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Nacional

Las últimas horas de Benito Juárez

Por Juan R. Hernández
Este 21 de marzo se celebra el aniversario del natalicio de Benito Juárez, uno de los más grandes hombres de la historia mexicana. Sin embargo, sus hábitos alimenticios, su sobrepeso y su afinidad por el tabaco, lo llevaron a desarrollar Angina de Pecho.

De acuerdo con el cronista Héctor Pérez Martínez, quizá uno de los escritores cuya narrativa nos muestra la batalla del presidente Juárez contra su enfermedad y su muerte en medio de dolores inimaginables.

En sus últimas horas, Benito Juárez tuvo un episodio de dolor en el pecho que le hizo doblegarse mientras su secretario particular le leía las noticias importantes. El 17 de julio de 1872 por la tarde Juárez decide no dar su acostumbrado paseo de su carruaje y le pide a su yerno Santacilia que lo acompañe para luego ir al teatro con su esposa Nela y así contarle la función.

La mañana del 18 de julio se tuvo que llamar a su médico Ignacio Alvarado debido a los dolorosos calambres que forzosamente llevaron a la cama al presidente Juárez, “…no se movía ya su pulso, el corazón latía débilmente; su semblante se demudó, cubriéndose de las sombras precursoras de la muerte, y en el lance tan supremo tuve que acudir, contra mi voluntad, a aplicarle un remedio muy cruel, pero eficaz: el agua hirviendo sobre la región del corazón.

“El señor Juárez se incorporó violentamente al sentir tan vivo dolor, y me dijo, con el aire del que hace notar a otra una torpeza: –¡Me está usted quemando! –Es intencional, señor; así lo necesita usted.

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“EI remedio produjo felizmente un efecto rápido, haciendo que el corazón tuviera energía para latir, y el que diez minutos antes era casi un cadáver, volvió a ser lo que era habitualmente: el caballero bien educado, el hombre amable y a la vez enérgico”, narra el cronista.

Una vez recuperado, el presidente Juárez me preguntó: –¿Es mortal mi enfermedad?

– ¿Qué contestar al amigo, al padre de familia, al jefe del Estado? Pues la verdad, nada más que la verdad; y procurando disminuirle la crueldad de mi respuesta, le contesté, con la vacilación siguiente a lo imprevisto de la pregunta: –No es mortal en el sentido de que ya no tenga usted remedio. Comprendió en el acto perfectamente lo terrible de mi respuesta…

No le vi inmutarse; no le vi vacilar en su palabra, ni trató siquiera de pedirme las explicaciones que tanto deseaba yo darle.

¡Cuánto dominio sobre sí mismo!

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Una vez recuperado, Juárez siguió con sus labores de Jefe de Estado, lo fueron a visitar amigos, políticos y los ministros de Relaciones Exteriores José María Lafragua y el Ministro de la Guerra, el General Alatorre. Ambos pidieron insistentemente ver al presidente para recibir instrucciones

De nuevo volvieron los calambres, con mayor intensidad y dolor, ya para ese momento su familia estaba reunida, hijas, hijo, yernos y amigos. De nada sirvió la asistencia de los médicos mexicanos más prestigiados como Gabino Barreda y Rafael Lucio, nada pudieron hacer.

Benito Juárez, el primer presidente de origen indígena, se tendió de lado izquierdo poniendo una mano bajo su cabeza. Muy fatigado, con evidente falta de oxígeno sonrió e inmediatamente murió a las 23:35 del 18 de julio de 1872.

Así fueron las últimas horas del Benemérito de las Américas.

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