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Actitudes muy diferentes de los gobernantes de México, Andrés Manuel López Obrador y Canadá, Justin Trudeau, ante la invitación de su contraparte de los Estados Unidos, Donald Trump, supuestamente para celebrar la entrada en vigor del nuevo Tratado de Libre Comercio, el T-MEC que sustituye al antiguo TLCAN (NAFTA, en inglés).

         Efectivamente ese convenio tripartirta entró en vigor el pasado día 1 y ese sólo hecho marca un punto muy importante para las tres naciones, pues se considera que contribuirá de manera importante a la reactivación de las economías de los tres socios, luego del obligado paro de actividades por la pandemia del Covid 19.

         Ese solo hecho podría ser razón para celebrar, pero la verdad es que las nuevas condiciones del tratado no dejan satisfechos a todos.

         Para empezar, como dijo el clásico “haiga sido como haiga sido”, la verdad es que el T-MEC es un triunfo absoluto del multimillonario Trump, que durante su campaña para llegar a la Casa Blanca denunció el TLCAN como el “peor” acuerdo comercial firmado por su país y, sobre todo, presentó a México como una rémora que se beneficiaba del acuerdo, por lo cual ofreció reformarlo.

         De cualquier forma, en nuestro país, la renovación del convenio se aprecia como una gran oportunidad para el desarrollo de nuestra economía, mediante la venta de alimentos, materias primas y partes para las industrias de los EU y Canadá.

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         La entrada en vigor del T-MEC tampoco ha hecho disminuir el agresivo discurso de Trump contra México, sobre todo porque nuevamente está en campaña, ahora con vistas a la reelección por otro periodo de cuatro años. Cabe recordar que confirmó haber invitado al presidente mexicano mientras realizaba un recorrido para supervisar el avance de las obras del muro fronterizo que prometió a sus electores y apenas ha contenido su lucha contra los migrantes, como parte de la cual comprometió a México que, en los hechos, se convirtió en tercer país “seguro”, al contener en su frontera sur, con elementos de la flamante Guardia Nacional, a los centroamericanos que tratan de cruzar nuestro territorio para llegar ala Unión Americana.

         Aunque su trato hacia Canadá fue menos ofensivo, Trump también modificó las relaciones económicas e impuso su fuerza para aplicar aranceles a las exportaciones de Canadá de acero y aluminio, lo cual se supone que no debe ocurrir entre dos socios comerciales y estratégicos.

         Aunque Canadá es una de las siete potencias económicas más importantes del mundo, no puede oponerse ni enfrentarse abiertamente  a los Estados Unidos, por eso su primer ministro, Justin Trudeau, no ha declarado abiertamente que se niega a acompañar a Trump a lo que será evidentemente un acto triunfal de campaña, pero ha dado señales de que no viajará a Washington.

Todavía estamos en conversaciones con los estadunidenses sobre si habrá cumbre trilateral la próxima semana, el premier canadiense en conferencia de prensa en la cual recordó que su país está preocupado por el tema de las tarifas del aluminio y el acero que los estadunidenses plantearon recientemente.

El pasado 17 de junio el representante comercial de Estados Unidos, Robert Lighthizer, advirtió al Congreso que la administración Trump estaba preparada para tomar medidas con la frecuencia necesaria para calmar posibles incumplimientos del nuevo acuerdo.

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En particular expuso que analizaban la solicitud de los productores locales de restablecer el 10 por ciento de derechos sobre el aluminio canadiense para combatir un aumento de las importaciones.

Trudeau explicó ayer que Estados Unidos no tiene suficiente capacidad de producción y que, por tanto, necesita el aluminio canadiense para sus industrias automotriz y de alta tecnología.

El convenio remplaza el Tratado de Libre Comercio de América del Norte, el cual estuvo vigente desde el primero de enero de 1994 y tuvo que ser revisado por exigencias de Trump, quien desde su campaña presidencial prometió acabar con el pacto, que consideró obsoleto y el peor tratado comercial para Estados Unidos.

