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Economía

¿Por qué nos da pena entrar a una sex shop?

¿Desde cuándo el sexo se convirtió en un tabú? ¿Por qué el uso de juguetes sexuales y productos relacionados a la sexualidad son motivo de incomodidad? Un encuentro erótico está destinado al territorio de la intimidad, pero esto no debe significar que asumirnos como seres sexuales sea motivo de pena.

La sexualidad es un elemento inherente a la naturaleza humana, sin embargo, en un gran número de círculos sociales es considerado un tema bochornoso o incluso inmoral. Pero contrario a ello, una vida sexual plena conlleva múltiples ventajas y beneficios para las personas, que se reflejan en factores que van de la salud general hasta el equilibrio emocional y el fortalecimiento de lazos entre las parejas. Los juguetes para adultos pueden ser parte de una vida sexual plena y placentera, capaces de renovar cada encuentro en pareja e intensificar las sensaciones placenteras.

Sin embargo, entrar en una sex shop parece ser uno de los tantos tabúes que rodean el libre ejercicio del sexo, afirman los expertos de Eloise, sex shop online que además se enfoca a la creación de una cultura de apertura respecto a los temas que rodean el sexo y sus diferentes expresiones.

Entre las fantasías de la gente se encuentran experimentar con distintas prácticas y productos como vibradores y disfraces, pero un gran número de personas dejan esta idea de lado ante la incomodidad de enfrentarse en persona a un vendedor y exponer sus deseos, afirma la gente de Eloise.

Otro de los factores que disuaden a hombres y mujeres de aventurarse a este tipo de experiencias, es el desconocimiento de  los productos y la gran variedad de estos, así como la pena de hablar con su pareja sobre el deseo de usarlos. Por ello, en Eloise destacan la necesidad de crear proyectos que brinden discreción total, no solo para realizar una compra, sino para resolver de manera confiable y abierta las dudas de las personas, así como, orientarlas para cumplir sus deseos. Pero más allá de todo esto, la gente debe transitar a una cultura donde entrar a una sex shop sea tan natural, como acudir a una farmacia o al súper mercado, y en dónde el sexo se reconozca como parte de nuestras necesidades y derechos básicos.

 

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