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Mientras casi la totalidad de los analistas y columnistas se ha desgastado en analizar la gira a EE UU sólo en los errores del presidente López Obrador en su relación con Donald Trump, casi nadie ha intentado analizar el tema central de las relaciones estratégicas de México con los EE UU que motivaron la visita: el Tratado de Comercio Libre reformado, sus exigencias políticas, sociales y sobre todo sistémicas y cómo la 4-T quedó rebasada y sin funcionalidad.

Si el motivo central del viaje presidencial a Washington fue agradecerle al presidente Trump los apoyos para el Tratado, cuando menos tres puntos mostraron que en realidad Palacio Nacional no tiene interés en el TCL 2.0: el colapso de las cadenas productivas mexicanas por el frenó económico que disminuirá más la decreciente participación de productos mexicanos en la exportación, la marginación de los verdaderos empresarios vinculados al Tratado porque no deslumbran con sus apellidos del nuevo bloque de poder y las reformas al sistema político priísta-morenista que tiene que hacer el gobierno mexicano actual para terminar con la estructura productiva como aparato de poder del presidencialismo autoritario.

La parte más importante ha sido el descuido gubernamental en el Tratado. Se desprotegieron cadenas productivas durante la pandemia, nunca se hizo un diagnóstico de las empresas mexicanas clave en el Tratado, la 4-T cometió el mismo error del gobierno de Salinas de Gortari que firmó el Tratado: nunca ha pensado en la presentación de un nuevo modelo de desarrollo industrial, agropecuario, tecnológico, científico y de desburocratización del sector exportador. Por tanto, el escenario de la 4-T será el mismo del ciclo económico salinista: promedio anual de 2% de PIB en los próximos años, ante una necesidad mínima de 4% y reconfiguración de México como denigrante economía maquiladora. Sin petróleo, el componente mexicano en los productos de exportación es de apenas 27%, contra 53% en 1993.

En un análisis de lo que falta por hacer, el especialista Arnulfo R. Gómez señala deficiencias: “no hay una estrategia de competitividad, de fomento, de promoción de las exportaciones, ni de inversión extranjera con programas, proyectos y políticas públicas realistas que incidan favorablemente en el desarrollo económico de México”. ¿La razón? A pesar de que el Tratado reformado con Trump generó muchas declaraciones, “la mayor parte de los funcionarios (mexicanos) encargados de diseñar la estrategia de comercio exterior son improvisados, burócratas habilitados como expertos en comercio exterior”.

En la frialdad de los hechos, el presidente López Obrador espera que en automático la ratificación de las reformas al Tratado –no fue un nuevo Tratado– reactiven la actividad económica y aumenten el PIB a una meta de 4% promedio anual o más. Por ello llevó a su reunión con Trump a empresarios que nada tienen que ver con el Tratado –Carlos Slim, Ricardo Salinas Pliego y Emilio Azcárraga– y haya desdeñado a empresarios que han catapultado exportaciones en tres ramos clave: aguacate, cerveza y refrigeradores.

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Sin reconversión industrial, dinamismo agropecuario, seguridad en zonas sensibles a producción para el Tratado, sin una estrategia, programa y plan urgente de competitividad, programas educativos tecnológicos agresivos, sin institutos de investigación para la producción y sin una reorganización total del sector público para la exportación, el TCL 2.0 se le pudrirá a la 4-T.

El TCL 2.0 de Peña Nieto-AMLO no entendió el fracaso del TCL 1.0 de Salinas: potenciar el comercio exterior multiplicándolo por 10, pero logrando en los hechos un tercio de PIB promedio (2% promedio anual), contra el 6% de los años dorados del populismo 1934-1982. El enfoque neoliberal de Salinas llegó al Tratado sólo para la reconfiguración económica internacional del capitalismo y la subordinación de México a las necesidades de los EE UU y Canadá. De haber tenido un enfoque estratégico, en 1993 como ahora, los dos Tratados, debieron haber fijado en el centro de sus negociaciones un nuevo modelo de desarrollo con crecientes grados de competitividad, y no entregar la economía a las grandes potencias.

Al final, el TCL 2.0 es el TCL 1.0… revolcado.

 

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Política para dummies: Al final, la economía es política pura.

 

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