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Columnistas

Miguel Ángel Rivera – CLASE POLÍTICA:  Ricardo Anaya se suma a los candidatos que se postulan varias veces

 Aspirar a conducir una nación requiere una gran ambición personal, ya sea para cumplir con el servicio a la comunidad o sólo para satisfacer el orgullo personal.

         Esta premisa viene al caso por el anuncio – que ya parece convertirse en una constante en México, particularmente en las filas de la oposición – del ex dirigente nacional del PAN y también ex candidato presidencial Ricardo Anaya Cortés, de que buscará nuevamente, en 2024, conquistar la presidencia de la República.

         Durante mucho sexenios, en particular durante el dominio hegemónico del entonces invencible Partido Revolucionario Institucional (PRI), los usos y costumbres del sistema político nacional imponían a los aspirantes a guardar sus aspiraciones, para dejar en libertad al presidente saliente de ejercer la principal de          sus facultades “metaconstitucionales”: designar a su sucesor.

         En esas épocas, el longevo secretario general de la Confederación de Trabajadores de México (CTM), Fidel Velázquez Sánchez, consolidó su fama de oráculo y sabio de los usos y costumbres con la famosa expresión “el que se mueve no sale”, en aparente alusión a las placas fotográficas, pero en realidad como advertencia a los funcionarios de alto nivel que se sentían con posibilidades de convertirse en “el elegido”.

         Son numerosas las anécdotas de prominentes políticos que se sentían seguros candidatos presidenciales, pero que resultaron frustrados. Existen rumores de varios de esos chasqueados inclusive tuvieron problemas mentales, pero ahora que se volvió a mencionar al ex presidente Luis Echeverría por su 99 aniversario, vale recordar el caso del entonces poderoso secretario de Gobernación Mario Moya Palencia, que a pesar de sus esfuerzos personales y de tener el respaldo mayoritario en todos los medios políticos, fue marginado a favor del muy poco popular secretario de Hacienda José López Portillo, amigo personal desde la juventud, del “gran elector”.

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         El panorama cambió radicalmente con el crecimiento de la oposición, en particular desde la escisión en las filas del PRI a cargo de la llamada Corriente Democrática o Democratizadora (luego Frente Democrático Nacional) que encabezó el hijo de un ex presidente, el ex gobernador de Michoacán Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano, a quien acompañaron figuras como el también frustrado precandidato presidencial Porfirio Muñoz Ledo, así como Rodolfo González Guevara e Ifigenia Martínez.

         Contra las tradiciones políticas mexicanas, Cárdenas fue tres veces candidato presidencial y todavía se mantiene fuertemente arraigada la suposición que en su primer intento, en 1988, fue víctima de un fraude electoral que benefició al abanderado del PRI Carlos Salinas de Gortari, al que benefició la “caída del sistema” del que se responsabilizó al entonces secretario de Gobernación y presidente de la Comisión Federal Electoral (CFE) Manuel Bartlett Díaz, quien a pesar de ese negativo antecedente fue rescatado por la llamada Cuarta Transformación y ahora dirige otra CFE, la Comisión Federal del Electricidad.

         En el ámbito latinoamericano se han registrado casos de candidatos presidenciales que compiten en varias ocasiones. El más destacado ejemplo fue el del chileno Salvador Allende, quien se postuló en cuatro ocasiones e instauró el primer gobierno socialista elegido por la vía democrática, pero duró muy poco porque fue derrocado por un golpe de estado militar encabezado por el luego dictador Augusto Pinohcet. El enlace entre ese gobierno socialista y la Corriente Democrática mexicana fue el entonces embajador de nuestro país en Chile, Gonzalo Martínez Corbalá, quien aceptó colaborar con el gobierno del “espurio” Carlos Salinas, al aceptar ser gobernador interino de San Luis Potosí, como parte de una de las famosas concertacesiones de ese sexenio, por la cual se impidió a Fausto Zapata Loredo – vocero del referido Luis Echeverría – desempeñar el cargo que ganó en las urnas. Tampoco Martínez Corbalá duró mucho en el cargo, pues dejó el gobierno al año de haberlo asumido, supuestamente para ser postulado para un sexenio completo, pero repentinamente surgió un “frente antirreeleccionista” que le bloqueó el paso y lo dejó sin nada.

