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El trasfondo del desorden en el partido-movimiento Morena para designar
a su nueva dirección nacional se localiza en la propuesta de construcción de un
sistema de partidos sin modificar el actual sistema político presidencialista: el fin
histórico del partido único, dominante, hegemónico y mayoritario; es decir, la
liquidación del modelo PRI.
En el escenario de Morena se deben agregar, como variables
dependientes, las decisiones que llevaron al registro de tres nuevos partidos que
girarán en la orbita del liderazgo del presidente López Obrador. A pesar de contar
con una mayoría absoluta todavía sólida y una aprobación también mayoritaria,
por directrices presidenciales Morena no repetirá las tres fases del modelo PRI:
partido callista del caudillo como poder transexenal, el partido cardenista como
poder dominante y el partido alemanista como estructura de Estado.
Una de las claves de la reorganización del sistema de partidos dentro del
sistema político se localiza en el registro legal de tres nuevos partidos con grupos
dirigentes que pululan alrededor del presidente de la república. Y ahí habrá un
reparto negociado de votos que disminuirá la fuerza de Morena: cada nuevo
partido necesitará de 3% de votos en el 2021 para mantener su registro, lo que
quiere decir que le quitarán a Morena 9 puntos porcentuales; el PT y el Partido
Verde, aun con alianzas regateadas, también, necesitaran como mínimo 3% cada

uno, con lo cual Morena ya tendría que sacrificar 15 puntos porcentuales de su
base electoral, aunque el PT y el PV tengan más de 3 puntos.
Si se reproduce el modelo de 2018, Morena repartirá votos en las
elecciones y a la hora de la composición de su mayoría en la Cámara aceptará
traslado de diputados. Pero en los hechos, la existencia de cinco partidos aliados
a Morena tendrá que contabilizar sus votos cada uno arriba de 3% para mantener
el registro.
Al final, la estrategia parece ser la de impedir la creación del modelo PRI
como partido hegemónico por los cotos políticos que implica. Por eso el presidente
López Obrador nunca aceptó la propuesta de Porfirio Muñoz Ledo de convertir a
Morena en un nuevo PRI mayoritario, porque esa estructura de partidos tiende a
cumplir la maldición de Robert Michels y convertirse en una estructura de
oligarquías excluyentes. Y el asunto se iba a complicar porque Porfirio buscaría
un partido sobre el presidente de la república.
El nuevo sistema de participación política estará en las personas, los
grupos y los movimientos y no en un partido totalizador. El presidente López
Obrador ha sido insistente en criticar las estructuras de representación partidista
que se olvidan de la gente y asume a los votantes como boletas electorales y no
como grupos sociales.
Este modelo tendrá una exigencia que hoy se cumple de manera sobrada,
pero no se tienen datos de que se mantenga el próximo sexenio: el liderazgo
personal del presidente sobre el partido y sus aliados. El próximo presidente
tendrá que gobernar con una coalición de seis partidos; Morena, PT, PES, PVEM,
Fuerza Social y Redes Progresistas. Y tampoco se prevé un Frente Amplio como
en el 2006 porque en realidad Morena es dominante y los cinco restantes son
partidos-rémora que dependen de López Obrador.
El sistema de partidos basado en una balcanización de partidos dificulta la
definición de un proyecto de gobierno, obliga a negociaciones paso a paso y
distrae a los presidentes en negociaciones menores, como se probó en Brasil. La
clave estará en que Morena pueda liderar la coalición con mínimo un 45% de los
votos y sólo necesitar 6 puntos para la mayoría absoluta.

Pero el problema radicará en los problemas previsibles para que los tres
nuevos partidos –PES, RSP y FS– en las dificultades para lograr el 3% de votos
en una competencia en que deberán garantizar una base electoral que no
dependa de López Obrador.

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EE. UU. a una semana de las elecciones. El promedio de encuestas en
los estados clave revela una disminución de la ventaja de Joe Biden respecto a
Donald Trump, al pasar de 6.5 puntos en julio pasado a menos de 4 puntos esta
semana. De los seis determinantes, Trump ha recuperado tres. O sea…

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Política para dummies: La política ya no se hace con ideas sino a partir de
la teoría de juegos.

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