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·        Le ha ayudado la debilidad del dólar estadounidense – Políticas antiinflacionarias han apoyado la moneda

El peso mexicano tiene la enorme oportunidad de fortalecerse a lo máximo, y encontrar un lugar importante en el concierto de las divisas mundiales, mientras el dólar estadounidense siga su acelerada carrera hacia la sima impulsado por múltiples razones derivadas tanto de la recesión económica, de los gravísimos efectos de la pandemia del coronavirus, que ha dejado algo más de 180 mil fallecidos en Estados Unidos, así como legiones de desempleados por el paro de miles de empresas y de su enemistad con el pujante Dragón asiático.

En opinión del experto en asuntos monetarios y cambiarios, Ismael de la Cruz, de investing.com, son varias las razones de la debilidad de la moneda estadounidense, hasta hace poco, referencia de la política cambiaria de occidente:

Las tasas reales negativas en Estados Unidos; el presupuesto del Gobierno que será otra losa para el dólar; el déficit presupuestario que será, en los próximos años, superior al de la zona euro; las tensiones geopolíticas entre Estados Unidos y la República Popular de China; la incertidumbre sobre la carrera electoral para las elecciones presidenciales del 3 de noviembre. (Antes de la pandemia, Trump era el claro favorito, pero ahora las encuestas dan ganador a Biden, aunque la diferencia se va reduciendo); el retraso de la nueva ronda de estímulos fiscales, y el apetito de los inversores por la renta variable.

Indudablemente que esta debilidad de la moneda estadounidense tendrá que reflejarse en una importante apreciación (en el remoto pasado se llamaba revaluación) del peso mexicano, que por otra parte no lo ha hecho tan mal en la primera mitad de 2020 y en todo 2019.

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De acuerdo con expertos de la agencia británica Reuters, especializada en economía y finanzas, en un análisis de principio de año decía que los fondos de cobertura demuestran su amor por la moneda latinoamericana de mejor desempeño del año pasado. Y este amor no ha muerto hasta el inicio de este otoño.

Los fondos apalancados aumentaron sus apuestas largas sobre el peso de México en la semana que terminó el 14 de enero a lo más alto desde octubre de 2017, según datos recopilados por la Comisión de Negociación de Futuros de Productos Básicos de Estados Unidos. En general, las apuestas alcistas sobre la moneda se elevaron a un máximo histórico.

El peso mexicano ha estado conquistando a los inversionistas que señalan tasas de interés aún atractivas, un pacto comercial con Washington y Ottawa y la, aunque debilitada posibilidad de reanudar las exportaciones a EU, sobre todo las de productos agropecuarios. (No hay que olvidar que el de Estados Unidos en el mayor mercado para los productos mexicanos, tanto manufacturas, industria automotriz, como productos del campo).

El peso se ha mantenido más o menos estable en los ocho meses que han pasado de 2020 y eso le deberá continuar restando intranquilidades a los mercados.

Y si la economía mexicana está prácticamente en bancarrota en muchos terrenos, y no está generando los empleos suficientes para satisfacer la demanda, la bronca que enfrenta la economía más poderosa, hasta antes de la pandemia, enfrenta serios problemones de un masivo desempleo que afecta a la demanda interna agregada.

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El Banco de México ha realizado un gran papel en el apuntalamiento e la política cambiaria, entrando y saliendo al mercado para fortalecer la posición de la moneda nacional frente al dólar y al resto de las divisas extranjeras que comercian con México. Ha hecho igualmente un buen manejo de la política inflacionaria y ha sabido atemperar las ansias de los especuladores. Por el momento no hay ninguna luz roja que pueda desestabilizar las políticas del banco central, mientras comienza a la reactivación de otras importantes ramas de la producción y la recuperación del empleo. El T-MEC empezó a ser por su parte un buen indicio de la detonación de la productividad de la planta industrial y manufacturera.

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