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Sociedad

La Habana, un café con la nostalgia del México de los años 50

Punto de reunión de destacados literatos como los Premios Nobel de Literatura Gabriel García Márquez (Colombia) y Octavio Paz (México), o personajes de la política como el cubano Fidel Castro y su camarada argentino-cubano Ernesto «Che» Guevara, el Café La Habana mantiene el ambiente con el que abrió hace más de seis décadas.

Ubicado en el número 62 de la calle Morelos, esquina con Bucareli, en la colonia Juárez, el negocio llama a la nostalgia de otros tiempos a través de sus fotografías en blanco y negro y en gran formato, colgadas en las paredes, ilustrando los años 50 y 60 del siglo pasado.

Meseras y meseros que atienden a los comensales hacen continuos rondines entre una mesa y otra, con una atención que debe ser siempre cordial para que el cliente regrese a este espacio como lo han hecho, por años, intelectuales, políticos y gente del medio artístico y deportivo, y hoy un cúmulo de oficinistas de la zona.

Para Ricardo Mendoza Mendoza, integrante del equipo de trabajo de la cafetería, el espacio ha sido privilegiado por figuras públicas que los han engalanado, tales como Gabriel García Márquez (1927-2014), Octavio Paz (1914-1998) y el escritor chileno Roberto Bolaño (1953-2003), autor del libro “Los detectives salvajes”, una parte de la cual, asegura, se escribió aquí.

Otras figuras que han pisado el café son el comediante Jesús Martínez “Palillo”, que gustaba de una mesa colocada en un rincón que da a la calle; y ni se digan figuras como Fidel Castro o el «Che» Guevara.

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“Es una tontería que tuvieran una mesa específica, porque a ellos los seguía la policía secreta de Cuba y la policía secreta de México y el ejército, pues no se iban a sentar en una mesa y degustar una comida, venían a lo que venían, a tomar el café y lo que tenían que hacer o platicar era rápido y adiós, no se podían dar el gusto de quedarse más tiempo”, refirió Mendoza Mendoza a Notimex.

Una anécdota, de tantas que ocurrieron en La Habana, la protagonizó el boxeador Ultiminio Ramos, quien tenía una novia entre las meseras. Al señor nadie se le acercaba porque sabían quién era, pero un día se descuidó y le dieron un golpe que lo noqueó; el que tiró el golpe nunca regresó al café, relató Mendoza.

Según cuenta la historia del lugar, este nació a iniciativa de un español que le decían el centavo, porque era una cosita de nada y un centavo era la moneda más pequeña que había en México y de igual valor.

El señor trabajaba en La Habana, Cuba, en un restaurante que se llamaba La Habana y de ahí viene el nombre y la razón del nombre del café, este señor empieza a tener dinero, ahorra y empieza el lugar en México.

Fue cuando fundó el café bajo el nombre de La Habana y eligió un lugar donde hubiera cubanos, y toda la zona había tabacaleras, en Ayuntamiento hubo una y la colonia colindante se llama La Tabacalera, por eso escogió el lugar, porque había muchos cubanos y esa fue la razón.

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Otra de las características del lugar es su tamaño, que no se mantiene como cuando abrió, con techos que alcanzan los 6 metros 30 centímetros de altura.

El negocio empezó a crecer, pero la debilidad del español siempre fue el juego y el que juega pierde, así que acabó por vender el lugar, a partir de ahí han pasado muchos dueños y sociedades, la última data de 1968.

El Café La Habana es un espacio de ambiente familiar que sábados y domingos desde las 8:00 horas se convierte en algo íntimo, de lunes a viernes, a partir de las 9:00 llegan los maestros de la Vocacional 5, en la Ciudadela del Instituto Politécnico Nacional.

Otra clientela que visita el lugar son los que gustan de un rico café, porque aquí se vende un riquísimo café que es parte del negocio y que los clientes regresan en las noches para repetir una taza.

Para Mendoza, este negocio va a vivir mientras vengan niños, antes venían unos 30 españoles que eran niños a los que Lázaro Cárdenas dio hogar, y se juntaban aquí después de 10 años quedan cuatro, porque unos se fueron a España, otros murieron y otros pertenecen a la tercera edad, por lo que se tiene renovar y esto es con niños y jóvenes.

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Armando Montoya Enríquez, gerente de La Habana, mencionó que la especialidad de la casa no es una, sino varias, pero la más importante es el café.

“Nosotros tostamos el café aquí, lo molemos y la misma mano hace ese proceso, lo hace con el café la máquina; otra especialidad es el platillo La Habana, que es una carne de filete mignon», añadió.

El café, expuso, viene de Veracruz y ellos hacen la mezcla, junto con otros platillos que tiene la carta, algunos muy típicos, como las enchiladas, los chilaquiles o los desayunos, elaborados por el chef del negocio.

Con información de agencias.

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