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Carlos Ramírez – INDICADOR POLÍTICO: México-Biden (6). Las relaciones con los EU, de seguridad nacional 

En la época de Ronald Reagan y por la autonomía relativa de la política
exterior de México hacia las revoluciones de Centroamérica y el Caribe, la Casa
Blanca determinó desde el Comando Sur que México era el problema número
uno de seguridad nacional de los EE. UU.
Los errores estratégicos de México en el despilfarro del petróleo, el relevo
ideológico en la élite gobernante con el arribo de los tecnócratas neoliberales, los
compromisos estratégicos del Tratado de Comercio Libre y la crisis de 1995
subordinaron de manera estructural la política exterior de México a los intereses
de la Casa Blanca y fue irrelevante quien estuviera de presidente ahí y de qué
partido.
Al presidente Fox se le presentó la oportunidad histórica de redefinir las
relaciones con los ataques terroristas del 9/11 del 2001, pero hubo pánico de
poder y quedó atrapado entre Adolfo Aguilar Zínser y Jorge G. Castañeda. El
gobierno de Calderón cedió de manera ingenua el poder de seguridad nacional a
Washington a través de la subordinación en materia de narcotráfico.
La estrategia de política exterior de Donald Trump fue una sorpresa porque
abandonó los controles imperiales, apostó al fortalecimiento interno y desdeñó el
activismo geomilitar reduciendo la presencia de tropas en el exterior. Trump le
apretó las tuercas a México en materia migratoria, pero en función de los
intereses estadunidenses internos para evitar el ingreso de migrantes sin
permisos. La revisión del Tratado benefició a la economía estadunidense, aunque

sin el enfoque de control de México como lo diseñó George Bush Sr. al negociar
el acuerdo desde su óptica de seguridad nacional por haber sido director de la
CIA en 1976. A diferencia de presidentes anteriores, Trump nunca tuvo la
intención de usar a México como pieza territorial y geopolítica de su seguridad
nacional en la región iberoamericana.
Ahora viene el ciclo demócrata de Joe Biden, quien fue vicepresidente del
ciclo Obama de ocho años en la Casa Blanca. Sin pensamiento estratégico de
seguridad nacional, con una carrera burocrática eficientista e inclusive
desdeñado por Obama al negarle funciones en materia de política exterior, Biden
quedará preso en la Casa Blanca dentro del enfoque kissingeriano de paz-guerra
en función de la imposición de los intereses estadunidenses y el papel de
Washington como el factor estabilizador del equilibrio mundial.
El problema de México será el mismo de siempre: el enfoque mexicano de
seguridad nacional es más estabilizador y localista que propulsor de algún
activismo político. El modelo tercermundista de Luis Echeverría y el enfoque
petrolero timorato de López Portillo perdieron a su burocracia diplomática con la
firma del TCL y la cesión de la soberanía mexicana al paraguas de la seguridad
nacional estadunidense. Del nacionalismo revolucionario se había pasado al
modelo identificado por Lorenzo Meyer como “nacionalismo defensivo”, pero sin
asumir iniciativas o activismos relevantes.
El presidente López Obrador se entendió con Trump en el escenario de un
Trump sin pensamiento geopolítico ni estratégico militarista. Ahora viene Biden
con espacios ya acotados por los casi quinientos funcionarios y exfuncionarios de
la comunidad de inteligencia de los EE. UU. que dieron apoyo porque, dijeron, el
aislacionismo de Trump había provocado que los adversarios de los E. UU. ya no
le tuvieran temor y porque Trump abandonó la escena internacional al ruso
Vladimir Putin, al chino Xi Jinping, al coreano Kim Jong-un y a la élite iraní.
Iberoamérica y el Caribe entraron en una zona de desorden que abrió el
camino a Rusia, China, Corea del Norte e Irán, debilitando el primer círculo de
seguridad nacional de Washington. En este sentido, el kissingerismo de
seguridad nacional regresará a la Oficina Oval y tendrá a México entre sus

principales prioridades. De ahí que México esté regresando a las prioridades
estratégicas de seguridad nacional de Washington.
En este escenario hay que leer el no-reconocimiento formal del presidente
López Obrador a las cifras no oficiales electorales de la elección del pasado 3 de
noviembre. Y en este contexto se deben insertar los primeros mensajes de
seguridad nacional de Biden que estarían involucrando a México entre sus
prioridades problemáticas.

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Política para dummies: La política consiste en conocer al adversario mejor
que a ti mismo.
El contenido de esta columna es responsabilidad exclusiva del columnista y no del
periódico que la publica.

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