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Columnistas

JORGE HERRERA VALENZUELA – R Á F A G A: La Educación en el Hogar y Los Conocimientos en la Escuela

Las tragedias en que los niños son los protagonistas aumentan cada
día y estamos enfrentando un problema muy grave, del cual no
debemos responsabilizar al gobierno ni a los profesores, éstos
últimos tienen la noble misión de enseñar a leer, a escribir, darnos
a conocer la historia, la geografía, el civismo, mientras que a papá y
a mamá les corresponde educar a sus pequeños, formarlos con
principios y atenderlos permanentemente durante la niñez,
procurarlos en la adolescencia y no olvidarlos en la juventud.
El lamentable suceso en una escuela privada de Torreón, Coahuila,
debe ser el detonante para que los padres de familia entiendan cuál
es la intensa e importante vigilancia a los hijos de 7 a 12 años de
edad, el trabajo que se incrementan cuando pasan a la
adolescencia y más al entrar en la compleja etapa inicial de la
juventud. Desconozco las estadísticas de huérfanos, de niños cuyos
progenitores se divorciaron y de menores que viven solo con su
madre o con el padre, así como abuelos o tíos.
Está muy claro que este grave y complicado problema social se
deriva de la disolución familiar, de los irresponsables, hombres y
mujeres, que juegan con la vida de los hijos y se automarginan de
ellos. Los dramas se viven a diario, en todo el país, y se reflejan en
las cintas cinematográficas –desde el cine mexicano en blanco y
negro o en los filmes norteamericanos–, pero de nada sirven para
repensar en cada uno de los casos.

De ninguna manera los padres de millones de niños (el término
abarca a niños y niñas) pueden justificar la violencia intrafamiliar
que se da frente a los hijos, el descuidar la vida que llevan dentro y
fuera del hogar, disponer de armas de fuego, pistolas, sin
mantenerlas en sitios seguros en casa. Los casos más recientes de
menores que actuaron violentamente o determinaron quitarse la
vida, tienen un fondo muy profundo y es una protesta por la vida
que tuvieron en su hogar o el mal trato que les dio la sociedad.
Según comentó Roberto Zamarripa en su editorial del lunes pasado,
en el diario Reforma, lo ocurrido en Torreón, Coahuila, tuvo como
situaciones precedentes tres acontecimientos en el Estado de
Chiapas. En un municipio de la Selva Lacandona el jueves 9 de este
mes fue encontrada muerta una niña de 14 años, presentaba
lesiones en el tórax. Al siguiente día en Ocozocoautla, una jovencita
de 13 años se colgó en un árbol y en el fronterizo municipio de
Cacahoatán de Juárez, un hombre fue quemado vivo por haber
violado y matado a una niña.
Más estrujante y que conmovió al país, no porque los otros casos
no fueran impactantes, cuando un niño de 11 años, alumno
brillante en sexto año de primaria disparó 8 tiros con una pistola de
calibre 40 y un noveno tiro lo hizo con una de calibre .25, para
agredir a una profesora, a cinco de sus compañeros y a un profesor.
Luego el mismo inocente victimario se suicidó. Un niño sin padre al
lado, su madre falleció hace tiempo y él vivía con sus abuelos.
Surgen muchas interrogantes, pero lo importante no es darle
contestación sino analizar el por qué y evitar imitaciones.
Las autoridades coahuilenses han ordenado la aprehensión del
abuelo, propietario de las armas, acusándolo de homicidio por
omisión. No cabe duda que desde el gobernador de apellido

Riquelme hasta el procurador o fiscal, como lo llaman ahora, se van
por el camino más fácil y pretenden procesar a un anciano para
justificarse ante la sociedad. ¿Por qué no ponen a un sociólogo, a
un psicólogo, a un psiquiatra, profesionales especializados, para
diagnosticar el problema y dar soluciones prácticas?
Reitero que la responsabilidad de estos hechos no recae en el
gobierno (federal, estatal o municipal), pero también debe la
autoridad preocuparse por este problema que afecta a muchas
familias desintegradas. Que se pongan a trabajar en el DIF nacional
y en los estatales, aunque ahora esas tareas no interesan a los de la
Cuarta Transformación.
La revisión de las mochilas no corresponde al profesorado, es un
deber intransferible de los padres, que no de los abuelos, desde el
punto que quiera verse. Hacerlo en la puerta de la escuela no
implica violación a derechos humanos ni muchos menos, pero no
faltan los que politizan un problema en lugar de buscar soluciones
adecuadas, reales y tangibles.
jherrerav@live.com.mx

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