Los aranceles, que también se impusieron a México, se aplicaron, según la administración Trump, por razones de seguridad nacional y constituyeron un tema álgido durante la revisión del acuerdo comercial entre los tres países, hasta que los Estados Unidos levantaron la medida el 17 de mayo de 2019 para destrabar las negociaciones del T-MEC.

Pero la amenaza no desapareció totalmente, pues el 17 de junio el representante comercial de Estados Unidos, Robert Lighthizer, advirtió al Congreso que la administración Trump estaba preparada para tomar medidas con la frecuencia necesaria para calmar posibles incumplimientos del nuevo acuerdo.

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Agregó que estaba evaluando la solicitud de los productores locales de restablecer el 10 por ciento de derechos sobre el aluminio canadiense para combatir un aumento de las importaciones.

Trudeau argumentó, por su parte, que Estados Unidos no tiene suficiente capacidad de producción y que, por tanto, necesita el aluminio canadiense para sus industrias automotriz y de alta tecnología.

         AML0 deja todo para viajar a Washington

En poco más de año y medio de gobierno, el presidente Andrés Manuel López Obrador procuró evitar visitas oficiales a otros países o participar en foros internacionales y, siempre, le cedió el lugar a su secretario de Relaciones Exteriores.

Por eso sorprendió su casi inmediata respuesta de aceptación cuando su “amigou”, el presidente de los Estados Unidos le propuso celebrar en Washington la entrada en vigor del nuevo Tratado de Libre Comercio.

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Al encuentro en Washington con el mandatario Estados Unidos, Donald Trump, iré representando al pueblo mexicano con decoro y mucha dignidad, haciendo valer la fortaleza de nuestra gran nación, aseguró López Obrador al confirmar su visita a Washington.

En un mensaje en redes sociales, en el que envió una felicitación a los estadunidenses y su gobierno por la conmemoración de su Independencia, el 4 de julio, López Obrador

reiteró que el propósito de su visita de trabajo los días 8 y 9 de este meses es la entrada en vigor del T-MEC.

A pesar de las concesiones que tuvo que hacer nuestro país, el presidente dijo que es un gran acuerdo, muy oportuno, porque va a permitir reactivar la economía nacional y generar empleos.

Aunque se trata de un instrumento puramente neoliberal, al hacer referencia al nuevo tratado, el primer mandatario ha destacado como positivos dos elementos nuevos: uno, que los insumos utilizados para la fabricación de mercancías deberán ser producidos en los tres países, y, dos, que en materia laboral, no haya desventajas en cuanto a salarios.

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El segundo punto puede resultar potencialmente grave para México, al provocar una escalada de salarios en diversos sectores de la economía. Tradicionalmente se nos ha dicho que los salarios no pueden aumentar porque tendrían un efecto inflacionario.

Esto ha cambiado efectivamente, un poco con la llamada Cuarta Transformación, la cual ha autorizado aumentos mayores, pero en este caso no hablamos de dos dígitos, sino de tres o más.

En sus declaraciones, López Obrador ha hecho referencia a la industria automotriz, en donde la diferencia entre lo que gana un obrero mexicano y lo que perciben sus contrapartes de Canadá y los Estados Unidos es de ocho, diez o más veces.

Lo que sea, para el presidente de México, esta es una ocasión para celebrar y por ello decidió emprender su primer viaje al extranjero. Se irá el marte y se reunirá con Trump – eventualmente también con Trudeau – el miércoles.

“Voy representándoles, y no tengan la menor duda: lo voy a hacer como ustedes lo merecen, con decoro y mucha dignidad, haciendo valer la fortaleza de nuestra gran nación”, aseguró López Obrador en mensaje a los ciudadanos mexicanos en el que recordó lo positivo del T-MEC:

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“Es un gran acuerdo, muy oportuno, porque esto va a permitir que se reactive la economía en nuestro país, que se generen empleos y que haya bienestar para nuestro pueblo”.

En mensaje dominical, el mandatario mexicano defendió, además, su política frente a la pandemia del Coronavirus y pidió no comparar el número de muertes en México con otros países, como España y Francia, con menor número de habitantes.

Dijo que si se comparan los fallecidos por millones de habitantes, en España han muerto casi tres veces más que México.

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