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Columnistas

Miguel Ángel Rivera – CLASE POLÍTICA: AMLO decide revivir el desfile por la Revolución

– La llamada “Cuarta Transformación” rescató un “huérfano”, el desfile cívico-deportivo del 20 de noviembre, que servía para recordar el inicio de la Revolución de 1910.

         Resulta más que lógico, pues el actual gobierno federal, impulsado por MORENA, repudia todo lo realizado por los gobiernos neoliberales, en particular todo lo relacionado con la “corrupta” administración encabezada por el frívolo Enrique Peña Nieto.

         Cabe recordar que los gobiernos emanados del PAN (Vicente Fox y Felipe Calderón) – partido surgido como oposición a los llamados gobiernos “revolucionarios” surgidos del PNR-PRM-PRI – empezaron a darle “cristiana sepultura”  a esa fecha cívica, aunque cuidaron mantenerla como día de asueto para evitar protestas populares.

         Pero fue un presidente surgido del PRI, Enrique Peña Nieto, el que oficialmente mandó al cementerio la ceremonia dedicada a honrar a quienes participaron en la lucha armada que oficialmente terminó al promulgarse la Constitución de 1917, pero que tuvo resabios que se prolongaron todavía muchos años, al grado que algunos especialistas estiman que la resaca llegó hasta la década de los 40.

         En su primer año de gobierno, 2013, el presidente Peña Nieto decidió que no habría más desfile del 20 de noviembre. Lo sustituyó por una ceremonia de homenaje al Ejército Nacional, que se efectuó el día 12 del mismo mes.

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         El encargado de comentar el cambio fue el entonces secretario de Gobernación – actual coordinador de los senadores del PRI, Miguel Ángel Osorio Chong – quien explicó que no había cancelación de la ceremonia tradicional, sino que simplemente no se organizó.

         La celebración se inició en 1928 con una carrera de relevos y al año siguiente se efectuó un desfile militar-deportivo, que se limitó al entonces el Campo Militar en Balbuena. El primer desfile en las calles del centro histórico fue en 1930. En 1936, por decreto del Senado, el festejo se hizo oficial y, en 1941, el entonces presidente Manuel Ávila Camacho fue el primero en encabezar el desfile.

         Otro presidente, José López Portillo, se había definido como el último presidente de la Revolución y con su decisión de cancelar la celebración del inicio de la lucha armada, Peña Nieto lo confirmó.

         Desde allí viene el salto hasta Andrés Manuel López Obrador, quien dice encabezar un movimiento transformador semejante a la Independencia, la Reforma y la Revolución. Sean cuales sean sus razones, está decidido a revitalizar la fecha en que se conmemora este último movimiento.

         “Quiero informarles que vamos a celebrar el desfile del 20 de noviembre, ya ven que los conservadores ya no conmemoraban estas fechas, que para nosotros son muy importantes”. El primer mandatario confirmó que será un desfile para recordar que la Revolución se hizo a caballo y en ferrocarril.

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         Además de sus propias palabras, es de tener en cuenta que el actual primer mandatario militó en el PRI, dentro del cual formó parte de la Corriente Crítica que pretendía democratizar los procedimientos y que se quejaba de que el partido se había apartado de sus orígenes.

         Lo que sorprende es que ahora, creador y líder real de un partido que presume ser totalmente diferente de lo que ha sido el PRI, el presidente López Obrador reasuma la herencia de la Revolución.

         Con anterioridad, la titular de la Comisión Nacional del Deporte (CONADE), Ana Gabriela Guevara, ya había anunciado el resurgimiento del desfile del 20 de noviembre, pero este cambio adquiere otra dimensión al confirmarlo el presidente de la República.

         Como otros muchos asuntos confiados a las fuerzas armadas en el actual gobierno federal, la organización del desfile está a cargo de la Secretaría de Defensa (SEDENA) y, conforme a las instrucciones presidenciales, en el mismo se dará realce a los ferrocarriles y los caballos.

         MORENA, metido en un pantano.

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         Mientras el presidente López Obrador se dedica a rescatar una ceremonia que parecía exclusiva para el PRI, en su nuevo partido, MORENA, siguen los problemas derivados de la lucha interna por la presidencia de la organización.

