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Francisco Gómez Maza – Análisis a Fondo: La quita de la tasa de interés, congruente con la realidad económica

·        El acuerdo comercial con Canadá y EU quitó tensiones – Adicionalmente, no se esperan presiones inflacionarias

Por cuarta ocasión, el banco central decidió un recorte a su tasa de interés clave, la de referencia, ante la expectativa de que continúe el débil desempeño de la actividad económica y se enfrenten riesgos para la inflación, así como un efecto negativo para la economía por una baja en la nota soberana de las calificadoras del riesgo país, y en un contexto marcado por el recetario fondomonetarista.

Como era ampliamente esperado por el mercado, el banco central recortó en 25 puntos base la tasa de fondeo interbancario a un día para dejarla en un 7.25%, su menor nivel en dos años.

El peso mexicano se apreciaba un marginal 0.05% a 18.9502 por dólar tras la decisión, que contó con el respaldo de la mayoría de los cinco miembros de la Junta de Gobierno. Solo uno de ellos votó por una baja de 50 puntos.

La junta de gobierno del Banco de México ha exteriorizado su expectativa de que continúe el débil desempeño de la actividad económica, durante los últimos trimestres. Pero la aprobación del T-MEC calmó los temores de que México pierda grado de inversión. De acuerdo con un sondeo del Bank of América Merril Lynch, 56% de los inversionistas considera que aún existe la posibilidad de que México pierda grado de inversión, pero la cifra es menor al 77% que lo creyó hace un mes.

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La economía mexicana, la segunda más grande de América Latina, después de la brasileña, ha estado bajo presión de las agencias calificadoras ante la precaria situación de la petrolera estatal Pemex y el estancamiento en el crecimiento económico. Pero como no hay mal que por bien no venga, desde la perspectiva de la autoridad central, el cambio de previsiones de la tasa de crecimiento de la economía abrió un espacio para relajar la política monetaria.

El banquero central postula que las reducciones de la tasa de referencia apuntan a objetivos distintos del crecimiento económico, los cuales, por ejemplo, pueden reducir el costo de préstamos del banco central a los bancos comerciales, o bajar los costos de captación del gobierno, vía emisiones de bonos.

No se espera una ampliación de la capacidad productiva, aunque se incrementaron las importaciones de bienes de capital fijo; y el gasto de consumo privado ha descendido. En consecuencia, por el lado de la economía doméstica no hay presiones sobre la demanda y la desocupación se ubicó con niveles superiores a los observados a principios de año, mientras que los índices de productividad tienen una pendiente ascendente, en tanto los costos laborales han presentado continua pendiente descendente.

Los incrementos en los principales indicadores de la economía continúan siendo moderados. Esto, junto con la tendencia que ha exhibido la productividad media del trabajo, condujo a que los costos unitarios continuaran disminuyendo.

Otro elemento importante es que no se esperan presiones inflacionarias futuras. Las presiones podrían provenir de los precios de los productos pecuarios y de las tarifas autorizadas por el gobierno.

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Los miembros de su Junta de Gobierno del instituto bancario central deciden reducir la tasa de interés, con base en que: primero, la economía presenta una mayor holgura porque, por un lado se reduce la demanda externa (exportaciones mexicanas) por la previsión de una menor tasa de crecimiento a la esperada por el principal socio comercial (principalmente porque no se recupera el sector inmobiliario que, vía efecto riqueza, expande el consumo); continuara fragilidad de la zona euro, y no se esperan grandes variaciones de los países emergentes exitosos (China) y, por otro, hay consenso en que el gasto interno continuara deprimido. Incluso se menciona que el mercado laboral sigue mostrando gran holgura y que no se perciben presiones de demanda en el mercado crediticio.

La decisión de reducir la tasa de interés de referencia la toma la junta de gobierno del banco central sobre el consenso de que no se esperan presiones inflacionarias del resto del mundo ni de la economía mexicana. Además, y quizá de manera más relevante, los flujos financieros a las economías emergentes y, especialmente a México (por presentar fundamentos macroeconómicos sólidos) no se verán alterados. Parece que no habrá variaciones en la tasa de referencia de Estadios Unidos y de Europa y no se esperan crecientes niveles de volatilidad financiera.

Entre las fortalezas con las que cuenta México para enfrentar una posible reversión de flujos de capital, destacan su sólido marco macroeconómico, la flexibilidad en las tasas de interés y el tipo de cambio, su elevado nivel de reservas internacionales y la Línea de Crédito Flexible con el Fondo Monetario Internacional.

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