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Columnistas

Carlos Ramírez – INDICADOR POLÍTICO: Narcoterrorismo, no; cárteles de México en EU por corrupción allá

La amenaza del presidente Donald Trump de caracterizar a los cárteles
mexicanos del narco –se supone que todos– como terroristas tendría un efecto
adverso dentro del territorio estadunidense que sólo se pudiera prever como un
infierno violento y criminal.
Si los principales cárteles mexicanos devienen en terroristas, entonces la
cacería de sus estructuras tendría que sentirse al interior de los EE. UU. donde
las organizaciones mexicanas controlan el mercado de venta al menudeo de
droga. Por que ello querría decir las secciones estadunidenses de los cárteles
mexicanos también serían abatidos.
El efecto sería desastroso: la interrupción del flujo de droga en las
comunidades adictas –10% oficial, hasta 30% no permanente– que verían
suspendido su abasto. Y en los EE. UU. se tiene probado que el aumento en los
precios de las drogas en las calles o su disminución en la disponibilidad en el
mercado callejero deriva en incremento de la delincuencia: drogadictos
comienzan a asaltar y asesinar a personas de la tercera edad y familias para
conseguir dinero, suben robos a tiendas y gasolineras y transeúntes para cubrir
precios de las drogas y desde luego los motines de adictos exigiendo sus dosis
para permanecer en la tranquilidad.
En este sentido, a lo mejor sería bueno alentar a los EE. UU. a declarar
terroristas a cárteles de la droga porque con ello aumentaría la decisión mexicana
de combatir siembra, flujo y contrabando de drogas y con ello habría un desbasto
dentro de los EE. UU. Eso sí, esta estrategia necesitaría de una gran operación

social-policiaca-militar en México para impedir que la droga que no vaya a los EE.
UU. se quede en México como consumo.
De todos modos, el procedimiento legal para llegar al punto de la
declaración de terroristas a cárteles tendría que pasar por un complejo camino
legal que contaron el embajador en la ONU Juan Ramón de la Fuente y el
investigador Pablo Arrocha (https://www.eluniversal.com.mx/opinion/juan-ramon-
de-la-fuente/narcotrafico-no-es-terrorismo), contando además con la intervención
del Congreso.
Y la parte más grave del asunto estaría en la decisión de la Casa Blanca de
movilizar tropas a México para perseguir cárteles, pero sin contar con el permiso
mexicano, lo que llevaría a una situación simple de invasión extranjera que
debiera estar precedida de una declaración formal de guerra.
La diplomacia mexicana ha estado por debajo de las necesidades
estratégicas del Estado y no ha sabido construir un discurso integral –con
excepción del texto de De la Fuente– y menos ha sabido elaborar una narrativa
circunstancial para desactivar preocupaciones. El sólo hecho de que el canciller
mexicano Marcelo Ebrard Casaubón haya abierto conversaciones directas con la
Casa Blanca ha sido interpretado por la sociedad como una forma de darle
veracidad a las amenazas de Trump, pero sin pasar por las explicaciones de que
es imposible en las relaciones bilaterales.
La Casa Blanca y el Departamento de Estado tienen todo el derecho de
caracterizar a los cárteles mexicanos como terroristas, pero sería sólo una
decisión retórica y de ciertos castigos procedimentales en materia de relaciones
diplomáticas. Durante años las FARC de Colombia fueron calificadas de terroristas
y nunca hubo decisión alguna de los EE. UU. para invadir Colombia y sus
relaciones militares por narcotráfico se basaron en acuerdos formales y no en una
invasión militar masiva.
La amenaza de Trump pudiera resumirse en la intención de reanudar el
modelo de colaboración a la colombiana que firmó el presidente Calderón el 30 de
junio del 2008 con el presidente Bush Jr. y extendida por el presidente Obama y
conocida como Iniciativa Mérida, diseñada para ofrecer cooperación con aumento

de asesores estadunidenses militares y de inteligencia y la entrega de
equipamiento en desuso. Buena parte del aumento del crimen organizado en
México fue producto del fracaso de esa Iniciativa. Este acuerdo estuvo en medio
de la ofensiva integral de todas las fuerzas de seguridad contra cárteles en
diciembre de 2006 y el Acuerdo integral de seguridad con todas las fuerzas
sociales y policías del Estado firmado en agosto de 2008 como consecuencia del
secuestro y asesinato de Fernando Martí.
En todo caso, la estrategia del gobierno de Trump radica en reactivar la
Iniciativa Mérida y la guerra contra los cárteles en México, aunque su problema
mayor es –de acuerdo con documentos de la DEA– la presencia de delegaciones
de esos cárteles mexicanos en las principales ciudades de los EE. UU. Es decir,
que el problema de la droga en los EE. UU. es interno, aunque usan lo externo
como maniobra de distracción.

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Política para dummies: La política es la capacidad de argumentación
sostenible en la realidad para encarar agresiones.

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