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Carlos Ramírez – INDICADOR POLÍTICO: Cárteles no son terroristas sino proveedores de droga de EE. UU.

Antes de decidir la caracterización de terroristas para los cárteles mexicanos del narcotráfico que operan con impunidad dentro de los EE. UU., el presidente Trump debe redefinir su enfoque de terrorismo porque la Estrategia Nacional Contraterrorista de octubre de 2018 sólo contempla como terroristas a los grupos islámicos radicales que quieren venganza por los daños de la política exterior imperial de la Casa Blanca en el Medio Oriente.

De acuerdo con los postulados de la Estrategia, en realidad no se encuentran espacios para calificar a los narcos como terroristas porque la violencia de los cárteles no tiene como objetivo –en realidad no sabe qué es eso– la destrucción de la estructura de poder imperial del sistema social estadunidense.

Peor aún: a pesar de que los cárteles mexicanos aparecen hoy como demonios a exorcizar por los estrategas de la seguridad nacional estadunidenses, esos grupos mexicanos son los que siembran droga y la entregan en la frontera norte del lado estadunidense para satisfacer las necesidades de los adictos dependientes y de los consumidores no regulares. Sin la droga en mercado y sin precios bajos, los adictos ya hubieran reventado motines incontrolables de violencia.

En este sentido, los cárteles mexicanos de ningún modo quieren destruir la estructura de poder y el sistema social de los EE. UU., sino que aparecen como los proveedores de droga que mantienen la estabilidad en las zonas pobres donde son altas las cifras de consumo y por tanto colaboran con el sistema social vigente.

El terrorismo islámico, en cambio, quiere destruir la estructura imperial de poder y el sistema social que vive del dominio imperial militar de los EE. UU. en el mundo y que se dedica a imponer medidas de exacción que empobrecen a naciones poseedoras de recursos naturales.

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En todo caso, el temor estadunidense radica en la posibilidad de que terroristas islámicos radicales quieran aprovechar las rutas de contrabando de personas de México hacia el territorio de los EE. UU., porque los traficantes de droga se preocupan sólo por pasar la frontera con paquetes y no con personas. Es decir, los polleros podrían ser el vehículo de ingreso de posibles terroristas radicales a los EE. UU.

La Estrategia Nacional Antiterrorista del gobierno de Trump no menciona para nada a los cárteles mexicanos ni a los polleros. El documento refiere que “nuestros principales enemigos terroristas son los grupos terroristas islámicos radicales que buscan realizar ataques a nivel mundial, violar nuestras fronteras y radicalizar y reclutar a extremistas potenciales dentro de los EE. UU. y en el extranjero”.

Para la estrategia antiterrorista de Trump, el principal enemigo terrorista es Irán como patrocinador de grupos y acciones. Es decir, la guerra terrorista tiene cuando menos cuatro características: es de sistema productivo, de disputa de recursos naturales y sobre todo petróleo, se cobija con la religión entre fanáticos e infieles y se basa en la venganza islámica contra los daños provocados por las guerras estadunidenses de ocupación en el Medio Oriente en función de su papel como policía capitalista del mundo.

La tesis central de la estrategia antiterrorista de Trump nada tiene que ver, pues, con los narcos que proveen droga a los consumidores estadunidenses. Dice el documento de Trump:

“Continuamos enfrentando amenazas de Irán, el principal patrocinador estatal del terrorismo, a través de su red global de operativos y su continuo apoyo a una variedad de grupos terroristas. Los terroristas motivados por otras formas de extremismo también usan la violencia para amenazar a la patria y desafiar los intereses de los Estados Unidos. Estas amenazas terroristas son diferentes en muchos aspectos, pero todas buscan usar la violencia para socavar a los Estados Unidos e interrumpir el estilo de vida estadounidense.

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“Desde el 11 de septiembre de 2001, hemos aprendido que ganar la guerra contra el terrorismo requiere que nuestro país persiga agresivamente a los terroristas. Sin embargo, también hemos aprendido que debemos hacer más que simplemente matar o capturar terroristas. Debemos desmantelar las redes de terroristas y cortar las fuentes de fuerza y ​​apoyo que los sostienen, que les permiten regenerarse y que les permiten adaptarse. Para asegurar una victoria duradera, también debemos mantener suficiente presión sobre las organizaciones terroristas para evitar que vuelvan a surgir.”

Si el terrorismo se define vis a vis la estructura imperial de poder de los EE. UU. y su sistema social, entonces los cárteles mexicanos son los principales aliados de los EE. UU. porque subsidian la estabilidad social con droga para los consumidores.

 

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