         Esa enconada lucha interna ya orilló al primer mandatario a pedir a los funcionarios de su gobierno, en particular a los “superdelegados” estatales no utilizar sus posiciones para tratar de influir en la elección del nuevo dirigente nacional, bajo riesgo de perder sus cargos y ser consignados penalmente.

         En este ambiente de disputa, luego de la cancelación de asambleas en las que se debería nombrar a los delegados al Congreso Nacional en donde se elegirá al nuevo presidente del partido, el comité ejecutivo nacional de MORENA – encabezado por la secretaria general en funciones de presidenta, Yeidckol Polevnsky – acordó en la madrugada de ayer pedir a la Comisión Nacional de Honestidad y Justicia (CNHJ) posponer las asambleas distritales hasta que haya un padrón que ofrezca certidumbre a sus militantes.

         Polevnsky informó que una mayoría del CEN decidió remitir a la mencionada comisión el expediente con las irregularidades detectadas que llevaron a suspender, según cálculos externos, casi el 25 por ciento de las asambleas para elegir delegados. La dirigente aseguró que «no sólo el padrón está impugnado, está impugnado también el proceso», por lo que estimó que no hay condiciones para continuar.

         También, advirtió que conforme a las instrucciones del presidente López Obrador, se presentarán denuncias contra los delegados federales que pretenden intervenir en el proceso interno, no sólo ante los órganos de control del partido, sino también ante la Secretaría de la Función Pública (SFP).

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         Todavía están pendientes 62 asambleas, correspondientes a los estados de México, Colima, Michoacán e Hidalgo. De acuerdo con la convocatoria y los estatutos, el proceso se invalidaría por irregularidades en 20 por ciento de las asambleas, pero el criterio que ha imperado en la CNHJ es que las sesiones fallidas se podrán reponer antes del 10 de noviembre.

         Rosario Ibarra recibió la medalla Belisario Domínguez.

         En ausencia, por conducto de su hija Rosario, la luchadora social Rosario Ibarra de Piedra recibió ayer la medalla Belisario Domínguez que otorga el Senado, presea que dejó en custodia del presidente López Obrador.

         «Señor presidente Andrés Manuel López Obrador, querido y respetado amigo, no permitas que la violencia y la perversidad de los gobiernos anteriores siga acechando y actuando desde las tinieblas de la impunidad.

         «No quiero que mi lucha quede inconclusa, es por eso que dejo en tus manos la custodia de tan preciado reconocimiento y te pido que me la devuelvas junto con la verdad sobre el paradero de nuestros queridos hijos y familiares y con la certeza de que la justicia los ha protegido con velo protector.

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         «Mientras la vida me lo permita, seguiré mi empeño hasta encontrarlo», escribió la incansable luchadora social (92 años) en un mensaje leído por su otra hija, Claudia, en el cual recordó que ha pasado más de un año del actual gobierno y las cosas no cambian.

         Ibarra de Piedra inició en 1975 su peregrinaje para encontrar a su hijo Jesús, desaparecido luego de ser capturado acusado del homicidio de un policía y señalado también como integrante del grupo armado responsable de planear el fallido secuestro del empresario de Nuevo León Eugenio Garza Sada, quien falleció a consecuencia de las heridas que le infligieron en esa acción.

          Tal vez se pueda cumplir el deseo de la fundadora del Comité Pro Defensa de Presos, Perseguidos, Desaparecidos y Exiliados Políticos (que por su largo título es más conocido como “Eureka”) ahora que están en proceso de desclasificarse archivos de la desaparecida Dirección Federal de Seguridad (DFS), luego Centro de Investigación y Seguridad Nacional (CISEN).

         En alguna ocasión, en una plática muy reservada, un agente que parecía lamentar las consecuencias y los excesos de la llamada ”guerra sucia”, confió a quien esto escribe que él y algunos compañeros habían logrado ubicar a “algunas” de las personas que aparecen en las listas del comité “Eureka”, pero que ellos o ellas, por razones personales, habían solicitado que no se hiciera público.

         No hubo ninguna grabación, ni se presentaron documentos o fotografías. Todavía me queda la duda: ¿se puede confiar en la palabra de un ex agente supuestamente arrepentido? ¿Se podrán conseguir pruebas?

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