A primera vista resalta por su empastado en piel color café, que presenta decoraciones en gofrado de tonalidad dorada sobre la cubierta y lomo; cerrada con un broche metálico con los colores de la bandera nacional verde, blanco y rojo; y protegida en un estuche de madera, con interiores forrados en seda.

En ella se consignaron como Ley Suprema los principios políticos, sociales y económicos que fueron la bandera de la Revolución. Los 136 artículos, divididos en 9 títulos, escritos a mano por el calígrafo oficial del Congreso, Perfecto Arvizu Arcaute, velan por la defensa de las garantías de los derechos individuales y sociales del hombre; la soberanía popular; la división de poderes; la rectoría económica del Estado; y la separación entre el Estado y la Iglesia.

Firmada el 5 de febrero de 1917 por 209 diputados, después de dos meses de intensivos debates y controversias en el Teatro Iturbide, que iniciaron en diciembre de 1916, utilizando la misma pluma de oro con la que había sido  rubricado el Plan de Guadalupe. Desde su entrada en vigor, el 1 de mayo de 1917, se le han realizado 706 reformas y ha sido traducida en 40 lenguas indígenas.

Si quieres conocer más sobre la historia de la Constitución de 1917, consulta a continuación algunos datos históricos de los documentos que la precedieron, así como su legado.

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La Constitución de Cádiz, fuente del constitucionalismo mexicano (1812)

Soberanía popular, división de poderes y federalismo, fueron los tres principios que se enarbolaron con la promulgación de la Constitución de Cádiz, el 19 de marzo de 1812, corpus legislativo que intentó ser la base de un Estado con un gobierno monárquico-constitucional.

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Los Sentimientos de la nación en Apatzingán (1813)

Los Sentimientos de la Nación tienen principios que son imperecederos. Y aunque es un documento breve, los preceptos plasmados en él se convirtieron en la esencia de la nación mexicana.

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De Imperio a República Federal, la Constitución de 1824

La Constitución de 1824, señala Emilio O. Rabasa, fue el primer acto de autodeterminación mexicana, cuya historia se empezó a escribir el 12 de marzo de 1820, cuando Fernando VII, rey de España, se vio obligado a jurar la Constitución de Cádiz tras el triunfo de la revolución liberal encabezada por Rafael del Riego.

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La República centralista, las Constituciones de 1836 y 1843

Al promulgarse la Constitución Federal de 1824 se pensó que sería la panacea a la violencia y desorden; no sucedió, al contrario México se adentró a un periodo de constantes enfrentamientos entre diversos grupos que deseaban imponer su visión de nación. En esta etapa destacó el hombre que se levantó contra el Imperio: Antonio López de Santa Anna.

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La generación de la Reforma, la Constitución de 1857

El 5 de febrero la Constitución de 1857 celebrará su 160 aniversario. Dicho corpus legal estuvo vigente sólo 60 años, de los cuales pocas veces se cumplieron sus preceptos, ya que en ese lapso se instauró el Segundo Imperio y la dictadura de Porfirio Díaz. En ese sentido, como señaló Justo Sierra, la Constitución “fue una generosa utopía liberal, tachonada de principios, sueños y teorías”.

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El retorno de los Habsburgo, el Estatuto Provisional del Imperio Mexicano

El Segundo Imperio Mexicano, a despechó del clero y los conservadores, continuó con las Leyes de Reforma. Maximiliano creyó que con la legislación liberal impulsada por él se lograría cumplir su ilusión de hacer de México el imperio más rico, culto y moderno del mundo. Sueño que encontró su desenlace en el Cerro de las Campanas.

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Un siglo de constitucionalismo social

El 5 de febrero de 1917, en el Teatro Iturbide de la ciudad de Querétaro, se promulgó la Carta Magna que actualmente nos rige. Con ella se dio origen al constitucionalismo social, el cual establece que la máxima ley de un pueblo no sólo debe fijar la base organizativa del Estado y reconocer las garantías individuales, sino también ser garante de los derechos sociales, económicos y culturales de las clases populares.

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El legado de la Constitución de 1917

“La Constitución del 5 de febrero de 1917 es la culminación de un drama histórico cuyos orígenes se remontan a la Guerra de Independencia, teniendo como escenario la lucha de un pueblo por conquistar la libertad, por realizar un mínimo de justicia social y por asegurar un régimen de derecho”. Mario de la Cueva.

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