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Columnistas

JORGE HERRERA VALENZUELA – R Á F A G A: Alguien me dijo en julio de 2018, Morena tendrá vida por seis años.

Al pronosticador le pregunté el porqué de su afirmación y la
inmediata respuesta fue: “porque es un partido político de un solo
hombre, del que lo fundó”. Seguramente ese analista político
vislumbró, con mucha anticipación, lo que hoy están viviendo los
superdivididos y ambiciosos, no del poder sino de los 1,760
millones de pesos que el Instituto Nacional Electoral (INE) tiene
asignados este año para Morena.
Tres son los personajes que han iniciado el derrumbe de un partido
político nacional con menos de 6 años de registro en el INE y que
está por cumplir dos controlando el Congreso de la Unión, así como
25 meses de disfrutar la Presidencia de la República, cuyo titular es,
al mismo tiempo, el líder moral de lo que primero fue Movimiento
de Regeneración Nacional, después se constituyó en asociación civil
y desde julio de 2014 en Morena.
El trío lo integran: la empresaria defeña Yeidckol Polevnsky Gurwitz
(Citlali Ibáñez Ávila Camacho, en español) que es secretaria general
del comité nacional del partido y encargada de la presidencia; el
zacatecano historiador, antropólogo y diputado federal Alfonso
Ramírez Cuéllar; y la contadora pública chihuahuense Bertha Luján
Uranga, mamá de la actual Secretaria del Trabajo y Previsión Social,
convocante al congreso o convención donde, el domingo pasado,
destituyeron a Yeidckol y nombraron a Alfonso para que en cinco
meses ponga orden en Morena y convoque a elecciones de nueva
dirigencia nacional, al cuarto para las doce de lo que viene.

El principio del final morenista está más claro que el agua purificada
de Monterrey, la mineral de Tehuacán y la cristalina de las Fuentes
Brotantes de Tlalpan. Se empieza a repetir la historia de aquel
portentoso y apantallador Partido de la Revolución Democrática,
fundado el 5 de mayo de 1989 por Cuauhtémoc Cárdenas, Porfirio
Muñoz Ledo e Ifigenia Martínez y Hernández. Conquistaron
electoralmente el Distrito Federal, hoy Ciudad de México;
destronaron al hasta entonces invencible PRI. En las urnas ganaron
gubernaturas, senadurías, diputaciones federales y locales, así
como importantes presidencias municipales.
Ah, pero no tardó la disputa interna. Los fundadores mencionados
dejaron las filas del PRD, Andrés Manuel López Obrador
temporalmente dirigió al partido y fue jefe de Gobierno del D.F.,
pero los dirigentes de las 12 tribus que integraron al PRD entraron
en pugna por cargos públicos y prebendas. López Obrador se
desligó del perredismo porque ya no era el ídolo, se alió con
partidos “chiquitos” y después formó el suyo, el propio, donde solo
su voz valía y sigue imponiéndose a pesar del canibalismo que está
puesto en práctica.
La aparente indiferencia del tabasqueño hacia lo que ocurre por el
control de Morena está a la vista y eso más temprano que tarde le
afectará mucho al partido en el poder, pues las elecciones del 2021
están a la vuelta de la esquina. La rebatinga (perdón por el término)
por las posiciones en las gubernaturas en juego y las candidaturas a
diputados federales, provocarán más divisionismo y ahí entrarán en
acciones los picos y las palas para cavar la tumba del partido de un
solo hombre.

Pero como decía aquel conductor de televisión, “aún hay más”.
Aunque el tabasqueño, el expopular y populachero “Peje” tenga sus
propios datos, lo cierto es que su impactante capital político sufre
bajas considerables, “las mañaneras” lo desgastan y su posición de
no admitir que la economía no avanza, que hay desabasto de
medicamentos, la inseguridad y la violencia se incrementan en todo
el país y la ocurrencia distractora de la rifa del avión presidencial le
restan popularidad y cae en contradicciones como la de no recibir a
Sicilia y a Lebarón “porque cuida la investidura presidencial”, pero
la descuida al dialogar con los familiares de los 43 desaparecidos de
Ayotzinapa y con los chantajistas de la CNTE.
Súmele otro punto y que también está relacionado con la lucha
fratricida en Morena. No permitirle al diputado Porfirio Muñoz
Ledo subir a la tribuna parlamentaria, para impugnar a la
presidenta de la Comisión Nacional de Derechos Humanos, significa
abrir una brecha más por los propios morenistas, porque Muñoz
Ledo es uno de los pocos políticos-políticos que tenemos en este
país, donde la improvisación y la falta experiencia legislativa de la
mayoría de sus compañeros provoca esos resbalones.
PREGUNTA PARA MEDITAR:
¿Qué sucederá en julio de 2021 cuando Morena pierda la mayoría
en la Cámara de Diputados y no triunfe en la conquista de las 15
gubernaturas que estarán en juego?
jherrerav@live.com.mx

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