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El primer discurso de presentación de la senadora Kamala Harris como candidata demócrata a la vicepresidencia de los EE UU en nada se diferenció del modelo republicano de administración del imperio estadounidense. Pero los votantes y muchos de los analistas extranjeros siguen pensado en la existencia de un imperialismo bueno: Trump es el imperialista atrabancado y Biden-Harris son imperialistas misericordiosos, pero los dos son imperialistas.

Lo que se vota en cada elección presidencial es el estilo de los candidatos y en él de manera sobresaliente el discurso. Pero en el fondo, todos los políticos estadounidenses han llegado a los diferentes niveles del Estado para mantener el american way of life o modo de vida estadounidense. El confort y la riqueza son producto del modelo imperial de expoliación interna y de otras naciones.

La diferencia entre Trump y Obama, por ejemplo, es de imagen; el primero es grosero, arrogante, racista, irrespetuoso; el segundo ofreció indicios de humildad al saludar a un empleado de limpieza de la Casa Blanca o a un marine de su guardia de escolta. Pero los dos, como todos los presidentes anteriores, garantizaron el funcionamiento militar imperial, desde Corea a mediados del siglo pasado hasta ahora en el medio oriente.

Obama prometió regularizar a los hispanos ilegales y se olvidó de la promesa, y hoy Biden dice que sí les otorgará estatus oficial legal. Sin embargo, la decisión le toca al Congreso y no a la presidencia y de todos modos tampoco se cumplió el compromiso con una mayoría demócrata en la cámara baja. La guerra de Bush Jr. contra Irak basada en inteligencia falsa de Inglaterra y la CIA fue aprobada por los entonces senadores Barack Obama y Hillary Clinton porque respondía a los intereses del imperio.

Los presidentes de los EE UU son titulares del poder ejecutivo del Estado de Seguridad Nacional. Es decir, la principal función de la Casa Blanca y de sus habitantes es la de mantener la centralidad estadunidenses en el mundo y someter a todas las naciones a las necesidades de los estadounidenses, incluyendo a los que votan liberales y los que apoyaron al socialista Bernie Sanders. La seguridad nacional estadounidense es el bienestar del 70% de los estadounidenses que disfrutan de los placeres del capitalismo.

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El gran enigma no resuelto en la política estadounidense sigue latente: explicar porque el racista, imprudente, atrabiliario y atrabancado Donald Trump ganó las elecciones del 2016 si Hillary Clinton representaba la herencia moral, social y de imagen de Obama. El voto hizo pasar a los EE UU del día a la noche. Un intento de explicación radica en el voto del estadounidense resentido contra el Estado, contra la burocracia y contra los políticos, y hoy Biden y Harris representan ese perfil que fue repudiado hace cuatro años.

Lo que los habitantes del mundo deben entender radica en el hecho de que no hay imperialismo malo ni imperialismo bueno, sino que existe una sola categoría de funcionamiento determinista de los EE UU: el imperialismo expoliador que vive de la exacción de recursos de naciones y ciudadanos pobres. Todavía hay personas fuera de los EE UU que añoran a Obama, pero sin aportar ni un solo dato que probara que hizo algún programa social para los pobres. El entusiasmo de 2008 por la victoria de Obama se convirtió en resentimiento social en el 2016.

Trump y Biden ya dejaron claro que la salida de la crisis económica y social de los EE UU pasará por la exacerbación de la explotación comercial y racial de otras naciones. Los demócratas liberales en el Congreso avalaron las reformas al Tratado Comercial con México de Trump porque beneficiaban a los EE UU y sometían más la economía mexicana a las exigencias de la economía estadounidense. La mayor deportación de mexicanos ocurrió no con Trump, sino en los dos periodos de Obama.

El enfoque analítico mexicano sobre las elecciones estadunidenses debiera de salirse de la dialéctica buenos/malos y centrarse en la racionalidad de la dinámica de explotación económica. La sociedad estadounidense, bases y élites, se mueve por tres resortes: la codicia, la competencia y la expoliación. Si Biden y Harris ganan las elecciones, gobernarán con menos groserías y más urbanidad, pero con los mismos objetivos de explotación económica y de dominio militar y sin modificar la estructura interna de desigualdad social que quita a los muchos para mantener a los pocos.

 

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Política para dummies: La política es el ejercicio del poder y el poder es la dominación del otro.

 

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