         Un militante del Frente Democrático (que generó primero al PRD y luego a MORENA), Andrés Manuel López Obrador, repitió tres veces como candidato, pero a diferencia de Cárdenas conquistó la  Presidencia al tercer intento.

         En las filas del PAN no hay antecedentes de candidatos presidenciales repetidores. Ricardo Anaya pretende ser el primero, pues desde ahora anunció su pretensión de volver a postularse en 2024. Para ello, rechazó la invitación para ocupar una diputación plurinominal a partir de este año.

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         En un video difundido en sus redes sociales, Anaya agradeció a su partido y al dirigente Marko Cortés el ofrecimiento para ocupar una curul, al mismo tiempo que consideró que aunque la elección de este año es importante, los comicios del 2024 serán cruciales.

         “Quiero dedicarme de tiempo completo a recorrer de nuevo todo nuestro país, no a estar en una tribuna u oficina, sino en la calle, en la comunidad con la gente. Llegado el momento, si la vida y las circunstancias lo permiten, volver a participar en la elección presidencial”, aseguró.

         De paso, Anaya aprovechó para censurar al gobierno de su ex contendiente López Obrador. Auguró al cabo del sexenio el gobierno surgido de MORENA terminará por destruir a México.

         El panista advirtió que recorrerá mil municipios en el país, con lo cual, al mismo tiempo, apoyará a los candidatos de su partido que participen en la contienda de este año.
A las críticas de Anaya contra MORENA se deben sumar las protestas del PRI

          Anaya, que fue promotor junto con la entonces presidenta nacional del PRD, Alejandra Barrales, se encontró en su vuelta a la actividad política un panorama parecido, pero no igual. Su partido, Acción Nacional, forma parte de una coalición, pero no es la misma que él promovió. La diferencia está en que en este nueva coalición aparece también el PRI, el partido que más lo atacó durante las elecciones federales de 2018, pues pretendía desplazarlo del segundo sitio en el que finalmente se quedaron el partido azul y blanco su candidato.

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         En lo que sí coinciden Anaya y en tricolor es en la descalificación de las acciones del gobierno de la llamada Cuarta Transformación.

         A sus reiteradas críticas de los últimos días, la dirigencia nacional del PRI, encabezada por el campechano Alejandro Moreno Cárdenas y Carolina Viggiano, añadió una nueva andanada por los supuestos errores en materia de protección a la salud.

         La crisis de salud en México va más allá del Covid-19. Antes de la pandemia, ya había desabasto de medicamentos y falta de vacunas, aseguró la dirigencia del tricolor en un comunicado en el cual, al comparar los recursos destinados a este rubro, destacó que en 2018, con el gobierno priista, se vacunó al 97 por ciento de los niños contra el sarampión, mientras que en 2019, con el gobierno de Morena, sólo al  73 por ciento.
Por ello, la dirigencia priista exigió al Gobierno federal comprar las vacunas necesarias contra las otras enfermedades mortales que amenazan a los mexicanos y deja a una generación entera desprotegida. Esto, tras señalar que en nuestro país hay desabasto de, al menos ocho vacunas, entre las que están las de tuberculosis, difteria, tos ferina, tétanos, vph, sarampión, rubeola, hepatitis, neumococo y polio; además de rotavirus y parotiditis.
“Necesitamos un gobierno que no le ponga precio a la salud”, subrayó el tricolor en sus redes sociales. Manifestó que es un derecho y que el desabasto de vacunas ha vulnerado a miles de niños ante enfermedades mortales que ya se habían logrado controlar.
El PRI evidenció que en 2019, México fue el país de América Latina con menor índice de vacunación contra el sarampión, con una cobertura infantil 24 por ciento menor  que en 2018.  En 2020, especificó, el gobierno federal sólo compró 83 mil vacunas contra la tuberculosis, y ahora dicen que no habrá hasta marzo, lo que contrasta con los 14 millones de vacunas que se compraron en 2016.
En relación al Covid-19, descalificó la promesa oficial de vacunar este inicio de año a todos los trabajadores de la salud, pues ellos tienen que hacer filas de hasta 10 horas y, en algunos casos, no obtienen la inmunización.

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