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Columnistas

JORGE HERRERA VALENZUELA – R Á F A G A: La Clase Política Se Acaba, Muere Julio Camelo Martínez

Nos estamos quedando sin hombres que desde su juventud
comenzaron su carrera política. Unos fueron calificados por Vicente
Lombardo Toledano como “los cachorros de la Revolución”, en
tanto que el maestro de Teziutlán, Puebla, desde los primeros años
de su vida enfocó sus pasos hacia la extrema izquierda, socialista y
seguidor de los comunistas-estalinistas, por lo que se ganó el apodo
de “bolchevique”. En un tercer grupo se ubicaron los jóvenes como
Manuel Gómez Morín, ideólogo y fundador del primer partido
político de oposición al gobierno, desde el primer sexenio
presidencial.
Durante el paso de 1940 a 1960 esas tres diferentes políticas,
clasificadas como derecha, izquierda y centro, estructuraron
puntualmente los caminos para participar en la política nacional y
mediante el triunfo en las urnas, conducir al país política y
administrativamente. Ganar la Presidencia de la República. Al
mismo tiempo acogieron a los jóvenes. En los años cuarenta
destacaron “los jilgueros”, la mayoría universitarios, como oradores
en las campañas electorales.
En esta ocasión mi comentario estará relacionado con la
preparación, capacitación y politización, que llevó a cabo el Partido
Revolucionario Institucional, sin olvidar que en el Partido Acción
Nacional surgían los jóvenes como Diego Fernández Ceballos, Jesús
González Schmal, Bernardo Bátiz, Gerardo Medina, Hiram
Escudero. En el ala izquierda destacaban Alejandro Gascón
Mercado y Arnoldo Martínez Verdugo.

Pues bien, el primer impulsor de la juventud en el Partido
Revolucionario Institucional, el PRI o el tricolor, fue el general
poblando Rodolfo Sánchez Taboada con equipo juvenil formado,
entre otros, por Flavio Romero de Velasco, Agustín Arriaga Rivera,
Antonio Mena Brito, Fernando Figueroa Tarango, Joaquín ´Noris
Saldaña, Rafael Corrales Ayala, Hugo Cervantes del Río, Darío
Arrieta Leyva y Clemente Carrillo Carillo.
El dato anecdótico de la dirigencia de Sánchez Taboada el 8 de
agosto de 1950, un joven estudiante normalista de nombre Miguel
Osorio Marbán llegó hasta él para decirle que deseaba pertenecer
al PRI y que no lo aceptaban porque apenas iba a cumplir 15 años.
El presidente priista llamó al michoacano Agustín Arriaga Rivera,
líder juvenil, y le dijo: ”Nosotros invitando a la juventud y usted no
recibe a este muchacho que desde ahora es miembro de nuestro
partido”.
UNA NUEVA GENERACIÓN POLÍTICA
En marzo de 1959 ese joven fue nombrado Director Nacional de las
Juventudes del PRI, por el presidente del mismo, general y
licenciado Alfonso Corona del Rosal, y le dio posesión el secretario
general, el licenciado Juan Fernández Albarrán. Los subdirectores
fueron Pedro Luis Bartilotti Perea, Tulio Hernández Gómez y
Alfonso Suagastégui Lagunas. Empezó una tarea sexenal de metas
insospechadas. El reto era formar a los nuevos cuadros para
presidentes municipales, senadores, diputados y gobernadores.
Osorio Marbán, de escasos 23 años de edad, principió por
estructurar su dirección y en ella tuvieron acceso jóvenes de toda la
República y fueron llevados al Instituto de Capacitación Política que
fundó el propio Osorio Marbán, convocando a destacados
militantes del tricolor para que impartieran los cursos, donde

