y a los maestros con los Héroes
que nos dieron Patria.
No me apena decir que se me hace un nudo en la garganta cuando el cielo
se ilumina con los fuegos artificiales en la noche de la Independencia y la bandera
tricolor se mece a los acordes del Huapango de Moncayo.
Peeerooo…
Mi abuelo paterno, de quién heredé el nombre, fue revolucionario. Salió de
su casa en los altos de Jalisco y se fue a la bola con Villa. Anduvo en la División
del Norte en las filas de Los Dorados. Regresó a su pueblo para formar una familia
y ayudar en la construcción del nuevo México con las herramientas que sabía
manejar cuando colgó el rifle y las cananas: la espátula, el cincel y la pala del
albañil.
Ya muy anciano, cuando aliviaba sus reumas al sol, no se explicaba por qué
después de tanto dolor, de tanta sangre y de tantos muertos, y al cabo de años y
años de chinga, los pobres seguían igual de jodidos que antes de la Revolución.
Muchos nos hacemos la misma pregunta: ¿Por qué si somos tan ricos
estamos tan pobres?
¿Por qué si somos herederos de grandes y vigorosas culturas nuestra
imagen en el mundo está deslavada?

Juego de ojos
Miguel Ángel Sánchez de Armas

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¿Por qué si en las entrañas de nuestra tierra yacen enormes riquezas hay
mexicanos que sobreviven en peores condiciones que en las zonas de guerra del
Medio Oriente?
¿Por qué si el siglo pasado abanderamos la lucha por la educación hoy
nuestro sistema escolar está devastado?
¿Por qué en la tierra en donde se dio la primera revolución social del siglo
XX hoy campea la desigualdad, la marginación, la falta de oportunidades, el
crimen organizado y una brutal impunidad?
¿Por qué el país que tuvo la clase política más alta, preparada, lúcida y
valiente en la Reforma hoy mira, asombrado, la rampante mediocridad de sus tres
poderes?
Habrá muchas respuestas posibles a estas y otras preguntas. Pero yo no
soy ningún sociólogo, sino un ciudadano que tiene ojos y ve lo que pasa a su
alrededor y lo compara con lo que ha visto en otros países.
Los mexicanos somos maestros del subterfugio y del disimulo. El síndrome
de la crinolina describe nuestro miedo a llamar las cosas por su nombre.
En México no hay niños de la calle, sino menores en situación
extraordinaria. No hay indígenas que mueren de hambre, sino poblaciones
vulnerables. No existen ciudadanos tullidos o lisiados, sólo personas con
capacidades diferentes. Vaya, ni siquiera habemos ancianos, sino adultos
mayores –o como sea que ahora se nos llame.
Pero como buenos mexicanos, encontramos consuelo: los males que
padecemos no son consecuencia de nuestros errores sino del imperialismo
yanqui, del nuevo orden mundial, de las diabólicas acciones y la satánica impronta
de los predecesores neoliberales.
En Sudáfrica hay un Museo del Apartheid para que nadie olvide los años
siniestros de la supremacía blanca, al lado de la cual el Ku Klux Klan fue apenas
una tropa de boy scouts.
Los niños que visitan la antigua cárcel de Soweto y ven con horror las
mazmorras y el video en donde Verwoerd asegura en la ONU que el cerebro de
los negros es inferior y justitica la infame segregación racial, se preguntan si el

Juego de ojos
Miguel Ángel Sánchez de Armas

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buen De Klerk, fallecido hace unos días, habrá sido conducido a un averno “Sólo
para blancos”.
En Polonia, en Alemania, en Estonia, en Francia, en donde quiera que hubo
campos de concentración nazis, se levantan memoriales que alertan de lo que
sucede cuando la locura secuestra a la política.
En México conmemoramos el aniversario de nuestra Revolución con un
desfile deportivo y aún no podemos aceptar que Cortés y Díaz pusieron su
impronta en el país en el que vivimos y en la sociedad que somos.
Nuestra historia oficial es una esquizofrenia de ángeles y demonios, de
buenos y malos.
Denostamos al dictador general Díaz, pero una de las más bellas calles del
DeFe recuerda al Coronel héroe del 5 de mayo y veneramos al Caudillo del 2 de
abril. ¡Como México no hay dos, hijos de tal por cual!
Somos un país periférico y dependiente ¡Qué le vamos a hacer! Nuestra
única esperanza es la Virgen de Guadalupe…
Creo que debemos recuperar, conocer y aceptar nuestra historia. Creo que
el 20 de Noviembre debiera ser una jornada de lucha contra la inequidad, contra la
impunidad, contra la corrupción y contra la simulación.
Creo que no debemos olvidar la sangre derramada. Sólo así honraríamos la
memoria de quienes dieron la vida porque creyeron que era la única manera de
construir una patria mejor.

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21 de noviembre de 2021

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