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JORGE HERRERA VALENZUELA – R Á F A G A: La Vieja Guardia del Periodismo Mexicano Pierde a Aurelio Silva Laurencio

Comenzó el quinto mes de este histórico 2020 con la noticia del
fallecimiento de uno de los grandes reporteros del siglo pasado que
se distinguió por su profesionalismo, por su impecable presentación
y su carismática personalidad. Siempre atraía la atención porque se
colocaba un clavel rojo en la solapa izquierda de su saco.
Aurelio Silva Laurencio, originario de Amecameca, Estado de
México, murió el viernes 1 de este mes, en su cama y rodeado por
sus tres hijas y dos hijos. En el medio periodístico también fue
conocido como “El Charro” Silva por su afición a la charrería que
practicó por años, al igual que sus hijos Pablo y Aurelio. Además
gozaba de muchas amistades en los tribunales, pues ejerció, como
litigante, su profesión de abogado, egresado de la UNAM.
En los años cincuenta, el joven veinteañero Aurelio Silva, empezó
su vertiginosa carrera de reportero diarista en la Segunda Edición
de Excélsior, la imprescindible “Extra” portadora de las noticias
locales, nacionales e internacionales ocurridas en el día, a partir de
las 10 de la mañana. “La Extra” “salía” a las seis de la tarde y
nosotros le llamábamos “el boletín de las seis”. El Hombre del
Clavel entre otras “fuentes” cubría el Senado de la República.
Mi primer encuentro con Aurelio fue cuando de Bellas Artes a la
Rotonda de los Hombres Ilustres (aun no le cambiaban a Personas
Ilustres) partió el cortejo con los restos del muralista guanajuatense
Diego Rivera. Eran los últimos días de noviembre de 1957. Por
cierto en el Registro Civil el polémico pintor se llamó Diego María

Rivera y en el acta de bautizo: Diego María de la Concepción Juan
Nepomuceno Estanislao de la Rivera y Barrientos Acosta y
Rodríguez. Murió a la edad de 70 años.
Bueno, pues, esa mañana “El Charro” Silva manejaba su lujoso
Mercury del año, convertible. Ingenuamente me acerqué y le
pregunté si me daba “un aventón” y su respuesta fue un no. Pocos
días después nos encontramos en el salón de sesiones del Senado,
en su sede antigua. Yo era reportero suplente en el diario Zócalo.
Después del saludo, iniciamos lo que sería una larga y familiar
amistad. Inclusive fuimos padrinos de la pequeña Pilar. Jorge
Herrera y Lilia Navas compadres de Aurelio Silva y Martha Mercado.
REPORTEAMOS IMPORTANTES EVENTOS
En el diario reporteo coincidí con Aurelio en algunos eventos de
trascendencia. Dos de ellos fueron el Congreso Nacional Agrario, en
octubre de 1959, y el derrocamiento del gobernador del Estado de
Guerrero, en 1960. El primero fue organizado por el profesor
Roberto Barrios, jefe del Departamento Agrario, avalado por el
gobernador Gustavo Baz Prada, del Estado de México. Lo inauguró
el presidente Adolfo López Mateos y asistió el expresidente general
Lázaro Cárdenas.
Por primera vez en muchos años ese congreso reunió a dirigentes
de las diferentes corrientes agraristas, pequeños propietarios,
ganaderos, académicos universitarios. Por ahí anduvo el sonorense
Jacinto López, el líder campesino más honesto que existió en el
siglo pasado. Hacían sus pininos en la CNC Augusto Gómez
Villanueva y Alfredo Bonfil Pinto. Fue de resonancia nacional y
López Mateos impulso el reparto de tierras a ejidatarios.
En ese congreso, celebrado en el Aula Principal de la Universidad
Autónoma del Estado de México, la oficina de prensa estuvo a

cargo del ingeniero Héctor Medina Neri y su principal colaboradora,
la guapa señorita Lilia Navas Ruiz. Cubrí las reuniones de trabajo del
26 al 29 de octubre. Trece meses después Lilia me aceptó como su
esposo, hace ya casi 60 años.
Precisamente la boda interrumpió mi estancia en el Puerto de
Acapulco. Enviado por La Prensa desde finales de octubre de 1960
reporteaba el movimiento estudiantil que encabezaban Genaro
Vázquez Rojas, Blas Aguilar Vergara y Jesús Araujo, de la Asociación
Cívica Guerrerense, que demandaba la destitución del gobernador,
el general Raúl Caballero Aburto. Su lucha culminó el 4 de enero de
1961 al caer el militar y asumir el poder el abogado Arturo Martínez
Adame, quien entregó el mando al doctor Raymundo Abarca
Alarcón. Guerrero tuvo 5 gobernadores entre 1951 y 1963.
Termino con una simpática anécdota. El entonces procurador de
justicia Xavier Olea Muñoz ordenó que a los reporteros y fotógrafos
nacionales nos detuvieran. Fuimos huéspedes de la prisión unas
horas. La noticia trascendió y en la página editorial de Excélsior
apareció un cartón, creo que Marino Sagastégui, en que Aurelio
aparecía todo vendado. Eso alarmó a su esposa y sin más se dirigió
a Acapulco. El encuentro de Marthita con su marido no fue muy
tranquilo, pues el galán estaba en una mesa de la Flor de Acapulco,
tomando café, en gran plática con una bella joven californiana. Mi
añorado compadre siempre fue amiguero. No pasó a mayores, pero
el susto fue mayúsculo.
Hombre de historias y de noticias de primera plana reporteadas por
Aurelio Silva muchos años para La Extra y para en Excélsior, hasta
salida de Julio Scherer García por el golpe asestado, a la
cooperativa de El Periódico de la Vida Nacional, por el presidente
Luis Echeverría. Quince años en la Organización Editorial Mexicana,

encabezando a una treintena de diarios, El Sol de México, también
Aurelio como reportero estrella.
Mis saludos para Martha, Lucero, Pilar, Pablo y Aurelio. Mi
compadre cumplió con ellos y se refleja en el texto de la esquela:
“Un gran personaje. Primero de Mayo del 2020….Hoy emprende el
viaje un hombre de muchas historias y quien siempre vivió la vida a
su propio, ritmo….Periodista, abogado y amigo Aurelio Silva
Laurencio fue muchas cosas para muchos pero sobre todo fue un
gran abuelo para sus nietos, quienes con cariño van a recordar sus
historias y su forma tan única de ser…Siempre estarás con nosotros
en tus enseñanzas…Te quiero siempre bigotes, mi gran papá. Pilar”.
jherrerav@live.com.mx

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