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Nacional

Intervención de Claudia Ruiz Massieu

Intervención de la senadora por el Partido Revolucionario Institucional, Claudia Ruiz Massieu, durante los posicionamientos de los grupos parlamentarios, en el marco del Análisis del III Informe de Gobierno del Presidente de la República, en materia Política Interior. Sesión Ordinaria

Gracias presidenta.

Honorable Asamblea.

El propósito fundamental de la política interior es garantizar la gobernabilidad, la estabilidad y la paz pública de la nación mexicana.

En ese sentido, la conducción de la política interior es una responsabilidad tan grande que en cierto sentido, trasciende las atribuciones de un despacho de la Administración Pública Federal. Es un asunto de Estado, en tanto todos quienes integramos los órganos o las instituciones del Estado mexicano, somos corresponsables en garantizar la convivencia y la gobernabilidad democráticas.

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En un país tan vasto, complejo y diverso como el nuestro, la política interior no solo requiere articular las relaciones entre Poderes de la Unión y órdenes de gobierno, o facilitar el diálogo entre las fuerzas políticas y los sectores que integran la sociedad mexicana.

Conducir la política interior exige también defender las normas, los principios y las instituciones en que se funda el Estado mexicano: el federalismo, la división de Poderes, la pluralidad democrática, el imperio de la ley, pero sobre todo el respeto irrestricto al régimen de derechos y libertades de las personas.

Hoy nos convoca el análisis de esa conducción, en el marco del Análisis del Tercer Informe del Ejecutivo Federal en materia de política interior.

Y hay que decir que lamentablemente llegamos a este momento en una situación grave, de crisis, de violencia, de seguridad y de derechos humanos.

De crisis migratoria, de crisis de violencia de género, de polarización, de crisis de la institucionalidad democrática, descentralización del poder y de regresión autoritaria. Todo ello, sumado a la crisis de salud y la crisis económica, que hay que decirlo, no son fruto de la pandemia, venía desde antes, pero sin duda la pandemia las ha profundizado.

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En este contexto, en el grupo parlamentario del PRI podemos reconocer aciertos, así como señalar insuficiencias, pero sobre todo, debemos advertir las graves confusiones que persisten.

En primer lugar, se confunde la política interior con la política partidista, al pretender reducir la pluralidad democrática de la sociedad en una falsa dicotomía, en la que se está con el actual gobierno o se está en su contra.

En el balance necesario a la mitad del camino, pareciera que durante tres años solo se ha gobernado para la mitad de la población o para el electorado que votó por el actual gobierno, o solo para aquellos que comparten la visión del actual titular del Ejecutivo Federal.

Bajo esa lógica se ha promovido una polarización social sin precedentes, cuestionando valores y principios que son torales para un Estado democrático de derecho, desmantelando o debilitando las instituciones que garantizan la división de Poderes y el régimen de derechos y libertades que costaron generaciones construir.

El mandato del Ejecutivo Federal es democrático, pero también es democrático, son democráticos los mandatos de la representación popular plural en el Congreso de la Unión y de todos los cargos que emanan del sufragio.

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Las responsabilidades públicas se ejercen con una propuesta política en el mundo de las ideas, pero ello no implica descalificaciones a priori o exclusiones basadas en el prejuicio.

En segundo lugar, se confunde al Poder Ejecutivo Federal con el Estado mexicano, violentando reiteradamente la soberanía de las entidades federativas, al tiempo que se rechaza la cooperación con las autoridades estatales y municipales para atender incluso los desafíos más apremiantes.

En el contexto crítico de la emergencia sanitaria y sus graves consecuencias económicas, nuestra reiterada convocatoria es a la unidad nacional, al trabajo conjunto entre sectores, a la colaboración entre órdenes de gobierno. Pero esa convocatoria reiterada desde la oposición no ha encontrado más respuesta que el silencio.

En esta misma dinámica, se ha relegado de la toma de decisiones a los sectores privado y social.

Hoy a la sociedad civil organizada no se le reconoce como interlocutor, sino como disidencia. Con la iniciativa privada en cambio, la buena o mala disposición para dialogar depende en gran medida de afinidades personales, no de los intereses nacionales.

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Finalmente, hoy se confunde también la presidencia de la República, la titularidad del Poder Ejecutivo, con el Poder Ejecutivo mismo, personalizando desde la toma de decisiones hasta las relaciones con los otros Poderes de la Unión.

Se han limitado los canales institucionales de interlocución, reduciendo las posibilidades de dialogar y de construir entendimientos. Se ha pasado por encima de las facultades de las dependencias federales y de las atribuciones de sus titulares.

Se ha denostado sistemáticamente a los Poderes y órganos del Estado mexicano, y se ha querido no solo imponer una única visión de lo que debe ser México, sino ignorar y excluir a la pluralidad que representa la diversidad del mosaico nacional.

Compañeras y compañeros, la gobernabilidad democrática requiere facilitar la participación de las fuerzas políticas, de la ciudadanía y de los tres órdenes de gobierno en la definición, la conducción y la evaluación de las grandes metas nacionales.

Para alcanzar esas metas es necesario construir acuerdos con todas las fuerzas políticas del país, fortalecer la cultura democrática de la ciudadanía y abrir más espacios para su participación, privilegiando el diálogo y los entendimientos.

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En el grupo parlamentario del PRI consideramos que la designación de un nuevo titular de la Secretaría de Gobernación es una determinación responsable, que reconoció la necesidad de imprimir un cambio de rumbo a la conducción de la política interior de nuestro país. Reconocemos el talante abierto y conciliador con que se ha iniciado este encargo.

Detengamos, compañeras y compañeros, la polarización, la exclusión y a la agresión -concluyo presidenta- que han caracterizado los tres primeros años de esta administración. Hagamos política de construcción de puentes y de entendimientos.

Como senadoras y senadores tenemos que atender grandes retos, los retos del país nos necesitan a todos en una dinámica constructiva.

Y concluyo con un llamado muy puntual a la mayoría y a sus aliados: muy probablemente vamos a analizar las reglas y el arreglo institucional de nuestro sistema electoral, ojalá no hagamos de esa discusión un elemento más de polarización o un intento de revertir el avance democrático del país.

Hay que escucharnos y hay que construir juntos, el andamiaje que México necesita hoy, para fortalecer y no para debilitar a nuestra democracia. Para eso se requieren acuerdos verdaderos y de fondo, no solo la construcción de mayorías calificadas.

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Si algo acredita la historia del Siglo XX mexicano, es que nuestra nación es plural y que es en la diversidad donde nos enriquecemos como pueblo, como cultura y como visión del mundo.

Muchas gracias.

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