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Columnistas

Miguel Ángel Sánchez de Armas – JUEGO DE OJOS: 9 días de junio

“Durante nueve días tuvo el dedo en el gatillo listo a disparar. Durante nueve días
arrinconó al borde del colapso a dos naciones, a industrias multinacionales, a
consumidores y trabajadores e incluso a sus propios consejeros y aliados
republicanos, aterrorizados por las consecuencias de poner miles de millones de
dólares en la cuerda floja”, escribe Peter Baker en el New York Times al analizar el
más reciente de los sainetes del poderoso e inefable enfant terrible con el que
tenemos que lidiar día con día.
Baker, con más resignación que sorpresa, reseña el drama de los aranceles
a México -aparecido de la nada y extinguido abruptamente. Estos nueve días de
primavera, dice, son un caso de estudio sobre la manera en que Trump enfrenta
los embrollados asuntos que desafían a su presidencia y a su país: dramas de su
propia confección, en donde él es, por supuesto, el héroe.
Con ánimo parecido, desde la academia, Lorenzo Meyer concede, en El
Universal, que si bien se logró evitar las tarifas, no escapamos a la humillación. Y
luego de desmenuzar concienzudamente los pormenores del affaire, descubre el
hilo negro: Estados Unidos no es un vecino confiable.
Me hubiera preguntado. Hace algunos años escribí aquí mismo que los
gringos dieron con un Gran Satán a quien culpar del cáncer que corroe las
entrañas de su país: le pusieron sombrero charro, botines, chaquetilla, bigote y
nombre: The Mexican Threat.
A mediados de marzo, el primer yerno Yared Kushner visitó la CdMx. El
presidente de la República lo fue a visitar al domicilio particular de un empresario
privado y nadie supo realmente de qué hablaron. Algún malévolo columnista
insinuó que llegó para amansar a los levantiscos greasers y comprobar que los
nativos amistosos se comportan como quiere su augusto suegro. Pero no hay que
dar crédito a esos chismes.
Yo, que soy cristiano viejo y discípulo de Santayana, sostengo que bien
harían nuestros dirigentes en aplicarse al estudio de la historia de las relaciones

Juego de ojos
Miguel Ángel Sánchez de Armas

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México-USA, no para esparcir culpas o exigir reparaciones, sino para entender lo
que los liberales del siglo XIX nunca perdieron de vista: el país que proclama la
igualdad de todos los hombres [blancos] y el derecho [de los blancos] a la libertad
y a la felicidad, fue y sigue siendo un gran peligro para México.
De Fray Servando Teresa de Mier, José Manuel Zozaya, José María Luis
Mora y otros, tenemos admoniciones y advertencias sobre el riesgo de vivir
frontera de por medio con la potencia imperial.
Zozaya, el enviado extraordinario y plenipotenciario de Iturbide en Estados
Unidos, reportó el 26 de diciembre de 1822: “La soberbia de estos republicanos no
les permite vernos como iguales sino como inferiores; su envanecimiento se
extiende en mi juicio a creer que su Capital lo será de todas las Américas”.
La conducta de “esos republicanos” está grabada en su ADN imperialista.
En 1798 Rufus King y John Trumbull se confabularon con el general venezolano
Francisco de Miranda para que George Washington liberara a México del yugo
gachupín y promulgara una constitución “de pureza semejante a la británica, a
cargo de los herederos de Moctezuma”. Pero el “Padre de la patria” [gringa]
declinó el honor y todo quedó en un sueño guajiro.
En un artículo en Harper’s Magazine de junio de 1937, juguetonamente
titulado “El mexicano indomable”, el historiador Hubert Herring explicó lo que todo
gringo sabe de los mexicanos: “Son bandidos, andan empistolados, hacen el amor
a la luz de la luna, comen picoso y beben fuerte; son flojos, son comunistas, son
ateos, viven en chozas de adobe y tocan la guitarra el día entero. Y algo más que
todo gringo nace sabiendo: que está por encima de cualquier mexicano”.
Herring se cobijó en su conocido sentido del humor, pero otros se tomaban
muy en serio la “superioridad” yanqui, como el profe de Yale Samuel Flagg Bemis
-dos veces premio Pulitzer y presidente de la Sociedad Histórica- quien a los
cuatro vientos pedía expropiar la apetitosa bodega de recursos naturales llamada
México, país al que los gringos, en su augusta opinión, dispensaban “una
tolerancia galiléica”.
El 31 de diciembre de 1926, el teniente coronel Edward Davis, agregado
militar en la embajada de EUA en México, cursó un informe en donde asienta: “es

Juego de ojos
Miguel Ángel Sánchez de Armas

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natural que el hombre blanco sea visto con algo de antipatía, pero si los
mexicanos alguna vez tuvieran la bendición de una intervención y administración
[yanqui] el supuesto odio encarnizado hacia los [gringos] se disolvería en una
comedia… México tiene escasa -si alguna- esperanza de convertirse en un
miembro autosuficiente y respetado de la comunidad de naciones”.
Ignoro si el tal Edwards regurgitó en Washington su antimexicanismo, pero
al año siguiente, 1927, la Casa Blanca actualizó un siniestro “Plan de guerra
verde”, para invadir a México en caso necesario, que a la letra dice: "El propósito
de este plan es el uso de las fuerzas armadas de Estados Unidos para derrocar el
gobierno federal existente en México, y controlar la Ciudad de México hasta que
un gobierno satisfactorio para los Estados Unidos, sea implantado". Esta
estrategia estuvo viva hasta 1939, fue desclasificada en 1974 y hoy los espías, los
historiadores metiches como el autor de esta columna e incluso nuestros
funcionarios federales, la pueden fotocopiar a un costo de 15 céntimos la hoja:
señores, una consulta muy formativa para quienes incursionan en la geopolítica.
Diego Fernández de Ceballos llamó “orate” al señor presidente gringo y no
soy nadie para contradecir a tan distinguido jurista. Lo que me consta es que Mr.
Trump es heredero en línea directa de esos “republicanos” tan certeramente
aquilatados por Zozaya hace 197 años.
Hasta la era trumpiana, en eso de parlamentar con los otros nadie había
superado a Carlos I, quien hablaba español con Dios, italiano con las mujeres,
francés con los hombres y alemán con su caballo. Hoy otro poderoso monarca
insulta a su patio trasero… en tuitano.
La lumbre le debe estar llegando a los aparejos a Mr. Trump. Cada día tiene
más detractores e investigaciones en casa y en el Midwest se otea la revolución
de sus rednecks que comienzan a sufrir la venganza china por la guerra de
aranceles… y podrían también padecer la nuestra si los nativos amistosos
perdieran el miedo y tuvieran claro el camino. Pero no hay viento favorable para
quien no sabe a donde navega.

9 de junio de 2019

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