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Nacional

ELIGE / Mujeres en la política

Las mujeres que llevan una vida relativamente fácil y privilegiada, en cambio, asumen que son menos merecedoras para postularse. Sus ambiciones las consideran antitéticas a la autenticidad.

Por Mariana Morán, Presidenta de Equidad, Libertad y Género (ELIGE)

Pese a estereotipos y sesgos, cada vez más mujeres ganan puestos de elección popular. Sin embargo, deben librar una amenaza tácita y real: la pérdida de autenticidad.

Se trata de un concepto que surge repetidamente en los programas de capacitación a mujeres en la política. Es, sin duda, un estigma internalizado del empoderamiento de la mujer. Así, ellas buscan una razón tangible o una explicación para justificar su ambición política: encarcelamiento pasado, agresión, discriminación u otro trauma…un “permiso” para ingresar a la arena política.

Las mujeres que llevan una vida relativamente fácil y privilegiada, en cambio, asumen que son menos merecedoras para postularse. Sus ambiciones las consideran antitéticas a la autenticidad.

Para las candidatas políticas ser auténtica es ser transparente, abierta, honesta y fiel a sí misma. Así, requieren decisiones sobre qué partes de uno mismo compartir en el ojo público. Como tal, la autenticidad se vinculó con la vulnerabilidad para crear oportunidades de conexión. Esto conlleva riesgos, particularmente cuando se extiende a las historias de otros seres queridos.

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Sin embargo, es relevante que la autenticidad y la vulnerabilidad, aspectos clave de la construcción de relaciones, ofrecen un nuevo paradigma para la política y las relaciones públicas políticas.

No se requiere que postularse a un cargo público implique que una mujer debe actuar como un hombre. Tampoco se debe caer en el extremo opuesto y exponer la fragilidad y a los seres queridos en aras de “conectar” con el electorado.

Se trata de generar una interacción real con los votantes a través de un liderazgo contextual y único.

Las candidatas a puestos políticos deben conocer su propia misión, fortalezas y oportunidades y con base en esto establecer una narrativa propia, coherente con lo que cada una es y persigue.

Es verdad que la preparación resulta fundamental, sobre todo en una actividad donde realmente no hay nada escrito a prueba de errores, como la política. Sin embargo, es necesario concientizar a las mujeres de que no deben seguir libretos de actuación hechos por otros, que el couch no determina acciones y decisiones, que se trata de líneas generales de actuación que cada una la adecuará a su esencia, estilo y creencias.

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La pérdida de autenticidad es un concepto reduccionista que impera en el laberinto de cristal de la carrera política de las mujeres. Y el planteamiento del trasfondo es: ¿realmente sólo una experiencia devastadora nos capacita para ostentar un puesto de elección popular?, ¿sólo la misericordia de los otros nos catapulta a una palestra de decisiones?

En el fondo de estos confinamientos ideológicos prevalecen viejos arquetipos de lo que debe ser una mujer y la encadena a roles de victimización. En la medida que logremos visualizar los sesgos, más posibilidades tendremos de tener una arena política inclusiva, con mayor riqueza ideológica y acorde al liderazgo inclusivo, humanista y contextual que requerimos.

 

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