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Detrás de la negativa a reconocer a Joe Biden por datos estatales que no han
sido refrendados por alguna autoridad electoral y sin que aún tenga el
reconocimiento legal como presidente electo, la decisión del presidente de México
de esperar la oficialización representa un mensaje estratégico de soberanía
nacional que debiera ser leído con inteligencia por los asesores estadunidenses.
En cambio, ahora resulta que importantes sectores nacionalistas
mexicanos quieren que México se postre ante el nuevo emperador
estadunidense, lo mismo el diplomático molusco Porfirio Muñoz Ledo que
exfuncionarios que cedieron soberanía ante George Bush Jr. y Barack Obama.
Inclusive, no ha faltado quien advertía que no hay que hacer enojar a Biden
porque luego nos podría maltratar.
Sin embargo, pocos han intentado hacer una definición de la agenda de
política exterior y seguridad nacional de Biden y su enfoque de su vecino del Sur
que hasta ahora ha actuado como colchón anticrisis migratoria, ni menos aún han
intentado analizar los costos que faltan del Tratado de Comercio Libre 2.0.
Y como es de esperarse, esta clase política opinadora mexicana tampoco
ha analizado los márgenes de maniobra de la diplomacia mexicana de seguridad
nacional con los EE. UU., ni las exigencias para evitar una nueva fase de
subordinación de México a los intereses nacionales políticos, económicos y de
seguridad nacional de los EE. UU. Trump le impuso a México decisiones, pero en

la lógica estrecha de intereses concretos; Biden y la comunidad demócrata-
republicana de seguridad nacional civil, militar y privada viene por la
reconstrucción del poder imperial de la Casa Blanca que el aislacionismo de
Trump había disminuido.
La decisión del presidente López Obrador de ajustarse a la legalidad
electoral de declaración de victorias oficiales puede, en consecuencia, leerse
como una distancia soberana de los intereses de la nueva élite gobernante que
llegará al poder imperial. Biden arrastra los malos tratos y desdenes en los ocho
años de gobierno de Obama 2009-2017, de la deportación de tres millones de
migrantes hispanos –la abrumadora mayoría de mexicanos– y la falta de voluntad
política para negociar en el congreso estadunidense una nueva política migratoria,
a pesar de los compromisos dos veces asumido de una ley migratoria a cambio
de votos.
De acuerdo con una discusión demócrata de la agenda mexicana de Biden
realizada en la Universidad de Harvard hace unos días, los EE. UU. van a
apretarle las tuercas a México en comercio, respeto a inversiones, reclamos a
Palacio Nacional por reglas en Pemex y CFE y presiones para reabrir el sector
energético a las inversiones estadunidenses. Habrá iniciativas para
coinversiones entre los dos países en la zona fronteriza para aumentar el
desarrollo y reorganización de las aduanas. Y, desde luego, una mayor presión
de la Casa Blanca en materia de cárteles mexicanos que operan sin persecución
policiaca en México, con el agregado de que habría más operaciones de las
policías estadunidenses dentro de México para perseguir y atrapar a funcionarios
y políticos aliados al crimen organizado.
La clave de las relaciones México-EE. UU. fueron señaladas en Harvard
como derivadas de la fecha de reconocimiento del gobierno mexicano a los votos
a Biden revelados por los estados; en la estrategia estadunidense, México tiene
que demostrar voluntad reconociendo a Biden antes de la calificación oficial; si
esa declaratoria fuera después, entonces las relaciones de la Casa Blanca
estarán basadas en las presiones implacables del imperio.

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Tlaxcala. La elección de gobernador en Tlaxcala comienza a calentarse
por las denuncias contra la superdelegada federal en la entidad, Lorena Cuéllar
Cisneros, expriísta, experredista y ahora morenista, quien operó fondos del
programa “Jóvenes Construyendo el Futuro” con denuncias de corrupción fincadas
ante el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación, oficina que ya
informo a la Secretaría de Bienestar para las denuncias correspondientes. Por lo
pronto, la hoy diputada y sobrina del secretario particular del presidente Díaz
Ordaz, Joaquín Cisneros, no acató medidas cautelares y puede encarar
responsabilidades penales.

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Política para dummies: La política, en paráfrasis de Carroll, se juega
detrás del espejo.

El contenido de esta columna es responsabilidad exclusiva del columnista y no del
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