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*Cumple 27 años de pasearse por los canales de Xochimilco
Por: Janet Galindo

Este 2020 fue un año especial.

En esta temporada de La Llorona, el mensaje es «El anhelo de un Adiós» se dirige con mucho respeto, cariño y solidaridad a todas las personas que se fueron durante la pandemia “sin tener la oportunidad de despedirse de sus seres queridos y también para todos aquellos que nos quedamos con su ausencia y con esté anhelo de al menos poder decir adiós; pero también a todas aquellos que han desaparecidos y a las mujeres que nunca han regresado a casa; y que de una u otra forma son experiencias q nos ha tocado vivir”, afirmó en entrevista Nayeli Cortés quien representa al personaje principal en esta escenificación
“Aaaaayyyyy mis hijos”, se escucha por los canales y chinampas de Xochimilco, mientras a lo lejos se observa la figura blanca y traslúcida de una mujer que se pierde en la oscuridad de la noche. Este mítico lamento volverá a escucharse a partir del mes de octubre. La emergencia sanitaria no pudo vencer a una de las leyendas predilectas de los mexicanos: “La Llorona”.
Este año, La Llorona cumple 27 años de realizar este espectáculo multidisciplinario de música, teatro y danza en los canales de Cuemanco, donde las luces, los juegos de pirotecnia y las danzas prehispánicas se fusionan para mostrar al público a este enigmático ser y los motivos de su penar hasta nuestros días.
Nayeli nos platicó que le toca personificar a La Llorona, en primera instancia cuando es una mujer que está viviendo en Xochimilco en la época prehispánica y posteriormente se convierte en el espectro que todos conocemos como “La Llorona”.
Comenta que es una gran responsabilidad personificar su historia, “verla, escucharla y ver qué es lo que paso y además quieres ver el espectro gritando “Quiero a mis hijos”.
Entre las anécdotas más sobresalientes de la puesta escénica, Nayeli Cortés nos comenta que en uno de los espectáculos “se nos aparecieron siete danzantes cuando en realidad eran seis, en otra ocasión vi como bajaba de la pirámide una niña vestida de blanco y una noche escuchamos el grito de la llorona antes de que yo pudiera darlo”.
“Cada año hacemos una ceremonia prehispánica para pedirle permiso a la llorona y así poder montar sin contratiempos nuestra obra teatral. La fuerza del teatro y de la gente ahí reunida claro que la llama y es por eso que siempre realizamos este ritual”, finalizó.

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