habrían de surgir los nuevos dirigentes de la administración pública,
en los tres niveles de gobierno. De quienes estuvieron en esa
camada de jóvenes, recuerdo que llegaron al gabinete presidencial,
Augusto Gómez Villanueva e Ignacio Pichardo Pagaza; el hidrocálido
además fue líder de la Confederación Nacional Campesina,
secretario de la Reforma Agraria y es el más emblemático
representativo del sexenio echeverrista. Nacho, recién fallecido, fue
dos veces secretario (Contraloría de la Federación y de Energía) y
dos veces embajador, además de gobernador del Estado de México,
así como subsecretario de Hacienda y Crédito Público.
Sería prolijo mencionar cuántos políticos de primera fila pertenecen
a esa generación priista y omitiría muchos nombres, baste
comentar que fue última vez que el PRI formó a sus cuadros y
ejerció el poder político en el país. Cabe señalar que Osorio Marbán
recibió el apoyo y el reconocimiento del presidente Adolfo López
Mateos por la misión cumplida. Ese joven priista después se
convirtió en el historiador del partido y presidente de los festejos,
en 1979, del cincuentenario del PRI.
Miguel abandonó este mundo el 14 de agosto del año 2000,
precisamente cuando su partido político entró en declive y el
presidente “priista” Ernesto Zedillo, con cara sonriente, levantó la
mano triunfadora del candidato presidencial de Acción Nacional.
FALLECIÓ JULIO CAMELO
La noche del sábado 25 recibí un mensaje inesperado y cuya
redacción empezaba “la auténtica clase política está de luto”. El
mensaje procedía de Monterrey; quien dio la infausta noticia era de
la señora María del Carmen Cervantes Ayala, familiar y
cariñosamente llamada Pamela, hoy viuda de Camelo. Me
comunicaban que mi fraternal y estimado amigo, compañero de

trabajo, Julio Camelo Martínez, había fallecido. A mi mente vino un
solo pensamiento: se está acabando la Vieja Guardia de la Política
Mexicana, cuya desaparición comenzó en 1980 cuando surgieron
los tecnócratas y después llegaron los neoliberales.
Julio perteneció a esa generación de los finales de los cincuenta. A
los 19 años de edad se afilió a la Confederación Nacional de
Organizaciones Populares, el Sector Popular del partido, la CNOP.
Fue diputado local, más adelante dos veces diputados federal,
Oficial Mayor de la Cámara de Diputados. Secretario de Gobierno
en Nuevo León y representante del mismo en el Distrito Federal.
Para entonces ya era un político apreciado y reconocido dentro y
fuera de su natal Monterrey, al grado de que después año y medio
de ser presidente municipal de la capital regiomontana, el mismo
día que entregó el poder, se determinó imponer su nombre a una
de las principales calles de esa capital. Hace poco en la Ciudad de
México su nombre fue impuesto a una aula universitaria, en la
Ciudad de México.
Este singular político que fue subsecretario de Reforma Agraria y de
Educación Pública, además de Director Corporativo Administrativo
de Pemex. Supo ganarse el respeto, el cariño y la amistad de
quienes le conocimos. Jamás lo oímos hablar mal de alguna
persona y de él nadie se ha expresado negativamente. Tenía un don
de gente poco visto en un político y todos guardamos gratos
recuerdos de Julio Camelo Martínez, economista egresado de la
UNAM y que el 30 de octubre hubiese cumplido 83 años.
Julio Camelo es el único mexicano civil que durante alrededor de
cuatro décadas fue miembro destacado y muy apreciado de la
Asociación de Agregados Militares en México. Los marinos también
lo quisieron muchos a ellos les obsequió su biblioteca. Julio era un

enamorado coleccionista de soldaditos, barcos y todo lo
relacionado con la milicia.
Fuimos amigos más de 50 años y de él siempre recibí atenciones y
cada diciembre me enviaba a casa un libro, sabedor de que uno de
mis vicios es leer (el otro es escribir). Los dos últimos fueron “El
Gallo de Oro”, de Juan Rulfo y de Carlos Fuentes, “La Muerte de
Artemio Cruz”.
Entre las múltiples anécdotas, contare la ocasión en que con la
representación del titular de la S.R.A., Jorge Rojo Lugo, me
entrevisté con el Procurador General de la República, el
chihuahuense Oscar Flores Sánchez. Su secretario particular, Julio
Camelo, me acompañó al despacho del funcionario. Al desarrollarse
la plática, mi fraternal Julio le dijo a su jefe: “Jorge, buen amigo, es
muy bueno…” y no terminó la frase, porque don Oscar: “Bueno,
¿para qué?, no creo que sea bueno para todo”. Los tres soltamos
una carcajada. Convivimos mucho Camelo y yo con otro gran
político, Humberto Romero Pérez, el hombre más influyente en el
sexenio del presidente Adolfo López Mateos.
Se acaban los políticos mexicanos.
jherrerav@live.com.mx

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