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Estamos en la etapa más peligrosa de la pandemia y es alarmante
que cada día haya ¡cinco mil seres contagiados! del mortal COVID
19 y con más de 35,000 fallecidos. Es preocupante que desde
Palacio Nacional, donde despacha y vive el actual presidente, con
informes nocturnales a través de la televisión, se cumpla con la
tarea ante la sociedad, cuando lo que urge es una atención efectiva,
permanente, y una campaña de concientización.
Es incuestionable que la salud de cada uno de los 129 millones de
mexicanos, es responsabilidad, única y exclusivamente, de carácter
personal. Sin embargo desde que se inició el ataque frontal, allá por
febrero de este año, el Gobierno Federal desdeñó el caso,
manejándolo con frases y después argumentando con un “ya
domamos a la pandemia” , así como, mal informando que “ya se
está aplanando” la curva.
Miren Ustedes, estimados lectores y visitantes a este portal digital,
desde el momento en que se puso el semáforo en color naranja,
señal de que podrían reiniciarse algunas actividades, la gente
abandonó su confinamiento, se lanzó a la calle sin aplicar las
medidas preventivas y causando aglomeraciones en las tiendas
departamentales que ofrecen descuentos y amplios plazos para
pagar “sin intereses”.
La situación que actualmente se vive en todo el país, sin
desconocer que hay poblados que no fueron atacados fuertemente
por el coronavirus, es de incertidumbre, de zozobra, de miedo. La
versión de que el virus anda en el aire, cierta o no, debe de alertar a

quienes salen a la calle sin cubrebocas, sin gel antibacterial, sin
toallas humectantes para desinfectarse y la despreocupación para
sanitizar las suelas de zapatos. A todos esos mexicanos no les
importa el color del semáforo médico y retan a la muerte.
Mi comentario no es alarmista, por el contrario, es una invitación a
que seamos más responsables. Jamás nos damos cuenta del
momento en que nos contagiamos y que nos convertimos en
transmisores del COVID 19. Hace mucha falta una verdadera
campaña en los medios electrónicos y en las redes sociales, sobre
todo dirigida a los niños. Recuérdese aquella campaña de “¡Ponga
la basura en su lugar!” y la otra para ahorrar agua de “¡Ciérrale!”.
Los pequeños presionaban al papá para que no arrojara basura al
piso y para que no dejaran abierta la llave conductora de agua.
¡QUÉDATE EN CASA!, ¡QUÉDATE VIVO!
Al estar redactando este comentario, en redes estaba empezando a
divulgarse un amplio mensaje leído por la reportera Sarai Méndez,
de Televisa, anunciando una próxima campaña en toda la Ciudad de
México para convencer a los que “a mí nunca me va dar”, a los que
no creen exista el virus, a los que siguen organizando fiestas
masivas e inclusive a los que contestan: “es cosa del gobierno”.
Es aplaudible la política que aplica la doctora Claudia Sheinbaum
Pardo, máxima autoridad en la Capital del País. Actuó desde el
principio de la pandemia con medidas acertadas, ordenando la
suspensión de actividades y disponiendo lo indispensable para
atender a los contagiados, alertando a la población del Valle de
México y coordinándose con el gobierno del Estado de México.
Hace dos semanas las condiciones permitieron pasar del semáforo
rojo al naranja; sin embargo echó marcha atrás, al demandar el
cierre de los establecimientos comerciales del Centro Histórico. La

próxima semana emprenderá una campaña con cinco palabras y
¡sus respectivos signos de admiración: ¡Quédate en Casa! ¡Quédate
Vivo! Y seguido ese lema de varias frases más contundentes, cuya
finalidad es hacerle entender a hombres y mujeres, a jóvenes y
adultos, el peligro que se corre por la imprudencia de las personas
incrédulas, indiferentes e ignorantes.
LA CANÍCULA Y LA INFLUENZA
Una calamidad nunca llega sola. Los malos tiempos siempre tienen
compañía. Si hace 1520 la epidemia de la “viruela negra” acabó con
la población mexica de Tenochtitlán, la de 1920 fue “la gripe
española” que causó la muerte a medio millón de seres, la de este
2020 esperemos que pueda ser frenada en un máximo de 50,000
fallecimientos.
Bueno, la pandemia del COVID 19 tardará en ser medianamente
extinguida. Pero según los pronósticos entre este mes y el agosto
entrante es la temporada de las canículas. Fuertes y extremosos
calores junto con la sequía, ausencia de lluvias. Supe que dura un
promedio de 40 días, en los que la gente debe de tomar mucha
agua, hidratarse; usar bloqueador y exponerse lo menos posible a
los rayos solares, no hacer ejercicios al aire libre, después del medio
día ni a media mañana.
Después, por los mismos días la pandemia del COVI 19 y las
canículas, de subsistir, tendrá nueva compañía, a partir de octubre
empieza el mal anual: la influenza, contra la cual ya hay una vacuna
preventiva sobre todo para los adultos mayores de 60 años. Con
mayor fuerza la influenza ha causado cientos de muertes. Es una
enfermedad respiratoria de grandes complicaciones a partir del
momento en que el afectado sufre altas temperaturas. Padece

dolores de garganta, de cabeza, de músculos, estomacales. En los
niños los síntomas además son nauseas, vómitos y diarrea.
PREGUNTA PARA MEDITAR;
¿La Secretaría de Salud tendrá ya personal médico capacitado,
suficientes medicamentos y equipo hospitalario para atender a los
que resulten afectados por esas dos enfermedades?
jherrerav@live.com.mx

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