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Columnistas

ADRIANA MORENO CORDERO – LA RETAGUARDIA: En informe, López Obrador reconstruye AMLOlandia; espejismos, promesas de

¿Cómo se puede calificar a un presidente que como Andrés Manuel López Obrador, en su
enésimo informe, haya puesto por delante a su ego así como sus personales intereses? En
el Patio de Honor de Palacio Nacional, solo él y su alma por razones obvias, el mandatario
se dedicó, -durante casi una hora-, a reconstruir a AMLOlandia, espejismo que ha sido
duramente criticado y que por cierto ha terminado por convertirse en factor principal de
desencanto de los que cada vez más y día con día, se arrepienten de haber votado por el
tabasqueño y su llamada cuarta transformación, que también resultó un espejismo y un
fracaso total.
Después de haber hecho un insistente recuento de sus tan llevados y traídos programas
sociales y subrayar que no desaparecerán, porque eso, indudablemente le restaría
muchos votos; más de los que ya ha perdido por no saber manejar la pandemia del Covid-
19, ahí están sus bajos índices de popularidad y sin poder escuchar aplausos y las arengas
de grandes concentraciones, López Obrador señaló que el Plan de Reactivación
Económica que propuso “no se ajusta al modelo neoliberal”.
Entonces, ¿para qué propuso la víspera de este informe trimestral una tregua por la
pandemia del coronavirus y es el primero en no cumplirla?
Bueno, el objetivo era seguir alimentando su ego, aunque fuera en solitario, así que luego
de señalar que, “estamos haciendo hasta lo imposible para mantener el compromiso de
no aumentar la deuda pública” reiteró que seguirá en marcha lo que podríamos que
calificar como sus obsesiones: el aeropuerto de Santa Lucía; la rehabilitación de las seis
refinerías y la construcción de la de Dos Bocas en Paraíso Tabasco y, desde luego, hizo
énfasis en que a finales de abril se supone que se firmará la construcción del último tramo
del tren Maya. Y la pregunta es ¿llegará?, o, ¿acaso por su propia cuenta el tabasqueño
decretará que se acabó la pandemia del Covid-19, que ya no está dispuesto que siga
obstaculizando sus tan anhelados proyectos?
Ya encarrerado con el recurso más utilizado por él mismo, de culpar al pasado de todo lo
malo, el presidente aseguró que las medidas contra-cíclicas solo profundizan la
desigualdad y reiteró que su programa de recuperación, comprende la suma de tres
elementos básicos: mayor inversión pública para el desarrollo económico y social, empleo
pleno, así como austeridad y honestidad republicana. “Nada nos hará regresar al pasado”.
Siempre haciendo hincapié en que vivimos en México una “crisis transitoria” (habría que
recordarle al tabasqueño que absolutamente todas las crisis son transitorias y no

permanentes), también optó por irse por lo superfluo, digamos, más promesas de
campaña porque nadie le ha avisado que ya terminó la suya, 18 años después.
“Estoy seguro que muy pronto voy a convocar al pueblo de México a darnos abrazos a las
principales Plazas Públicas del país,… sin miedos ni temores para seguir siendo nuestro
pueblo de México, digno y feliz”. Pues dado su propio ejemplo, también debería de
convocar a ese tan llevado y traído pueblo “bueno y sabio” a darse mordidas en las
mejillas.
Sin dejar de regodearse en su ego, el presidente aseguró que su gobierno “informa a
diario y no necesita hacer propaganda”, (¡qué bueno que avisa), porque confía más en la
inteligencia y sensatez “de nuestro pueblo”.
Subestimando abiertamente la pandemia del Covid-19 y privilegiando sus programas
sociales “y el desarrollo promovido por el gobierno”, anunció que este año llegará a 22
millones de beneficiarios. “De igual forma se otorgarán 2 millones 100 mil créditos
personales para vivienda al sector informal y formal de la economía” y que se crearán en
nueve meses “dos millones de nuevos empleos”. ¿Será? Agregó que “en estos hechos y
acciones baso mi optimismo, además puedo demostrar que a la mitad de los hogares del
país ya está llegando al menos un programa de bienestar y que el 95% de las familias
pobres de México están recibiendo por lo menos un apoyo”.
Otra de sus promesas de campaña fue que “el 1 de diciembre podré decir que todos los
pobres de México ya cuentan con el amparo del gobierno que represento y de la acción
solidaria que es México”.
También fueron objeto de su desdén los empresarios y los banqueros. Cuando anunció
que no aumentarán impuestos ni se crearán nuevos y se devolverá el IVA con prontitud “a
los contribuyentes como me lo han solicitado los representantes del sector empresarial”,
se adjudicó toda acción de recuperación económica, “a partir de aumentar la inversión
pública para creación de empleos y otorgar créditos a pequeñas empresas familiares, … no
los vamos a dejar en el desamparo”.
Como ya se anotó, López Obrador le dio su “raspón” a los empresarios al señalar que “a
diferencia de otras épocas, ahora es el gobierno el que se está apretando el cinturón,
terminando de desterrar la corrupción; acabando con lujo y ostentaciones para seguir
regenerando la vida pública”
Aún con lo anterior, el Ejecutivo se atrevió a afirmar que cuenta con el apoyo del sector
privado nacional. ¿Será? “Reconozco lo que hicieron los banqueros de México que
decidieron dar una prórroga de seis meses”, a sus clientes. Aquí la pregunta es ¿y por qué
no aprende él de ese ejemplo?
No sin un dejo de desprecio, el presidente agradeció a todos los empresarios “que han
acatado las indicaciones de parar sus actividades económicas no esenciales, manteniendo

el empleo, los sueldos y las prestaciones a sus trabajadores. Están demostrando muchos
empresarios su humanismo, su dimensión social”.
Sin olvidar la reunión que sostuvo el tabasqueño con los empresarios en Palacio Nacional,
donde después de casi cinco horas, éstos últimos salieron más que enojados, el Ejecutivo
tendría que recordar que no basta una “palmadita” en el hombro, sino apoyos, como se
ha hecho en prácticamente todo el mundo. En este orden de ideas, habrá que esperar a la
reunión que sostengan de nueva cuenta el ya próximo 15 de abril, donde los empresarios
ya no están dispuestos a aguantar más.
Casi al final de su discurso, López Obrador reiteró que pese a las adversidades “no se
detendrá la transformación de México; son más nuestras fortalezas… que quienes
apuestan al retroceso. Pronto regresará la normalidad, venceremos al coronavirus y
México seguirá de pie mostrando al mundo su gloria y su grandeza”. Puros buenos deseos.
MUNICIONES
“Cuando el río suena, es que agua lleva”, dice un refrán y no solo por las redes, se habla
de que habrá movimientos en el gabinete de esta llamada cuarta transformación. Marcelo
Ebrard llegaría a la Segob; Olga Sánchez Cordero se iría a la SRE; Arturo Herrera
presentaría su renuncia con fecha 30 de abril a la secretaría de Hacienda y llegaría en su
lugar Raquel Buenrostro, quien no tiene en la lealtad su mejor cualidad, al contrario.
morcora@gmail.com

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